Muere el fiscal que acorraló a ETA desde su silla de ruedas

Eduardo Fungairiño, en una imagen de archivo a la puerta de la Audiencia Nacional./EFE
Eduardo Fungairiño, en una imagen de archivo a la puerta de la Audiencia Nacional. / EFE

Eduardo Fungairiño, con su memoria privilegiada, consiguió que decenas de atentados terroristas sobrevivieran al olvido antes de la época de internet

MELCHOR SÁIZ-PARDO y J. LUIS ALVAREZMadrid

Era una mente privilegiada. O cuanto menos tenía una memoria increíble. Tanto como para mantener vivos en su cabeza todos los sumarios de ETA cuando la banda terrorista generaba casi cada día una ingente cantidad de información judicial con sus atentados, secuestros y extorsiones.

Mucho antes de que Google existiera, Eduardo Fungairiño ya era ese gran buscador. Al menos, en el micromundo de la Audiencia Nacional previo a la llega de internet. Su fiabilidad en el dato, lo meticuloso de sus archivos personales y su paciencia infinita para buscar y registrar el último detalla del último atestado policial consiguieron que decenas de atentados terroristas sobrevivieran al olvido y al caos de carpetas polvorientas que era la Audiencia Nacional en aquellos años noventa.

Eduardo Fungairiño nunca se amilanó ante tal desbarajuste. Con su silla de ruedas se movía con una agilidad increíble entre los pasillos inundados de sumarios arrumbados contra las paredes de aquella planta séptima del tribuna de la calle Génova. No había pregunta sobre ETA que no supiera responder de carrerilla. Parecía que le costara más abrir un cajón para consultar un papel -y probablemente fuera así debido a su discapacidad - que tirar de cabeza. Y nunca fallaba. Ya fueran extradiciones pendientes, juicios por celebrar, atentados sin resolver, terroristas huidos o sospechosos sin confirmar.

Cuerpo débil

A veces parecía increíble que un cuerpo tan débil y tan enfermo fuera capaz de albergar y procesar tal cantidad de información básica para el funcionamiento del Estado y de su justicia. Pero Fungairiño, ese fiscal extraordinariamente fuerte que, sin embargo, necesitaba ayuda para todo, no pudo más. Su organismo dijo basta a los 73 años, después de 54 años postrado en una silla después de aquel accidente aparentemente banal que sufrió con un Seat 600 mientras celebraba un aprobado en derecho civil le dejara postrado para siempre con solo 19 años.

Fungairiño murió este sábado el hospital madrileño de la Beata María Ana a consecuencia de los problemas cardíacos que sufría por esaparaplejia. En los últimos cinco meses, el que durante 25 años fue figura destacada de la lucha contra ETA desde los tribunales de justicia,

Audiencia Nacional

Nacido el 30 de mayo de 1946 en Santander, Eduardo Fungairiño ha sido uno de los fiscales más destacados de la historia del Ministerio Público en España, donde ingresó en 1972 ya sentado en silla de rueda. Fue uno de los primeros fiscales que en 1979 pidió como destino recién creada Audiencia Nacional, órgano que sustituía al Tribunal de Orden Público franquista. En este destino trabajó durante un cuarto de siglo.

El 1 junio de 1988 fue nombrado teniente fiscal de la Audiencia Nacional. Por su despacho pasaron los sumarios de los principales atentados terroristas e intervino en todos los demás al ser el encargado de tramitar las extradiciones. De hecho, en 1990 la banda terrorista ETA intentó acabar con su vida mediante un paquete-bomba que fue interceptado por la Policía. También participó en la instrucció de sumarios como el del envenamiento por la adulteración del aceite de colza.

Polémica con Pinochet

El 30 de mayo de 1997 fue nombrado fiscal jefe. Bajo su mandato, la Fiscalía de la Audiencia Nacional trabajó contra la violencia etarra, pero también se opuso al proceso contra Augusto Pinochet, que entonces instruía Baltasar Garzón. Su tenaz trabajo para frenar los intentos el tribunal de la calle Génova por dar justicia a los desaparecidos durante las dictaduras de Chile y Argentina fueron, quizás, su punto más controvertido. Incluso en esa labor que le granjeó una nefasta reputación entre los defensores de los derechos humanos, Eduardo Fungairiño fue bueno.

De facto, logró paralizar aquellos sumarios que acabaron, más allá del caso Adolfo Scilingo, en anada. En mayo de 2006, tras diversas tensiones con el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, por sus declaraciones sobre los atentados del 11-M optó por dejar la Audiencia Nacional. En 2018 se jubiló.

Fungairiño es uno de los fiscales españoles más laureados. Entre otras condecoraciones contaba con la Cruz de Honor de la Orden de San Raimundo de Peñafort, la Gran Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco, la Cruz de Plata de la Orden del Mérito del Cuerpo de la Guardia Civil o la Legión de Honor de la República Francesa, distinciones a las que se suman numerosos reconocimientos de cuerpos policiales de todo el mundo.