La música en la obra de Jesús González de la Torre

Algunos de los cuadros expuestos en la Casa de la Lectura. /Óscar Costa
Algunos de los cuadros expuestos en la Casa de la Lectura. / Óscar Costa

Los cuadros expuestos en la Casa de la Lectura contienen la esencia de lo que ha sido su trayectoria

Angélica Tanarro
ANGÉLICA TANARROSegovia

De un modo u otro, la música formado parte de la obra de Jesús González de la Torre desde sus inicios. Bien como motor, inspiración o acompañamiento en el estudio, música y pintura han ido de la mano. Y esa relación es el leit motiv de sus últimas obras que se han expuesto, y aún se pueden ver, en la Casa de la Lectura de Segovia. Una pequeña exposición en cuanto al formato y tamaño de los cuadros seleccionados, pero intensa y honda en su significado. Nadie que conozca la obra de este artista fuertemente vinculado a Segovia, pero también a Ronda, de donde era su padre y que recientemente le dedicó una calle y le nombró Hijo Adoptivo de la Ciudad, puede sorprenderse de unas obras que contienen la esencia de lo que ha sido su trayectoria a lo largo del tiempo. Y el resumen de su evolución hacia la pintura metafísica en la que siempre se ha sentido inscrito.

Si San Juan de la Cruz o María Zambrano han acompañado permanentemente e inspirado, llevado de la mano habría que decir, sus pinceles, y se han hecho presentes en sus obras, aquí están también. Pero no ha olvidado otros nombres importantes como Hildegarda von Bingen o, en el lado de la pintura, la inspiración que desde siempre supuso para él la capilla de Rothko.

Pero hablábamos de música. De Pergolesi a Mahler, del canto gregoriano a Bach, de Ligeti a Mompou, de Cage a Takemitsu, De la Torre explora y convierte las composiciones en imágenes que tienen algo de sagrado como la música que están en su origen. Hay algo también religioso en la disposición y tamaño de los cuadros, como los símbolos en los antiguos vía crucis que jalonaban las paredes de las iglesias. Y en ese azul que es una de sus señas de identidad y que tan profundamente interpretó María Zambrano en su artículo dedicado al artista, 'Cielos pintados' y que incluyó en su libro 'Algunos lugares de la pintura'. En sus azules vio la pensadora «el anhelo de lo humano por ser divino y celeste» y encontró «enigma y gozo». El mismo enigma y gozo que el artista encontró en la obra musical de quienes ha llamado a ser sus compañeros de viaje. Y a los que rinde ahora homenaje de la única manera que ha sabido y sabe vivir: pintando.