Consolación

«Los talleres de Renfe al páramo de San Isidro liberarán terreno para construir algunos edificios y viviendas y cambiar de sitio la enmugrecida estación de autobuses»

Interior de los talleres del páramo de San Isidro./Ramón Gómez
Interior de los talleres del páramo de San Isidro. / Ramón Gómez
Francisco Cantalapiedra
FRANCISCO CANTALAPIEDRAValladolid

El fallido plan de soterramiento del tren en la ciudad perseguía, como poco, tres grandes metas: la creación de una saludable franja verde, la eliminación de la barrera que nos divide en dos, y el aprovechamiento de miles de metros cuadrados para hacer casas y trasladar de sitio la vieja estación de autobuses. Teniendo en cuenta que, de momento, las dos primeras se han ido al carajo, nos queda la tercera como premio de consolación. Es un hecho que con las limitaciones del plan actual no se ganará tanto espacio, pero el traslado, más o menos inmediato, de los talleres de Renfe al páramo de San Isidro liberará terreno para construir algunos edificios y viviendas y cambiar de sitio la enmugrecida estación de autobuses, fea con avaricia. Bueno; fea y peligrosa para los vecinos de la calle San José y alrededores, que se quejan del canguelo que produce bordearla muy de noche o de madrugada. Si el nuevo y reducido plan acaba trayendo avenidas bien iluminadas, pasarelas de diseño, pisos de alto copete y jardines, al menos ellos sacarán algo.

A no ser que dentro de quince días ganen las elecciones municipales otros distintos a los que gobiernan ahora, rescaten el proyecto original y entierren las vías a su paso por la capital. Lo digo porque, al menos los 'populares', se han comprometido a retomarlo. Es cierto que a estas alturas y con las encuestas en la mano no sé si será posible tal cosa, pero no me negarán que tendría gracia...