Una grúa extrae, destrozados, los vehículos que cayeron al socavón de diez metros de profundidad

Los empleados de la empresa de la grúa, con la furgoneta recién extraída./M. Á. L.
Los empleados de la empresa de la grúa, con la furgoneta recién extraída. / M. Á. L.

Los vecinos han vuelto a su casa, pero solo para comer y dormir, porque cuando la maquinaria pesada está trabajando deben marcharse por razones de seguridad

Miguel Ángel López
MIGUEL ÁNGEL LÓPEZSegovia

Una grúa dotada de un brazo telescópico de grandes dimensiones ha extraído este miércoles los dos vehículos que cayeron al socavón causado en la plaza de Aurelio Hernández del barrio de San Millán por la fuerte tormenta que descargó el lunes. Primero la furgoneta y después el turismo han sido sacados bien sujetos con cadenas y depositados en la calle para su posterior traslado en camiones. Están destrozados, como consecuencia de la caída, a una profundidad de diez metros, en el hueco abierto por la rotura de la bóveda del arroyo Clamores.

La operación para extraer los dos vehículos la han presenciado los dos propietarios, preparados para sacar del interior la documentación y algunos objetos. También han estado en esta plaza del barrio de San Millán los representantes de las compañías de seguros, además de técnicos municipales y el concejal de Obras, Miguel Merino. La retirada de los vehículos permite avanzar en los trabajos de saneamiento del socavón, iniciado ya este martes para quitar el voladizo en que quedó convertido el pavimento.

La grúa deposita la furgoneta en la calle.
La grúa deposita la furgoneta en la calle. / M. A. L.

Merino ha comentado que «el objetivo es volver a la normalidad lo antes posible», si bien no ha precisado el tiempo que tardarán los vecinos desalojados la primera noche (15 personas entre adultos y niños) en hacer una vida normal. Solo ha avanzado el concejal que serán «varias semanas», pues el socavón ahora es más grande, casi el doble que el inicial, después de saneados los bordes y esbozada una rampa para facilitar el acceso.

Los trabajos de limpieza permiten también ir avanzando en las valoraciones técnicas. «En principio, el edificio no tiene daño, funciona estructuralmente de forma adecuada, pero existe un seguimiento continuo sobre la evolución», ha destacado, para matizar también que las decisiones se van tomando a medida que avanzan los trabajos.

En base a esto hay ya un plan de obra, aunque el Ayuntamiento hapedido a los vecinos que asimilen esta flexibilidad, es decir, que según vayan avanzando los trabajos puede haber cambios. Ahora pueden estar en sus casas para dormir y comer, pero se les ha requerido que las dejen vacías cuando esté trabajando en el lugar maquinaria pesada, porque una de las premisas es la seguridad, y hay que prevenir cualquier posible incidencia.

El plan de obras incluye asegurar las paredes del socavón con hormigón gunitado (en principio se ha contactado con la empresa especializada más cercana, que trabaja en el proyecto de la SG-20), pero no hay un plazo para hacerlo porque primero hay que valorar la situación de los pilotes de cimentación del edificio que han quedado descubiertos. Si ofrecen la seguridad suficiente, ha indicado Merino, los técnicos creen que podrá ser una intervención inmediata: «Estamos pendientes de los trabajos de limpieza y del análisis de lo que ocurre por debajo».

Esta parte del proyecto consiste en revisar las condiciones en que ha quedado en este punto la bóveda del arroyo Clamores, aunque el entubamiento está bien tanto aguas arriba como hacia abajo, según han podido comprobar los bomberos en las inspecciones realizadas este martes.

Antecedentes

No obstante, Merino ha indicado que es una infraestructura ejecutada hace bastantes años que no coincide en los planos que tiene el Ayuntamiento con lo que después encuentran en la realidad. Es una bóveda de cuatro kilómetros de longitud que atraviesa la ciudad de sur a norte y que ya ha sufrido algunas averías importantes en otras ocasiones. as más recientes que han afectado al entubamiento son una ocurrida en la década de 1990, otra en enero de 2014 en Sancti Spiritu (donde se sustituyó por prevención la tubería de residuales, aunque se comprobó que la bóveda estaba bien) y la que sucedió, con un derrumbe del colector en febrero de 2016 en la parte más baja del valle del Clamores, cerca de la confluencia con el río Eresma bajo la mole del Alcázar.