«Si no intimidas a la sociedad con la cadena perpetua, la calle se convierte en un polvorín»

Antonio Silva posa para la entrevista en su despacho de la calle San Agustín. /Antonio de Torre
Antonio Silva posa para la entrevista en su despacho de la calle San Agustín. / Antonio de Torre

Antonio Silva Jaraquemada, fiscal jefe de la Audiencia de Segovia y primero en el escalafón de antigüedad de la carrera fiscal en España, se jubila este Viernes Santo

Ana Nuin
ANA NUINSegovia

El caso de las prejubilaciones de Caja Segovia le ha convertido en un fiscal mediático. Después de media vida investigando y acusando a criminales, a Antonio Silva Jaraquemada (Jerez de la Frontera-Cadiz, 1947), primero en el escalafón de antigüedad de la carrera fiscal en España, le quedan cuatro días para la jubilación. Este Viernes Santo dejará su despacho en el obsoleto Palacio de Justicia de la calle San Agustín tras 18 años al frente del Ministerio Público en la provincia.

–Tantos años de reivindicación para que se unifiquen todas las sedes judiciales y al final se va sin ver construido el Palacio de Justicia.

–A mí tampoco me hubiera gustado irme al edificio nuevo, porque estoy muy a gusto aquí en el antiguo, aunque comprendo que es incómodo y no es de fácil acceso. Está mal distribuido, hay muchos órganos judiciales dispersos y me parece lamentable que todo se haga de una vez menos lo de Justicia, se hace el edificio del INSS, hospitales.., pero la Justicia fatal, y eso me da mucho coraje.

–Lo que sí ha cumplido es su empeño de jubilarse con una resolución sobre el caso de Caja Segovia. El papel de la Fiscalía, sin embargo, ha sido muy cuestionado al solicitar el archivo, sobre todo después de que en 2015 declarara que tenía la seguridad moral de que la excúpula de la entidad se sentaría en el banquillo de los acusados.

–Tenía esa seguridad moral porque había personas interesadas, organizaciones, fundaciones... que en el lógico ejercicio de sus derechos iban a sentarlos en el banquillo, pero otra cosa es que yo viera que esas personas iban a ser condenadas. Yo no veía la condena y sigo sin verla, por eso propuse hacer unas conclusiones de absolución.

«Tomando una cerveza los pones verdes [a la excúpula de Caja Segovia], pero hay que separar la crítica social, moral y penal»

–¿Durante el juicio no le han chirriado frases como que hay que resarcir a los exdirectivos por la 'muerte civil' que han sufrido o que si hubieran accedido al ERE de Bankia se hubieran llevado más dinero?

–Este es un tema que tiene tres aspectos. El social, porque la gente está harta de ver que los directivos, que ganaban dinero con una gran soltura, llegado el momento final sigan ganando más. Moral o ético, porque en los tiempos en que nos movemos, con crisis económica, con unas pensiones miserables, de pronto ellos tengan unas pensiones tremendas. Y un último aspecto penal, que lo hayan cometido violando alguna ley. Y esas son las cosas que hay que separar. Si lo mezclas todo, evidentemente en un bar tomando una cerveza, pues acabas poniendo verde a todo el mundo y diciendo que son unos sinvergüenzas y que hay que condenarlos. No es eso. La labor nuestra, precisamente, es el filtro, separar la crítica social, la moral y la penal. Y las dos primeras sí pueden serlo, pero la tercera no la veía yo.

–¿Cree conveniente modificar el Código Penal para tipificar nuevos delitos económicos o redefinirlos?

–Probablemente sí, pero a mí me dan mucho miedo las reformas del Código Penal porque cada reforma que se hace es peor que la anterior. Los códigos penales y, en general, las leyes españolas en el siglo XIX fueron muy concretas, muy claras, muy concisas y se sustituían siempre por normas y artículos mucho más complicados, más extensos, más de difícil valoración. Por ello da un poco de miedo. Todo lo que sea extenso en esto, luego a lo mejor la interpretación genera una absolución, una crítica. Es preferible mantenerlo, pero que la jurisprudencia del Tribunal Supremo, la interpretación que haga, sea muy precisa. Ahí es donde está el tema. Pero es cierto que los económicos son delitos modernos.

«Me parece lamentable que este pobre hombre [Ángel Hernández] se preste a una actuación como Gary Cooper en una película»

–Citó al abogado de IU, Alberto López-Villa, a declarar por supuestamente poner en duda la honorabilidad de la Fiscalía al tachar de «inconfesables» las razones por las que insistió en pedir el sobreseimiento de la causa. Luego dio marcha atrás.¿Fue un calentón?

–No, no fue ningún calentón. Soy hombre poco calenturiento en ese sentido, soy bastante frío, sobre todo después de 46 años en la carrera. Ya me puso verde la primera vez un abogado proetarra en Bilbao, mi primer destino; tengo bastante cubiertas las espaldas. A mí me da igual que me digan que defiendo un criterio u otro por unos intereses personales, pero tienes que defender la institución para que la gente siga creyendo en ella. Y yo pensaba que esa crítica al Ministerio Público no era adecuada, no era justa. Le convoqué a una citación y posteriormente vino acompañado por el decano del Colegio de Abogados y, en presencia de él, me pidió disculpas. Y yo encantado.

–¿Le preocupa que sobre el cargo de fiscal gravite a menudo la sospecha de ser correa de transmisión del Gobierno de turno o del poder económico?

–Sí. Ahí lo único que podemos hacer los fiscales-jefes, como representantes del grupo de fiscales provinciales, es que nosotros seamos creíbles. Creo que después de tantos años en Segovia mi persona ha pasado a ser aceptablemente creíble. Probablemente me haya equivocado, y no una sino bastantes veces, pero por encima de todo siempre he buscado acertar, y creo que lo he hecho en una gran parte de ocasiones. He recibido a todo el mundo, he atendido a quien he podido...

«Instruí parte del caso de Anabel Segura en Toledo y me causó sensación porque pensaba en mis hijas»

–¿De toda su larga trayectoria, qué caso se le ha quedado grabado?

–Ninguno, gracias a Dios. Una vez que cierro el despacho al mediodía o por la noche, si he trabajado por la tarde, soy otra persona cuando llego a casa. Me ha pasado siempre y por eso yo creo que me mantengo hasta cierto punto joven. Me gustan las películas, me gusta leer, me gusta pasear con mi mujer... Casi no tengo amigos del mundo jurídico, ni magistrados, ni jueces ni fiscales, aunque me llevo muy bien con la mayoría. Como caso llamativo tuve el de Anabel Segura en Toledo, que lo instruí yo desde el levantamiento del cadáver hasta el momento de la acusación, aunque luego lo llevó en el juicio el fiscal-jefe, yo era el teniente fiscal. Me causó sensación porque pensaba en mis hijas, pero ni ese se lo contaba a mi mujer.

–¿Los delitos de hoy son los mismos que los de antes pero se utilizan otros canales (como las redes sociales) para cometerlos, o es que son nuevos delitos?

–No. Los delitos que yo veo hoy en Segovia en 2019 no tienen nada que ver con los que veía en Bilbao en 1974. Lo que son los homicidios y asesinatos llamémosle vulgares, generados por los odios tradicionales, por dinero, van disminuyendo. En cambio, se incrementan los derivados de la violencia de género, las agresiones sexuales por grupos o manadas. No sé si la sociedad está sufriendo también una evolución en los planteamientos de relaciones amorosas y sexuales que generan la posibilidad de que se cometan este tipo de delitos. Las chicas y chicos son de otra naturaleza. Una cosa que me preocupa mucho, que lo he visto en este último año en activo, es la utilización que se hace de los teléfonos móviles o las tabletas por gente muy joven y con una finalidad exclusivamente sexual. Es terrible.

«Me preocupa el uso del móvil y las tabletas por gente muy joven y un fin exclusivamente sexual, es terrible»

–La prisión permanente revisable ha irrumpido de lleno en la campaña electoral. El Tribunal Supremo revocó en enero la primera pena de este tipo que llega al alto tribunal en un recurso de casación. ¿Cuál es su postura?

–Evidentemente, no soy partidario de la pena de muerte, eso está claro, pero sí soy partidario de la cadena perpetua, que existe en otros países y nadie se rasga las vestiduras por tenerla. Por una razón, por el efecto intimidatorio que tiene en la persona que va a cometer el hecho delictivo. Esto otro es aleatorio, es objeto de valoración, es decir, no es lo mismo que el tribunal que va a enjuiciar ese caso seamos tú, yo y otro más, o que sea el de al lado. Y a mí eso no me convence. Una cosa tan fuerte como es el hecho que ha cometido y la pena que se le impone debería ser objetivamente ya establecido. Soy partidario de establecer legalmente la cadena perpetua. Por ejemplo, el que cometa un delito amparado por dos personas más utilizando armas de fuego o un ejercicio de una superioridad de hombres sobre una niña se castiga con pena de prisión permanente y ya está.

–Hay quien piensa que las cárceles se convertirían en polvorines. Además, ¿eso no deja de lado la reinserción que debería facilitarse en la cárcel?

–Pero si tu no intimidas a la sociedad con eso, lo que se convierte en un polvorín es la calle, por eso estamos viendo casos tan brutales. Más allá de la reinserción, lo cierto es que hoy en día no hay centro psiquiátricos, es una moda que se ha puesto, antes existían los provinciales, dependientes de las diputaciones y allí estaban las personas que tenían un deterioro psíquico y necesitaban un tratamiento. Hoy están todos en la calle libres, sometidos a un tratamiento ambulatorio que pueden tomarlo o no, y hay una cantidad ingente de personas con deficiencias psíquicas o psiquiátricas que acaban cometiendo hechos delictivos. Esto es así y hay que aceptarlo. Parto de la base de que todo el que comete un disparate penal de esta naturaleza bien no está, otra cosa es que esa maldad psíquica o psiquiátrica afecte a la responsabilidad penal o no. Pero bien no está.

–No cree entonces en la reinserción.

–Sí, pero dubitativamente. Demasiado hacen en las centros penitenciarios para los medios que tienen, el personal que hay... y consiguen reinsertar a alguien.

–El caso de Ángel Hernández ha vuelto a reabrir el debate sobre la eutanasia. Aunque está prohibida en España, el Código Penal introduce atenuantes. En casos como este, cuando se hace por compasión y a petición, ¿hay un reproche penal que justifique que esa persona entre en prisión?

–Vamos a distinguir el aspecto humano, familiar y social, y el aspecto penal. Si la ley lo establece y cometes el hecho, tienes que cumplir la ley, independientemente de que te guste más o menos. ¿Pero cómo valoras eso? Primero, es un tema superdelicado; segundo, muy poco apropiado para tratar en el momento en que estamos, previo a las elecciones. Y tercero, lo que me parece lamentable es que estas personas que están en ese ambiente, como este pobre hombre [Ángel Hernández], se presten a una actuación brillante como Gary Cooper en una película, grabando una semana para luego encima ser entrevistado en una televisión y estar en todos los programas. Me parece penoso y tristísimo. La pobre mujer ha muerto, él ha colaborado en la ayuda. ¿Crees tú que no ha habido casos de esos sin que ese hombre o esa mujer no hayan dicho nada? Por supuesto. ¿Eso quiere decir que se permita, se tolere que se cometa? Yo no soy partidario, aunque ahí también influyen las creencias religiosas que uno tiene.

–¿Está de acuerdo con que los fiscales lideren las instrucciones?

–No me importa y me parece muy razonable siempre que tengan los medios procesales adecuados, cosa que, evidentemente, ahora no tienen.

–Las mujeres representan el 64% del total de fiscales de España, pero los hombres ocupan el 64% de los cargos directivos. ¿Hay que impulsar una política de nombramientos de mérito y capacidad buscando fórmulas de valoración en clave de igualdad?

–En Castilla y León, hay más mujeres que hombres en la jefatura. El problema es un poco la tradición absurda de que sean hombres. Yo no soy partidario de hacer ni discriminaciones positivas ni negativas. Lo que sí pido es que la Fiscalía General y el Consejo Fiscal, ante una vacante como pueda ser esta, por ejemplo, valoren lo mismo.