Café aguado y frío para Bárcenas y Rato en Soto de Real

Rodrigo Rato entra en la cárcel de Soto del Real. /Efe
Rodrigo Rato entra en la cárcel de Soto del Real. / Efe

Una jueza de vigilancia abronca a prisiones por la escasa calidad del desayuno de los presos y destaca que la pausa para el café es «parte del tratamiento penitenciario»

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

¿Qué desayunan, entre otros presos, Luis Bárcenas o Rodrigo Rato en Soto del Real? Pues un mal café, según el entender de la titular del Juzgado de Vigilancia Penitencia 2 de Madrid, quien ha llegado a elevar una queja a Instituciones Penitenciarias para que se cuide ese momento de relax de los 1.200 internos de la cárcel más poblada de España por considerar que la pausa-café es «parte del tratamiento penitenciario».

La jueza no se ha tomado a broma las continuas denuncias por la calidad del café de los reclusos. De hecho, en una resolución a la que ha tenido acceso este periódico, revela que el pasado 13 de diciembre se marchó de visita para ver si eran ciertas las quejas de los internos de primer grado del módulo especial. Y quedó muy decepcionado a la vista de la bronca con la que se despacha a los responsables de prisiones.

«Ha quedado de manifiesto que las condiciones del café que se dispensa los internos clasificados en primera grado de tratamiento penitenciario son inaceptables», afirma el togado, que insiste en que la bebida se sirve «fría, aguada y en jarra de plástico porque los termos destinados a tal fin están deteriorados y no han sido repuestos».

La jueza cree que esta desidia no es baladí. «Lejos de ser una trivialidad, el momento del café es parte de lo cotidiano, ayuda a relacionarse y, por tanto, forma parte del tratamiento penitenciario».

Más allá de la anécdota del café, la jueza se queja de otras muchas cuestiones de estos presos en primer grado. «El suministro de productos higiénicos es deficiente y las quejas sobre el estado de los colchones, mantas, sillas y servicios de peluquería son generalizadas», afirma en su escrito a Instituciones Penitenciarias. Menos lamentos, asegura el juez, hay sobre la «cantidad y la calidad de la alimentación».

 

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