Los dos acusados de dejar morir a casi 3.000 gallinas en Palencia se culpan mutuamente

Los acusados, de espaldas, durante la vista oral. /El Norte
Los acusados, de espaldas, durante la vista oral. / El Norte

El administrador de la granja asegura que no dio orden de privar a las aves de alimento y el encargado dice que no se pagó para su sacrificio

Ricardo Sánchez Rico
RICARDO SÁNCHEZ RICOPalencia

La titular del Juzgado de lo Penal de Palencia dejó ayer visto para sentencia el juicio contra el administrador único y el responsable directo de Granja Coto Verde, Á. G. N. y C. M. T., respectivamente, para quienes el Ministerio Fiscal elevó ayer a definitiva su petición de pena de 18 meses de cárcel para cada uno de ellos por un presunto delito continuado de maltrato injustificado a animales domésticos o amansados con resultado de muerte, después de que supuestamente dejaran morir de hambre entre febrero y marzo de 2018 en la explotación de Amusco a 2.800 gallinas que estaban en el ciclo final productivo y afectadas por un brote de salmonella para ahorrarse así los costes de su alimentación y su posterior sacrificio en un matadero.

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Por su parte, el letrado de Á. G. N. solicitó su libre absolución, al considerar que C. M. T. trata de involucrar a su cliente, que hizo pagos de pienso incluso después de que la granja quedara inmovilizada y que no era conocedor de la inanición de las aves, mientras que el abogado de C. M. T. aseguró que su cliente no tenía ninguna responsabilidad en la explotación desde que se la vendió por el precio simbólico de un euro a Á. G. N. para saldar su deuda con él, y que en ningún momento anterior en que él había sido el dueño ocurrió algo parecido, subrayando incluso que buscó una solución para las gallinas con un matadero dispuesto a sacrificarlas pero que cuando tenía todo contratado, Á. G. N. no se avino a hacer el ingreso.

En su testimonio ante la titular del Juzgado de lo Penal de Palencia, Á. G. N. declaró que era dueño de Piensos Ebro y que en febrero de 2017 se puso al frente de Granja Coto Verde como administrador único porque esta explotación tenía una deuda contraída con Piensos Ebro de 1,2 millones de euros. Que en el mes de octubre de 2016, Granja Ebro hizo un preconcurso de acreedores pero no se llegó a acuerdo y en el mes de febrero de 2017 adquirió por un euro la granja, con activo y pasivo, erigiéndose como administrador único y quitándole de las cuentas a C. M. T., que en abril de ese año fue dado de alta en la Seguridad Social como ayudante avícola. «Pero era él el que llevaba la granja, trabajaba las 24 horas del día para la explotación. Yo estaba de administrador para cobrar lo que se me debía. Recibía facturas y pagaba los piensos. Al principio yo servía la comida de Piensos Ebro, que era mía, pero luego se nos instó al concurso de acreedores y ya no hacía pienso Carlos hizo un pacto con Piensos Nanta y yo, si tenía dinero, lo ingresaba, y si no lo buscaba. En la Granja Coto Verde estuve una docena de veces en un años, yo me dedicaba al pienso. Tuve conocimiento del brote de salmonella por C. M. T., pero no sé qué medidas se tomaron», señaló Á. G. N., que incidió en que C. M. T. le dijo que había que matar a las gallinas «al mes de salir la salmonella».

«Le dije que pidiera precio por matar a los animales infectados, y me comentó que nadie quería hacerse responsable salvo un matadero que cobraba 27.000 euros por ello. Yo le dije que no podíamos pagarlo, pero no le di orden de privar de alimentos a las gallinas, no le dije que no les echara pienso. De hecho, nunca dejé de pagar partidas para pienso. El sacrificio de las aves de la nave B lo pagué, pero para la nave A solo tenía dinero para mantenerlas», agregó el administrador único .

Por su parte, C. M. T. declaró ante la jueza que, tras vender la granja, él fue ayudante agrícola y que entre febrero y abril «pasaron distintas personas que iban a llevar las riendas contables desde Madrid». «A mí se me ignoró, yo abría y cerraba la granja, pero nadie tomaba la responsabilidad y yo tenía que tener continuidad en la granja porque tengo tres avales con bancos, mi preocupación es que funcionase. Entre febrero y marzo de 2018 se pusieron de baja los encargados y yo me vi en el abandono», apostilló C. M. T., que indicó cómo, de las tres naves de que consta la explotación, en la A estaban las gallinas de mayor longevidad y en la que se había detectado antes la presencia de salmonella.

«Esa nave no era rentable por la salmonella y por el porcentaje de puesta de huevos. El pienso de la nave C y el de la nave A (la B estaba vacía) era totalmente diferente, el de la A era mucho peor. El 16 de febrero entraron 5.960 kilos de pienso para la nave A, había comida hasta el día 22, y ese día yo tenía todo diseñado para que las gallinas se llevaran a Benavente a ser sacrificadas. Costaba 30.000 euros, pero si no se ingresaba el dinero, no se mataba. Á. G. N. era totalmente consciente de que había que matarlas, pero me dijo que esa cantidad no la podía pagar, aunque seguía entrando pienso para la nave C. Me dijo que en la nave A no iba a entrar ya más pienso, que no pidiera más. Yo le dije que la que íbamos a tener iba a ser de órdago, pero no tenía ningún poder de gestión. Desde el día 22 de febrero se dejó de dar de comer a las gallinas», añadió el responsable de Granja Coto Verde.