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Para chuparse las manitas

Manitas de cerdo con alubias, del Mesón El Conde, de Anllares del Sil. /Juan J. López
Manitas de cerdo con alubias, del Mesón El Conde, de Anllares del Sil. / Juan J. López

Trini Maceda elabora unas manitas con alubias en el Mesón El Conde de Anllares del Sil

Juan J. López
JUAN J. LÓPEZAnllares del Sil (León)

En Anllares del Sil, en El Bierzo de corazón minero y todavía térmico, con la comida no se juega. Las manitas con alubias son casi una cuestión de estado en el Mesón El Conde, donde Trinidad Maceda supervisa cada paso de un guiso que crea cola en el establecimiento desde hace casi cuatro décadas.

Ernesto, su marido, remueve un 'perolo' en el que las blanquecinas manos de los gorrinos asoman en un burbujeante caldo, que desprende una nube volátil que se cuela en el interior del restaurante, donde los grupos de amigos y familias esperan el ansiado guiso. Las manitas, pese a que en la mayoría de los sitios de la geografía nacional se toman como primer plato –y además de los contundentes–, en Anllares se degustan de segundo, tras unos buenos entrantes con queso de la zona y pimientos del Bierzo. «Como Dios manda», afirma Trini, que admite que en esta «y otras tantas recetas», es «autodidacta».

Trini y Ernesto posan con su plato de manitas con alubias.
Trini y Ernesto posan con su plato de manitas con alubias. / Juan J. López

«A mí siempre me han dicho que está rico, y así he mantenido la receta durante los años», agrega esta cocinera que dejó junto a su familia Fabero para inaugurar en 1982 el mesón a propósito de la apertura de la central térmica de Anllares. Ahora este recinto agoniza, y El Conde sobrevive gracias a la fama que se ha ganado en la comarca, con una cocina tradicional y una carne a la brasa que no pasa desapercibida.

En el caso de las manitas, elaboradas con «las mejores alubias», el pimentón y su propio jugo dotan al plato de un toque «único», confiesan los hijos de Trini, que «echan una mano» en el restaurante y, de paso, tratan de aprender la receta.

El 'perolo' de su padre Ernesto está casi terminado. Desprende aroma a guiso tradicional. A esos de lumbre, cucharón y un sinfín de sabor.