El vídeo de la declaración de Morchón: «Un ataúd me cuesta cien euros, ¿para qué voy a cambiarlo?»

Ignacio Morchón Alonso, durante su declaración del pasado día 2 de febrero.

El fundador del Grupo El Salvador explicó a la jueza que los 932.000 euros hallados en su casa eran los «ahorros» de toda su vida laboral

M. J. PASCUAL/A. G. E.Valladolid

Ignacio Morchón tiene claro que cambiar féretros no es negocio. Así se lo dijo a la jueza durante su declaración del pasado 2 de febrero, cuando se decretó su ingreso en prisión sin fianza por el presunto fraude de los ataúdes en el tanatorio de El Salvador. «Si no merece ni la pena. Si un ataúd ahora mismo a mí me cuesta 100 euros. Para qué quiero yo el ataúd. Si lo tenía que tirar, si ese ataúd se quemaba. Ahora, si costara un ataúd veinte mil euros... Pero vamos, un ataúd que vale cien euros voy a cambiarlo yo...», explicaba muy gráficamente el fundador de este grupo empresarial.

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Un argumento que su hijo, Ignacio Morchón Vaquero, ya había utilizado anteriormente en su propia declaración. «¿Cuánto vale un féretro? Cien euros. 110 hace poco. Han bajado. ¿Usted cree que puede una persona preparar un féretro...? En los enterramientos en la sepultura, donde puedo ganar algo es ahí. No me voy a complicar la vida», decía.

Al hijo se le preguntó también por el testimonio de una extrabajadora que aseguró que había visto utilizar tres veces un modelo «de 12.000 euros», del que se acordaba, dijo, porque era especial. «La caja más cara nos cuesta 600-700 euros y tiene unos 3.000 de precio de venta al público. [...] En la vida hemos vendido [cajas de 10.000 ó 12.000 euros]», aseguró.

Las preguntas de la acusación buscaban desvelar el 'modus operandi' de la organización basándose en los informes policiales, que a su vez tenían como primer cimiento los cuadernos y fotografías de un exmpleado condenado por extorsión. Así, se interrogó a Ignacio Morchón Alonso por el número de ataúdes que compraba y que tenía en el almacén. «Ahora mismo me han dicho que iba a subir [el precio de los féretros] y tenía preparado con una señora que trae ataúdes de China, tenía apalabrado con ella unos 800 ataúdes. Ya me ha servido 400. En mi casa –que es como se refiere en todo momento a la empresa– habrá unos 1.200 ó 1.300 ataúdes ahora mismo. Ahí están los ataúdes que he comprado todos los años y los muertos que he enterrado», señalaba.

Le cuestionaron por la intermediación que realizaba un proveedor entre Parque El Salvador y otros fabricantes de féretros que también eran, a su vez, proveedores del tanatorio y de la Agencia Funeraria Castellana. «Nosotros no podemos tener solo un modelo y unas fábricas trabajan con una clase de ataúd, más caro o más barato, cada una trabaja de una forma y tienes que dar gusto al cliente. A V. me parece que las últimas cajas que se le compraron fueron una cajas que casualmente las reparó en mi casa, que eran de una fábrica de Valencia que cerró, tampoco sé mucho, y él las compró, las trajo y nos las arregló y nos las vendió», explicó el dueño del grupo de pompas fúnebres. Su hijo abundó en el mismo argumento. «Se hizo una compra o una venta de ataúdes, que no me acuerdo de qué empresa, que las compró V., las reparó en el tanatorio nuestro y nos las revendió reparadas por él. Eran sin terminar. Y nosotros no tenemos personal para hacer esas cosas. Él no tenía ya nave como tal, dijo ¿me dejas las instalaciones? Sí. ¿Puedo trabajar aquí? Vale. ¿Cuánto valen estas cajas? Tanto. No sé el dinero que costó porque fue un negocio entre mi padre y él».

Los investigadores parecen buscar el origen del dinero de la familia, especialmente de los 932.000 euros en metálico que se encontraron en el domicilio de Morchón Alonso. Algo que el cabeza de familia justificó por su aversión a los bancos. «Mire usted, yo llevo trabajando desde los 14 años, tenía un sueldo asignado en mi empresa de cuatrocientas y pico mil pesetas, mi mujer tiene otro sueldo de otras cuatrocientas mil. [...] Son todos mis ahorros de mi vida hasta ahora, que es lo único que hecho, trabajar. Trabajar. [...] Porque lo he guardado siempre en casa. Me daban más miedo los bancos. Si hubiera metido el dinero ese por ejemplo cuando lo de los sellos [la estafa piramidal de FórumFilatélico], lo habría perdido. Y tenía amigos que me decían 'tú tienes cuatro duros, Morchón, mételos aquí'. [Ese dinero es] mío, de mi vida».

Obra de un resentido

Ambos trataron de culpabilizar de cualquier irregularidad al exempleado resentido, condenado por chantaje. «Que muestre con quién lo hacía. Yo no soy sabedor de eso.Jamás le he mandado a ese señor hacer nada de eso. Jamás. Ni lo he visto hacer nunca ni me lo ha comentado nadie», retó Ignacio Morchón Alonso.Su hijo, mientras, admitió que había visto «un montón de fotografías de este señor». Y explicó, en primer lugar, cómo se realiza el proceso de incineración en El Salvador. «El señor que sube con el difunto le ayuda al que está incinerando a introducir el cuerpo y se cierra. Y ahí acaba la labor del señor que sube con el cadáver. Lo que pasa después solo lo sabe el que está a cargo de la incineración. Sigo dándole vueltas, esto nos ha llevado a un disgusto terrible. Nosotros obligábamos a todos los que entre comillas llevan el horno crematorio, para que tardara menos, a precalentarlo. Que no haya que enceder motores nada más que llegue la incineración. Si llegas en el momento en que se sube un féretro ya están los quemadores encendidos. Tampoco tiene nada que ver este horno con el otro, es más antiguo, tiene 25 años, casi no se utiliza. Lo que sé, que le estoy dando vueltas a la cabeza, es que este hombre ha hecho las fotos cuando ya se han ido».

A este respecto, señaló que el exempleado «tenía todo el tiempo del mundo para hacerlo. En el momento en que mis empleados se van y han introducido el féretro.. .Siempre el crematorio está apagado. Si se da cuenta, en todas las fotos de Justo [está apagado]», señaló.