Manuel Vilas comparte su herencia literaria más enigmática en la Feria del Libro de Valladolid

Manuel Vilas, ayer en las casetas de la Plaza Mayor. /Gabriel Villamil
Manuel Vilas, ayer en las casetas de la Plaza Mayor. / Gabriel Villamil

El escritor presentó su libro autobiográfico 'Ordesa', un viaje a la juventud y al recuerdo cargado de melancolía y desahogo

SAMUEL REGUEIRAValladolid

«Si mi padre hubiera ido a la escuela, hubiera sido un gran lector», manifestó ayer Manuel Vilas en la Feria del Libro. En un momento dado, cerca del fin de la década de los sesenta, a aquel hombre le dio por comprarse, probablemente a oídas de que esos libros fueran de los más importantes volúmenes de la literatura reciente, las obras completas de Franz Kafka. Al morir, fue una de las pocas cosas que la madre de Manuel Vilas no tiró, y así fue cómo el hijo terminó leyendo aquello de lo que se procuró el padre.

Esta enigmática herencia supone todo un símbolo de lo que fue una generación concreta de la historia de España. Sobre estas disquisiciones navegó ayer su encuentro en el Teatro Zorrilla a propósito de la novela 'Ordesa', un viaje a la juventud y al recuerdo de unos progenitores ya fallecidos cargado de tristeza y melancolía, pero también de cariño y de un desahogo necesario. El acto estuvo conducido por el periodista Francisco Alcántara, de Radio Nacional.

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«Comparto esta perplejidad de otros autores, que han sido hijos de una clase más baja», manifestó Vilas a propósito de su familia obrera; y puso de ejemplo a Luis Landero ('El balcón en invierno') y subrayó que «ser consciente de esta importancia merecía ser dicho y contado en un libro».

Pero 'Ordesa' mezcla dos historias, la individual y la colectiva, «y no resulta posible realizar una evocación sin el contexto en el que se enmarca», declaró ante la prensa minutos antes del comienzo de este encuentro. De este modo, explica su propia vida y a la vez el sentir común de toda su generación, las familias de todos a través de la suya, mediante «un canto de amor, un homenaje o una polifonía», en palabras de Alcántara.

La idea de esta novela surge a partir de la muerte de la madre de Vilas, en 2004; «un episodio de gran emotividad, dolor, tristeza y nostalgia, que en vez de sufrir en soledad o de forzarme a acudir al psiquiatra me hizo escribir un libro». Esta catarsis le permite reflexionar sobre cómo los padres de los nacidos en los sesenta se han esforzado en que él y sus coetáneos vivieran mejor, pero estos, de cara a sus hijos, se conforman con que no vivan peor: «Ha sido culpa de una crisis que ha desmoralizado mucho a la sociedad española, y aún a día de hoy seguimos viendo con perplejidad que nada se ha resuelto, en absoluto».

El título del libro, 'Ordesa', evoca a su vez lo que Vilas llama su «primera vez en ser consciente de que comenzaba el tiempo», el lugar de la zona pirenaica donde un pinchazo del Seat 850 blanco de su padre le hizo detenerse a contemplar el hotel de carretera que supondría el inicio de sus memorias, tal y como relata en el capítulo 142 del libro. «Son esas pequeñas anécdotas las que más nos marcan».

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