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Burgos, más que una catedral

Vista de la catedral de Burgos. /Gabriel de la Iglesia
Vista de la catedral de Burgos. / Gabriel de la Iglesia

El viajero puede sentirse como un burgalés más al recorrer calles, plazas y paseos, y visitar monumentos y museos durante 72 horas

César Ceinos
CÉSAR CEINOSBurgos

Nadie duda de que la catedral es el monumento más llamativo de Burgos. Sus dos agujas, visibles desde las entradas a la ciudad, son la principal seña de identidad del templo y primer ejemplo de la belleza que atesora el monumento, tanto por dentro como por la parte exterior. Por ello, es un buen punto para comenzar un paseo de tres días por las atracciones turísticas y artísticas de Burgos, la orgullosa Cabeza de Castilla y punto de encuentro de tres patrimonios de la humanidad: el Camino de Santiago, los cercanos yacimientos de la Sierra de Atapuerca y la propia Catedral.

La magnífica seo comenzó a construirse en 1221. Predomina en sus paredes y techos el estilo gótico, aunque existen referencias a otros cánones artísticos por todo el edificio, merced a modificaciones posteriores. En la zona exterior sobresalen, además de las dos torres, el cimborrio y las portadas del Sarmental, de Pellejería y de la Coronería, mientras que en su interior destacan las capillas de los Condestables –una catedral dentro de la catedral–, de la Visitación o de Santa Ana, así como la Escalera Dorada y los relieves del trasaltar, ahora en proceso de restauración.

También es digno de observar el Papamoscas, un curioso y singular autómata que cada hora en punto tañe la campana y abre la boca. Los literatos Benito Pérez Galdós y Víctor Hugo visitaron Burgos, y dentro del edificio, levantaron la mirada para buscar la singular figura. De hecho, Galdós llegó a decir que «jamás, en mis frecuentes visitas, perdí el encanto inocente de ver funcionar el infantil artificio del Papamoscas».

Primer día. Del centro al castillo

El viaje cultural continúa. Al otro lado de la plaza del Rey San Fernando se encuentra el Arco de Santa María, la principal puerta del antiguo recinto amurallado de la ciudad, que se ornamentó en el siglo XVI con motivo de la visita de Carlos I de España y V de Alemania. En su interior se aloja una sala de exposiciones y el Museo de Farmacia. Subiendo las escaleras de la plaza de Santa María hacia la calle Fernán González, una de las vías más antiguas de la ciudad y paso obligado para los peregrinos que marchan hacia Santiago, aparece la iglesia de San Nicolás de Bari, que destaca por su magnífico retablo de piedra. Y siguiendo la ruta por la calle del Pozo Seco, a unos pocos metros, está ubicada la antigua iglesia de San Esteban. Este edificio, sede del Museo del Retablo, esconde cerca de una veintena de obras de los siglos XVI al XVIII, además de piezas de orfebrería, cruces y cálices.

Las tendencias artísticas más actuales tienen su espacio en el cercano Centro de Arte Caja de Burgos, que cuenta con una balconada exterior para disfrutar de una bella vista del casco histórico. Por último, antes de un buen tentempié por los locales hosteleros del centro, es obligatorio pasar por el castillo, testigo del origen y desarrollo de la ciudad que fundó Diego Porcelos en 884, y por el mirador, lugar perfecto para observar, desde lo alto, los principales lugares de la capital.

Después del picoteo, el recorrido prosigue por la plaza del Mio Cid, lugar donde está el señorial Teatro Principal y la icónica estatua del hombre que da nombre a la vía, el héroe burgalés Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. De frente a la escultura, obra de Juan Cristóbal González Quesada, uniendo ambas orillas del Arlanzón, está el puente de San Pablo, en el que sobresalen ocho estatuas de piedra que representan a personajes cercanos a la figura del protagonista del famoso Cantar.

Andando por la calle Santander, dejando el paseo del Espolón y el Palacio de la Diputación a la izquierda, están los Soportales de Antón y el palacio de los Condestables de Castilla, más conocido como Casa del Cordón. Se trata de un edificio de finales del XV y es la joya burgalesa de la arquitectura civil gótica. Además, fue el lugar donde murió Felipe el Hermoso en 1506 y donde se firmaron las Leyes de Burgos, mediante las que se regularon los derechos de los indígenas tras el desembarco de Colón en América.

A continuación, atravesando la calle de la Puebla, el visitante se encuentra con el Arco de San Juan, antesala de la plaza del mismo nombre, que alberga la iglesia de San Lesmes Abad, patrón de Burgos, y el antiguo monasterio y hospital de peregrinos de San Juan, que aloja el bonito arco de la iglesia de Nuestra Señora de la Llana de Cerezo del Río Tirón, así como un museo pictórico.

Segundo día. De Las Huelgas al Museo de Burgos

La jornada arranca en el monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas. Del monumento destaca el claustro tardorrománico de las 'claustrillas', la iglesia monacal y la sala capitular. Además, es sede de uno de los mejores museos de telas medievales de Europa, que alberga el famoso de pendón de las Navas de Tolosa. Una réplica del original sale en procesión el día del Curpillos, una fecha muy especial para los burgaleses, que la celebran entre pinchos de morcilla y tragos de vino en el parque de El Parral.

El siguiente monumento a conocer, tras visitar Las Huelgas, es el Hospital del Rey. Actualmente forma parte de la Universidad de Burgos, lo que provoca que se respire en la zona un ambiente juvenil casi a cualquier hora del día. Lo que más llama la atención es la entrada al Patio de Romeros. De regreso al centro de la ciudad es interesante cruzar el parque de la Isla, un espacio verde situado a orillas del Arlanzón.

Ya en el corazón de la capital, el recorrido continúa por el Paseo del Espolón, probablemente la calle más transitada por los burgaleses. En el centro tiene unos pequeños pasajes que dan a la Plaza Mayor, que está presidida por la Casa Consistorial, construida a finales del siglo XVII. Este lugar y las calles que salen de ella son lugares muy recorridos para tomar tapas. De este tema saben mucho los hosteleros, puesto que Burgos fue declarada Capital Gastronómica en 2013 y Ciudad Creativa de la Gastronomía por la Unesco dos años después. No se pierdan la morcilla, las bravas y el lechazo, amén de otras tantas viandas tradicionales.

La visita turística sigue cruzando el puente de Santa María. De frente se aprecia la iglesia de La Merced, obra de finales del siglo XV y principios del XVI, y caminando junto al río, aguas abajo, se observa el Instituto Cardenal López de Mendoza. Asimismo, en la misma zona de la ciudad se encuentra la iglesia de San Cosme y San Damián, que conserva una bonita portada renacentista del siglo XVI y el Museo de Burgos, que alberga una rica colección arqueológica y de Bellas Artes de la provincia. ¡Ah!, y la Tizona, espada del Cid. También es digno de admiración el patio interior del edificio, que, aunque parezca increíble, casi se desmonta y se traslada a Estados Unidos a inicios del siglo XX. La respuesta de los vecinos y las instituciones públicas lo impidieron.

Tercer día. Museo de la Evolución

El último día tiene como punto de inicio el Museo de la Evolución Humana (MEH), que expone de forma visual, sencilla y didáctica los complejos y sorprendentes avances en investigación sobre el origen y la evolución del hombre. Además, muestra las principales piezas que se descubren en el yacimiento de Atapuerca, como la pelvis Elvis o el cráneo de Miguelón.

El viaje se completa con el viaje a la cartuja de Miraflores, que alberga un espectacular retablo tardogótico, el monasterio cisterciense de San Pedro de Cardeña, ubicado a 10 kilómetros de distancia de la ciudad y los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, cuna de la humanidad en Europa. Allí se suceden desde hace décadas hallazgos que están sirviendo para dibujar nuestro árbol genealógico como especie. Sin duda, una visita obligada.