El Prado saca del purgatorio a Antonio María Esquivel

'La Virgen María, el Niño Jesús y el Espíritu Santo con ángeles en el fondo (1856)'. /Museo del Prado
'La Virgen María, el Niño Jesús y el Espíritu Santo con ángeles en el fondo (1856)'. / Museo del Prado

Reúne tres grandes obras religiosas del pintor romántico, olvidado maestro del resurgir barroco del siglo XIX

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

La mayor desgracia para un pintor es perder la vista. Y es lo que le ocurrió a Antonio María Esquivel (1806-1857), olvidado pintor romántico, maestro del resurgir de la pintura religiosa barroca a quien el Museo del Prado saca del purgatorio rescatando tres de sus obras primordiales. Una de ellas es 'La caída de Luzbel', que Esquivel realizó al superar su ceguera. Se exhibe hasta enero en la sala sala 60 de edificio Villanueva y por primera vez junto a otros dos grandes lienzos religiosos tan poco conocidos como sobresalientes en la trayectoria de Esquivel: 'El Salvador' y 'La Virgen María, el niño Jesús y el Espíritu Santo con ángeles en el fondo'.

Son un emblema del período romántico, cuando la pintura religiosa volvió a ser un género relevante en Europa. Los maestros del Siglo de Oro ejercían de nuevo su influencia en varios pintores españoles, especialmente en Sevilla, donde Esquivel destacó antes de instalarse en Madrid. Sólo la primera de la tres se había expuesto, por poco tiempo, en el Casón del Buen Retiro, y todas han sido restauradas con la colaboración de Fundación Iberdrola.

El conjunto «permite comprender los principios del estilo de este artista, fundador en buena medida de la pintura barroca andaluza de la que se consideraba su principal valedor, en oposición a otras tendencias que favorecían el dibujo frente al colorido», explicó Javier Barón, comisario de la exposición y Jefe de Conservación de Pintura del siglo XIX. Reúne tres obras de madurez «que muestran una formación académica atenta al estudio de la escultura antigua y la precisión anatómica».

'La caída de Luzbel' fue un regalo del pintor sevillano al Liceo de Madrid, en prueba de gratitud por la ayuda que la institución le prestó para curarse de la ceguera que padeció durante un año. «Esquivel intentó suicidarse dos veces mientras estuvo ciego. Conmovido, cuando recupera la vista, pinta un cuadro que simboliza el triunfo de la luz frente a las tinieblas, del bien sobre el mal. El ángel no va armado, es una metáfora de su vida», precisó Barón.

Casi desconocida y en depósito fuera del Prado hasta 2001, 'El Salvador se recupera tras una laboriosa y larga restauración. Esquivel enfatiza en esta tela «la anatomía del torso de Cristo» y en el tratamiento de los paños «hace destacar con solidez las figuras sobre los tonos dorados del fondo», dice el comisario. En 'La Virgen María....', «aúna referencias a Murillo, a la monumentalidad clásica y a la exactitud anatómica», plantea Barón de una pieza que estuvo en depósito hasta el año 2000 y que se restauró en 2011.

'La caída de Luzbel (arriba), retrato del ecritor José de Espronceda (izq.) y Autorretrato. / Museo del Prado

En 1856 participó en la Exposición Nacional en la que también figuró el 'Autorretrato' de Esquivel, el último de los que realizó y también presente en la exposición. «Su enorme interés por su propia imagen, mayor que el de ningún otro artista español de ese periodo, revela la estima y consideración que tenía del ejercicio de su profesión», apunta Barón. Muy vinculado a los escritores de su entorno, Esquivel pintó entre otros a José de Espronceda, el poeta más sobresaliente de su tiempo, cuyo retrato se presenta por vez primera en esta muestra.

Se cierra la exposición con el lienzo 'Una niña expirando en brazos de la Fe cristiana' y 'Tratado de Anatomía Pictórica', un manual de apoyo a la labor docente que desempeñó en la Academia de San Fernando, donde Esquivel ocupó la Cátedra de Anatomía Artística. Son dieciocho láminas litográficas realizadas por el pintor y su hijo Carlos María y toda una referencia para los artistas de la época.

 

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