Gran Premio de las Américas

Rins disfruta del jardín de Márquez

Alex Rins./Efe
Alex Rins. / Efe

Aprovecha la caída del vigente campeón y consigue su primera victoria de su carrera en la categoría reina en el mismo circuito que estrenó su palmarés en 2013 y en el que venció en 2016 en Moto2

BORJA GONZÁLEZAustin Enviado especial

Álex Rins logró su primera victoria mundialista en MotoGP en Austin, el mismo sitio que se coronó con un triunfo como piloto. Aquel 21 abril de 2013 no sólo fue especial para Rins que saboreó por primera vez la sensación del triunfo. Fue su estreno en Moto 3. Sólo unas horas más tarde Marc Márquez se convertía en el ganador más joven de la historia de la categoría reina. La casualidad unió a Rins y Márquez, que también fueron los dos nombres de la edición de la categoría reina en 2019. En Texas volvió a sonar el himno español aunque no sucedió del modo en el que la gran mayoría imaginaba.

Se esperaba un nuevo show de Marc Márquez. Todo el mundo sabe que para el vigente campeón el Circuito de Las Américas es especial desde aquel día de 2013. Tras acumular victorias de manera consecutiva se esperaba el siete de siete. Se esperaba que llegase Marc Márquez puntual a su cita con la victoria en el circuito de Austin, su preferido. En Texas llevaba pleno. Hasta ahora siempre había vuelto con el triunfo y el reloj que recibe el piloto que consigue la pole. Las Américas era sinómino de sonrisa para Marc.

Así comenzó esta carrera:líder desde la primera, demarró y se quedó solo, consiguiendo un margen enorme gracias a que estaba pilotando con soltura. Dominio aplastante. Transmitía que era fácil, algo rutinario para él. .... y entonces, de manera inesperada, se cayó a doce vueltas del final. Intentó Márquez arrancar la moto como tantas otras veces ha conseguido pero sólo consiguió irse al suelo mientras le empujaba el comisario de pista.

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No es habitual verle fuera de la carrera. En el equipo se sorprendieron, casi tanto como ver que Jorge Lorenzo se quedaba fuera de carrera por un problema mecánico. Se pudo ver a Rainey, Roberts y Carruthers en el box Yamaha, con una media sonrisa viendo lo que está deparando la carrera. Rossi no esperaba tal regalo y se puso a trabajar la opción de volver a vencer en Austin tras tantos años de tiranía de Marc. Su pelea por la victoria era con Álex Rins, porque el australiano Miller se descolgó casi aceptando que sería tercero.

Un barcelonés muy americano

A Rins se le veía muy a gusto a rueda de Valentino. Al barcelonés, que lleva cinco triunfos en suelo norteamericano de las 13 que ha logrado en toda su carrera, se le notaban las ganas de conseguir su primer Gran Premio en MotoGP. No ha parado de crecer en el último años. Y desde Misano siempre ha hecho top 6. Pensó en el destino, en el que a veces no hay casualidades en la vida y que podía ser ese gran día que llevaba esperando él y Suzuki, en blanco desde que Viñales triunfase en Silverstone 2016. Aquel año Rins también ganó en Austin. No era un mal día y lugar para romper el gafe de Suzuki - Iannone subió al podio el año pasado- y que el piloto completase el hat-trick en Las Américas para presumir de haber ganado en todas las categorías en este circuito.

«Esto lo soñé muchas veces, ¿por qué no el título?» Alex rins

Eso sí, el reto era mayúsculo: superar a Valentino. Había que arriesgar y a cuatro vueltas del final pasó a la leyenda italiana, que intentó devolver el adelantamiento un poco absurdamente y a la desesperada temiendo no poder seguirle. Rins no se asustó ante un piloto tan experimentado pero que también comete errores por esa sangre caliente que le ha convertido en mito pero también le ha jugado malas pasadas. El segundo puesto le permite colocarse segundo en una general que ha mutado al no sumar puntos Márquez, que salta al cuarto puesto.

La encabeza ahora Dovizioso y Rins, que lleva tres podios seguidos, ya es tercero. «Lo he soñado muchas veces. Ya tuve una anécdota. Al llegar, pensé: 'En 2013 gané, en 2016 volví a ganar aquí'. No se lo dije a los japoneses, pero lo pensé. Suzuki se lo merecía. Me gusta América», reconocía un radiante Rins luciendo el clásico sombrero tejano.