Michel Onfray en Valladolid

«Prolífico, escribe como respira, y polémico filósofo y ensayista en su Francia natal, alejado de los cenáculos intelectuales y de poder, amigo de acercarse a la gente, convencido de que la enseñanza de calidad es patrimonio del ciudadano, que la educación debe ser un derecho abierto a todos, ha creado tres Universidades para todos los públicos»

Michel Onfray en Valladolid
CHARLY TRIBALLEAU-AFP
Juan Pablo Roda
JUAN PABLO RODAValladolid

Si el año pasado la Feria del Libro homenajeó a nuestros paisanos ibéricos, Portugal, este año mira al norte y Francia cruza los Pirineos para ser el país invitado de la 52 Feria del Libro de Valladolid, y entre los escritores previstos se encontraba el filósofo Michel Onfray, a quien una enfermedad, un ictus, le impide asistir. Pero él ya había estado en la ciudad del Pisuerga, gracias al artículo 'Condenados a la hora española' (traducción de E. Simón San José), publicado en el número 18 de la revista cultural 'En taquilla', de octubre de 2004. Onfray nos presentó sus credenciales.

Prolífico, escribe como respira, y polémico filósofo y ensayista en su Francia natal, recordamos a este normando nacido en Argenta que se doctoró a los 27 años con la tesis 'Implicaciones éticas y políticas del pensamiento negativo, de Schopenhauer a Spengler'. Alejado de los cenáculos intelectuales y de poder, amigo de acercarse a la gente, convencido de que la enseñanza de calidad es patrimonio del ciudadano, que la educación debe ser un derecho abierto a todos, ha creado tres Universidades para todos los públicos. Junto con la Université Populaire de Caen, fundó otra relacionada con el mundo del teatro con el dramaturgo y director de escena Jean-Claudée, y en su ciudad natal, Argenta, una Universidad del Gusto abierta en 2006. Fecundo e inquieto en su idea hedonista, anárquica y estética, fue invitado a la Feria del Libro de Valladolid. Algunos críticos de sus publicaciones manifiestan su inquietud por el apego de las editoriales a traducir filosofía extranjera, teniendo en España una buena flota de autores diestros en la materia.

Polémica siempre presente en sus libros, que señorean los anaqueles de los escaparates en múltiples librerías de diferentes ciudades e idiomas. ¿Muchos, demasiados? En lengua castellana tenemos un buen plantel. Entre los que no falta 'La escultura de sí. Por una moral estética', Premio Médicis de Ensayo, editado por Errata Nature Editores y traducido por Irene Antón. En el cine o, modernizando el lenguaje, en los audiovisuales también ha participado Onfray y más concretamente en la película 'El Bosco, el jardín de los sueños', documental finalista de los Goya 2016, dirigido por José Luis Linares. Colaboran en el filme un buen plantel de escritores, artistas, historiadores, etcétera, con diferentes comentarios después de disfrutar viendo el misterioso cuadro 'El jardín de las delicias', del que dice que es una «invitación a pensar lo impensable». Sin intención de criticar la producción ensayística de Michel Onfray, sí me atrevo a comentar el artículo de la revista 'En taquilla'.

No es lo que trata Michel Onfray en estas líneas una aversión a España. Todo lo contrario; tomando como base la ópera, 'comédie musicale', de Maurice Ravel 'L'heure espagnole', y sobre el libreto del mismo título de Franc-Nohain, nos adentra en un sustancial comentario sobre el amor, el humor y la particular forma hedonista en que lo viven en España. Tomando como motivación «el impulso que mueve a hombres y mujeres, acerca del la omnipresente libido», Concepción enreda confusión entre dos amantes, el poeta Gonzalve y el banquero Íñigo, perdidos entre las maderas de caoba de los relojes y un mozo de mulas que entre horas y mecanismos de precisión se encuentra como el principal vencedor en el momento de celebrar los anhelos de su coqueta anfitriona. Torquemada, toledano maestro relojero, entre risas de su mujer, un 'époux ridicule' (un marido ridículo), ignora, entre el tictac de su trabajo, los quehaceres venéreos de su esposa. Trata con humor los temas graves: «Danza, bromea, caracolea, juega, divierte, se divierte, canta y habla; murmura y susurra…», es un claro exponente del que hace gala el filósofo en este breve ensayo. Ravel utiliza la vertiente humorística para abordar, con música desenfadada, los temas cotidianos, «lo que vive todos los días», en un divertimento crítico. Borrando la tragedia, «lo que nunca o rara vez verá». Olvidando la ópera seria, por una breve y picante, un «lapso de tiempo» en 'La hora española'.

No puedo cerrar estas líneas sin el comentario que Lydia Vázquez (catedrática de francés en la Universidad del País Vasco y culpable, grato delito, de la presencia en la revista 'En taquilla' del invitado ahora ausente de la 52 Feria del Libro de Valladolid) hace en su artículo 'La vida sin Dios de Michel Onfray' (octubre 2006): «Lo leo desde sus inicios, y su amistad de hace veinte años me honra». Sin duda, nuestra entrañable colaboradora no habla de oídas y rumores a la hora de levantar su voz para reseñar 'Tratado de ateología' (Anagrama, traducción Luz Freire). «La vida sin dios que proponen estas páginas no nos produce una sensación de vértigo apocalíptico sino, antes al contrario, una sensación de sosiego y cierta fe en un mundo mejor, materialista, ateo y en paz». La filosofía ateísta, un humanismo de alegre poesía.