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Valladolid-Santiago a pie

Un peregrino, a su paso por la provincia de Valladolid. / Javier Prieto

Caminos de peregrinación a su paso por la provincia vallisoletana

JAVIER PRIETO Valladolid

Hubo un tiempo en el que las peregrinaciones se hacían a pie desde el principio. Ida y vuelta. La principal motivación del peregrino era cumplir el empeño de llegar a la meta y saldar así cuentas, limpiar pecados, cumplir promesas o hacerse un hueco en el más allá.

En esos tiempos, emprender un viaje a pie, aunque fuera al pueblo de al lado, era una empresa llena de peligros e incertidumbres. Los caminos eran territorios salvajes en los que acechaban mil peligros. Sin cajeros ni 'Paypal' de por medio, cada caminante cargaba con lo necesario para todo el trayecto y eso los convertía en mercancía valiosa para quienes vivían del dinero ajeno. En tiempos en los que no existían medios de locomoción, ni mapas topográficos para buscar el camino, cada cual se las apañaba para llegar como pudiera en el menor tiempo posible, con el menor sufrimiento posible. La orografía imponía su ley mientras la física señalaba el trazado de menor desgaste, lejos muchas veces de ser el más corto. Así, el peregrino o peregrina de antaño un buen día de buena mañana llenaba el macuto, ajustaba sandalias y esclavina, tomaba el cayado, y desde la puerta de su casa se echaba al monte caminito de Belén, de Santiago o de La Meca, dependiendo del caso. Para ser peregrino bastaba con ponerse en camino. Las incertidumbres que les pesaban eran tantas que muchos se despedían para siempre de sus familias, por si acaso. Otros, si podían, delegaban la peregrinación –y el esfuerzo– en un enviado que arrostrara los peligros y volviera con las bendiciones. O la Compostela, en este caso.

Y así, a fuerza de juntar pisadas, de enfilar muchos hacia un mismo destino, de irse pasando consejos, avisando de las dificultades y chivando atajos los caminos de peregrinación se fueron definiendo en el paisaje. En los pueblos dedicaron iglesias a Santiago, en los caminos plantaron cruceros para santificar las bifurcaciones, erigieron ermitas, surgieron hospitales y las vieras quedaron plasmadas en atrios y dinteles. Las vías de peregrinación, como las arterias que apuntan a un mismo corazón, fueron encajando unas en otras hasta confluir en el destino final.

En la península Ibérica, el Camino Francés, que recogía la avalancha de espiritualidad procedente de Europa, acabó por ser el más pisado. Pero, lejos de ser el único, quedaron dibujados, de sur a norte y de este a oeste, numerosos ramales surgidos con el mismo fin: conducir, paso a paso, hasta la tumba del apóstol en Santiago de Compostela.

Algunos de esos caminos atraviesan la provincia de Valladolid y, como no podía ser de otra manera, han dejado su impronta en el paisaje. El Camino a Santiago desde Madrid y las variantes que llegan desde el Levante y desde el sureste son las arterias de espiritualidad por las que desde hace siglos circulan quienes en su peregrinación a Santiago de Compostela se ven obligados a atravesar el centro peninsular. Tres ramales que en la actualidad cuentan con toda la asistencia que el peregrino moderno pueda demandar –albergues casi en cada localidad, información turística, señalización, planos, servicios...–, que se han convertido en una de las opciones preferidas por quienes buscan en este tipo de viajes vivir una experiencia dura pero auténtica, alejada de la masificación que se percibe en algunos momentos del año en otros caminos de peregrinación compostelanos.

Atardecer en el Camino de Santiago, en la provincia de Valladolid.
Atardecer en el Camino de Santiago, en la provincia de Valladolid. / Javier Prieto

El Camino a Santiago desde Madrid

Es el que trazaron los peregrinos que partían de la capital de España hacia Galicia. Su uso está documentado desde los siglos XV, XVI y XVII y hoy en día es una de las vías de peregrinación más consolidadas de cuantas atraviesan la provincia de Valladolid. En esencia, sigue los mismos derroteros trazados por los romanos, usados después por los visigodos, los árabes, los ejércitos cristianos, los pastores de la Mesta o las cuadrillas de segadores gallegos que se movían entre el noroeste y el centro peninsular.

Aquellos caminos son los mismos que acabaron convertidos en la vía por la que discurre la peregrinación actual. Y sin que falten en el recorrido constantes referencias a Santiago y la tradición jacobea en ermitas, iglesias, retablos, capillas y viejos hospitales.

El Camino a Santiago desde Madrid parte de la capital de España en dirección noroeste para enlazar en Sahagún con el Camino Francés. Entre ambos puntos median unos 320 kilómetros. De ellos, 242 kilómetros discurren por Castilla y León y, en particular, 142 lo hacen por tierras vallisoletanas.

Desde Madrid entra este camino en tierras segovianas por el puerto de la Fuenfría, elegido por los romanos como el mejor para salvar la Sierra de Guadarrama. Ya de este lado, baja hasta la capital de la provincia y desde ella se dispara hasta Santa María la Real de Nieva. Por el medio del mar de pinares que tapiza estos arenales segovianos la flecha amarilla lleva de Santa María hasta Nieva, luego hasta Nava y Coca para seguir después hacia Villeguillo y, ya en tierras de Valladolid, Alcazarén. Después, el peregrinaje salta de puente en puente por las localidades de Valdestillas, Puente Duero, Simancas, Ciguñuela, Wamba, Peñaflor de Hornija, Castromonte, Valverde de Campos, Medina de Rioseco, Berrueces, Tamariz, Moral de la Reina, Cuenca de Campos, Villalón, Fontihoyuelo, Santervás de Campos y Melgar de Arriba. Arenillas y Grajal, en la provincia de León, preceden la llegada a Sahagún, punto de entronque con el Camino Francés.

Los Caminos del Sureste y el Levante

Pero por Valladolid se cuelan también otros caminos de peregrinación no menos relevantes. Los peregrinos que arrancaban su viaje compostelano en el arco mediterráneo comprendido entre Murcia y Valencia unían su caminar en Albacete para acometer por una sola vía el paso de La Mancha. Tras hacerlo por las provincias de Toledo, Madrid y Ávila, la entrada en la de Valladolid se realizaba por Honquilana y Ataquines para acometer la travesía por el costado suroccidental de la provincia. Es al alcanzar la localidad de Medina del Campo cuando los peregrinos escogían, y escogen hoy en día, una de las dos opciones: continuar el recorrido tradicional del Camino del Sureste, que continúa hacia Tordesillas y Benavente, o hacerlo por Camino del Levante, que desde Medina del Campo enfila hacia Toro y Zamora mientras atraviesa las localidades vallisoletanas de Nava del Rey, Sieteiglesias de Trabanco, Castronuño y Villafranca de Duero.

Ambos desembocan, el primero más al norte y el segundo más al sur, en la Vía de la Plata que ofrece, de nuevo, diferentes posibilidades de proseguir como cada uno mejor prefiera su peregrinar.

INFORMACIÓN: Es posible descargar la guía 'Los Caminos a Santiago en la provincia de Valladolid' en: provinciadevalladolid.com/es/caminos-santiago.

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