Bolsonaro y la filosofía

«Enseñar a los jóvenes a pensar, a desarrollar su sentido crítico, reflexionar sobre cuestiones como el poder y la organización social ¿para qué?»

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro./Efe
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. / Efe
Angélica Tanarro
ANGÉLICA TANARROValladolid

Bolsonaro lo tiene claro. Hay que dejarse de filosofías. El presidente de Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro, ha anunciado que llevará a cabo recortes en las universidades públicas en los estudios de filosofía y sociología, a favor de otros como la medicina, veterinaria o ingeniería, que sí generan un retorno tangible al contribuyente. Y parece que los recortes no solo afectarán a los estudios humanísticos, sino que la ciencia y la investigación también sufrirán el zarpazo de su forma de entender qué es lo que importa en educación.

Enseñar a los jóvenes a pensar, a desarrollar su sentido crítico, reflexionar sobre cuestiones como el poder y la organización social ¿para qué?, se pregunta quien prefiere, sin duda, ciudadanos acríticos entrenados para aceptar sin rechistar las directrices de quienes velan a su manera por el bien común. Y aunque la noticia ha suscitado reacciones en todo el mundo, al menos en todo el mundo occidental (tendemos a considerar 'todo el mundo' nuestra órbita geográfica y cultural), lo cierto es que no hay que echarse las manos a la cabeza ni ver la paja en el ojo ajeno.

Los estudios de Humanidades vienen siendo objeto en todo ese mundo desarrollado de todo tipo de recortes no solo económicos, sino pedagógicos. El desarrollo de ciertas universidades privadas convertidas en centros de formación prácticos donde los alumnos salen ya 'colocados' en determinados puestos de liderazgo en empresas casi siempre relacionadas con el comercio, la inversión económica, las ingenierías… no han hecho sino acentuar esa tendencia. El mercado manda (también en esto). La salida de pata de banco, llevada a la práctica, de aquel ministro nuestro que consideraba la educación musical una pérdida de tiempo se queda en una anécdota ilustrativa. Aquí también ha habido que luchar por la vuelta de la filosofía a las aulas.

Mucho antes de que Bolsonaro pensara siquiera en presentarse a unas elecciones para presidir su país, y mucho menos en ganarlas, el profesor e intelectual italiano Nuccio Ordine publicó el manifiesto 'La utilidad de lo inútil'. Y sorprendería saber que esta tendencia que ahora parece liderar el brasileño viene de lejos. Al comienzo de dicho ensayo breve considera: «No por azar, en las últimas décadas a las disciplinas humanísticas se las considera inútiles, se las margina no solo en los programas escolares, sino en todos los capítulos de los presupuestos estatales y en los fondos de las entidades privadas y las fundaciones».

No hay más que ver cómo incluso cuando dichas instituciones públicas o privadas destinan dinero a actividades culturales que no generan retorno económico, su rentabilidad también se mide en cifras, en cifras de asistencia generalmente.

Debemos estar atentos a las señales. Y, de paso, leer a Ordine, quien suele explicar a sus alumnos que «la literatura y los saberes humanísticos, la cultura y la enseñanza constituyen el líquido amniótico ideal en el que las ideas de democracia, libertad, justicia, laicidad […] pueden experimentar un vigoroso desarrollo».

Amén.

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