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El bodeguero Alejandro Fernández anuncia que empieza de cero, tras ser apartado de su empresa

Alejandro Fernández, acompañado de su hija Eva en la presentación del nuevo vino en Madrid. /Óscar Chamorro
Alejandro Fernández, acompañado de su hija Eva en la presentación del nuevo vino en Madrid. / Óscar Chamorro

Presenta las añadas de 2017 y 2018 de una nueva referencia de Ribera del Duero que todavía no ha salido al mercado

Nieves Caballero
NIEVES CABALLEROMadrid

Alejandro Fernández ha presentado en Madrid su primer vino después de que estallara la crisis familiar y los procesos judiciales en el seno del Grupo Pesquera, que fundó en 1972 y del que fue apartado de todos sus cargos administrativos en 2018 por su mujer, Esperanza Rivera, de la que está en proceso de divorcio, y tres de sus cuatro hijas, Lucía, Olga y Mari Cruz, aunque mantiene el 49,70% del accionariado.

Después de su última añada en las bodegas del Grupo Pesquera, la de 2016, el bodeguero ha anunciado que empezará de cero con un nuevo proyecto para el que le han salido numerosos colaboradores que quieren apoyarle. Así, ha presentado en Madrid su nuevo vino de las cosechas 2017 y 2018 que todavía no están en el mercado. Un vino al estilo de los suyos de toda la vida, que tanto sorprendió a expertos como María Isabel Mijares en 1975, la primera vez que visitó a Alejandro en Pesquera de Duero. Una referencia en la que se acumula toda la experiencia del viticultor y bodeguero al que se ha añadido la juventud de su hija Eva, la enóloga del Grupo Pesquera, que fue despedida.

Si hace unas semanas, en concreto el pasado 4 de abril, el Grupo Pesquera era rebautizado por su mujer y las tres hijas mencionadas como Familia Fernández Rivera, que presentaron una nueva imagen también en Madrid, el fundador de la empresa familiar se ha rodeado ahora de grandes personajes relacionados con el sector enológico para reivindicar su labor al frente de la empresa familiar durante 40 años.

La presentación del nuevo vino ha tenido lugar en el restaurante Coque de la céntrica calle Marqués de Riscal de la capital madrileña, el último abierto por los hermanos Sandoval y que cuenta con dos estrellas Michelin y tres soles Repsol.

El veterano bodeguero y viticultor mantiene varios frentes judiciales abiertos con su mujer y tres de sus hijas. En uno de ellos, Fernández pretende impedir que sigan utilizando su imagen sin su consentimiento para comercializar las distintas marcas de las cuatro bodegas: Tinto Pesquera, en Pesquera de Duero, en Valladolid; Condado de Haza, en Haza, Burgos: Dehesa La Granja, en Zamora, y El Vínculo, esta última en La Mancha. Paralelamente, sus hijas han presentado nueva imagen para los vinos, aunque el fundador de las bodegas consideran que son copias de las originales.

Sin embargo, el titular del Juzgado de Primera Instancia número 9 de Valladolid, Luis Carlos Tejedor Muñoz, decidió en el mes de febrero no conceder al bodeguero Alejandro Fernández las medidas cautelares solicitadas, previas al juicio que está previsto que se celebre el próximo 20 de junio. El viticultor presentó en diciembre de 2018 una demanda contra el Grupo Pesquera por utilizar su imagen en la web corporativa y en las redes sociales sin su permiso.

Mientras el demandante se siente perjudicado por el uso de su imagen para la comercialización de unos productos en los que él no ha participado en la elaboración desde que fue apartado de sus cargos, la parte demandada considera que la retirada de la imagen del fundador de la publicidad corporativa podría tener una repercusión muy negativa en el negocio de la compañía, debido a la identificación que existe entre los vinos del grupo y su fundador. Otro de los frentes judiciales abiertos tendrá que dirimir la propiedad de las marcas.

Al mismo tiempo, la Fiscalía de Valladolid remitió al juzgado la denuncia presentada por Alejandro Fernández contra el Grupo Pesquera por considerar que pueden existir indicios de ilegalidad por la vendimia a la fuerza llevaba a cabo por dos de sus hijas en la pasada campaña, que impidieron recoger las uvas a trabajadores de Matarromera a quienes su padre había vendido la producción.

Al parecer, sus hijas se llevaron las uvas, pero los más probable es que esos vinos no se puedan vender con las contraetiquetas del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero, puesto que el veterano viticultor alega que las tarjetas que acreditan esa potestad están a su nombre. Aún así, en aquel momento, el actual apoderado de la empresa, Clemente Rueda, esgrimió un contrato de arrendamiento y explotación que en opinión de Alejandro Fernández es ilegal. En este asunto en concreto podría haberse cometido un delito societario y otro de falsedad documental.