Del canto 'isidoriano' y otros ritos

Carlos Núñez, Don Randel, Luis Delgado, Ismael Fernández de la Cuesta y Joaquín Díaz. /Henar Sastre
Carlos Núñez, Don Randel, Luis Delgado, Ismael Fernández de la Cuesta y Joaquín Díaz. / Henar Sastre

Ismael Fernández de la Fuente y Don M. Randel analizan las fuentes de la música medieval hispana en un simposio en la Real Academia de Bellas Artes

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑO

Son amigos desde 1964. Entonces Ismael Fernández de la Cuesta era monje benedictino de Silos, y Don M. Randel, musicólogo en fase doctoral. Llevan medio siglo cantando e indagando las fuentes de la música medieval hispana y ayer confrontaron sus puntos de vista en el simposio que, organizado por la Fundación Joaquín Díaz, se celebra en la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima. Tanto el encuentro académico como los conciertos de los viernes de noviembre en la catedral de Valladolid forman parte de la conmemoración del IX Centenario del fallecimiento del Conde Ansúrez, patrocinados por el Ayuntamiento.

La evolución del rito religioso, el paso del mozárabe al gregoriano, con sus códices y sus concilios, marca el desarrollo musical que acompaña esa liturgia. Ese es el hilo conductor al que se atienen los musicólogos. Ismael Fernández dibujó la expansión de la regla benedictina por la Hispania del siglo XI. «Antes de Cluny, hay un amalgama de normas. Envían un reformador a cada monasterio aunque no siempre se impone el cambio de rito de manera inminente», aclara el especialista burgalés. Por ejemplo, Santo Domingo, monje riojano, es enviado a Silos donde muere en 1073 y «en 1081 se escribe su biografía y no se menciona el cambio de rito. Lo que sí está claro es la distinta liturgia en monasterios y en catedrales. La Regla de San Benito solo habla del orden monástico y marca tres oficios: vísperas, maitines y la misa. Los salmos siguen la Biblia y se canta al modo antifonal (dos partes del coro que se dan réplica) y responsorial». El responsable del éxito internacional del Coro de Silos reconoce que aunque el canto mozárabe se sustituyó por el gregoriano «se siguieron 'copiando' códices anteriores». Copiar en el medievo es transcribir, «poner sobre el pergamino lo que se conoce de memoria, por transmisión oral». Fernández es un gran defensor de la tradición oral, incluso apunta a sus amigos académicos de la RAE que olvidan el patrimonio dicho y se centran en la 'litera', en lo escrito. En este punto es en el que discrepan los dos amigos.

Para el estadounidense Don Randel, la liturgia en España desde el año 600 «está demasiado desarrollada» como para que se trate de una transmisión oral. «Son obras que implican una actitud de composición, de relación del texto y la música, de una unidad al servicio de dar a conocer las Sagradas Escrituras, como en el resto de las artes». Randel pone en cuestión la atribución de un papel decisivo en el canto gregoriano a San Gregorio, papa entre 590 y 604. «En España en torno al año 600 la liturgia está completa musicalmente. No hay códices pero sí escritos de San Isidoro en los que se describe la liturgia, el papel de los cantores, manuscritos de antifonarios. Difunden el nuevo rito en monasterios y catedrales y además en cada iglesia nueva que se establece, se lleva un libro para cantar lo mismo que en el resto de España». De marcas aquitanas a neumas, de encuentros de manuscritos musicales en insospechados lugares, de la pena de que el legado de Federico Olmeda esté sin catalogar en la Hispanic Society de Nueva York, se habló también ayer.

Este viernes, a las 20:00, el concierto en la catedral a cargo de Los Músicos de Urueña clausura el ciclo.

 

Fotos

Vídeos