Prendas para el otoño. Conflicto y crisis ante el ropero

Salir por la mañana a trabajar significa el primer combate frente a las dos preguntas clave del 'outfit' otoñal: ¿Cómo hace? Y, sobre todo, ¿qué me pongo?

Vicente Díez Llamas
VICENTE DÍEZ LLAMASValladolid

El cambio de tiempo amenaza nuestra rutina y la de nuestros armarios ante los que se avecina una mudanza de vestuario inminente y pesada acuciada por el paso de una estación a otra. Son días de fuertes picos y distancias exageradas entre los ocho o diez grados de la amanecida y los más de veinticinco a la hora de la siesta. Una noria de temperaturas entre la mañana y la noche que no pueden combatirse desde la nostalgia del verano ni con la cercanía confidente del plumas en el maletero del coche.

A los muchos que compartís estas sensaciones y os afectan en cuanto a la vestimenta diaria, he de deciros que no hay mejor secreto que el de la rebeca al hombro que dijeran nuestras abuelas. Aunque esa rebeca pueda cobrar forma en nuestro agitado tiempo actual por otras soluciones intermedias más actuales y menos adustas que el punto y la lana.

Salir por la mañana a trabajar significa el primer combate frente a las dos preguntas clave del 'outfit' otoñal: ¿Cómo hace? Y, sobre todo, ¿qué me pongo? Ante las dudas repetitivas que la mayoría de los mortales nos hacemos podemos optar por resolver con 'lo mismo de ayer' o una oración a San Judas Tadeo ante el advenimiento del próximo resfriado. Para que ese reto no se convierta en una prueba insuperable y arriesgada, el entretiempo puede combatirse con el mejor de los aliados de la moda: el algodón. Polos, camisas y vestidos que pueden ir acompañados de una capa de protección como un jersey, sudadera o chaquetas más livianas y frescas. Según los entendidos es el momento de vestir por capas (también denominado como ´layering´) de tal forma que podamos acompañar nuestro 'look' con una prenda de apoyo -o varias- de las cuales podamos despojarnos en un momento determinado del día.

El otoño es un tiempo de desencuentro por las primeras noches auténticamente frías del curso postvacacional por lo que ante las salidas nocturnas conviene desenterrar de nuestros armarios y cajones aquellos elementos que desechamos por finos o inconsistentes a lo largo del año. Bombers, cardigans, chaquetas vaqueras o militares, poleras de manga larga o francesa y vestidos camiseros, más habituales en el sur de la península por motivos de su clima, pero perfectamente compatibles con los primeros idus de octubre en los que el frío se transforma en desagradable si no vamos suficientemente abrigados. Los estampados british y los tonos claros -en homenaje a la estación recién abandonada- no están de más estos días como conjura intangible frente a los ocasos tempraneros.

Otra apuesta de este período para la informalidad son las sudaderas con leyenda y las chaquetas deportivas de cremallera acompañadas de un pantalón vaquero al que podemos dar varias vueltas con la finalidad de lucir el último moreno refugiado en los tobillos. Es importante retrasar el uso de medias y calcetines de lycra, especialmente indigestos en días calurosos y nada recomendables en el uso de sandalias, y zapatos abiertos o plataformas que tanto afean al acompañar los pies femeninos por recubrimientos innecesarios.

Capas y capas que nos recubran de comodidad y permitan la flexibilidad y polivalencia de nuestra imagen en diferentes contextos, sin ataduras textiles y con los básicos como referencias eternas que podrán solventar cualquier eventualidad climática, sin miedo a las previsiones y cambios tan inestables y típicos de este momento de cambio, sin definición ajustada de lo que es el verdadero frío y el auténtico calor.

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