Literatura para todas las personas

Una sesión del club de lectura de la Biblioteca de Castilla y León con miembros de la Fundación Personas y del Centro Padre Zegrí. /Henar Sastre
Una sesión del club de lectura de la Biblioteca de Castilla y León con miembros de la Fundación Personas y del Centro Padre Zegrí. / Henar Sastre

Los clubes de lectura fácil de la Biblioteca de Castilla y León incluyen dinámicas orientadas a gente con angustia psicológica y usuarios con discapacidad intelectual

SAMUEL REGUEIRAValladolid

A punto de comenzar la sesión de lectura, el nerviosismo y el entusiasmo les resulta difícil de ocultar. Muchos sonríen, palmotean, se remueven con inquietud, arrastrando las patas de sus sillas por el suelo, algunos hasta gritan... No es para menos. Las dinámicas del club de lectura fácil orientado a personas con discapacidad intelectual que organiza la Biblioteca de Castilla y León suponen, para estos usuarios, un soplo de aire fresco en sus vidas. Les ayuda a construir y a sentirse parte de una comunidad, les acerca la cultura en uno de los formatos, la literatura, que más dificultad les suscita, y les permite expresarse y crear un animado debate donde ejercitan la empatía, la comprensión lectora y, un poquito también, la composición de argumentos en sus alegatos más apasionados.

Cada quince días se han venido reuniendo las distintas personas integrantes de este grupo, compuesto por usuarios de la Fundación Personas Valladolid y el Centro Especial Padre Zegrí. Sus sesiones se dividen en tres partes, como ellos mismos explican colectivamente: «Lo... lo primero que hacemos es leer», indica Beatriz. «Y luego comentamos lo que leemos», apunta, tras unos instantes, Maribel. Ana completa la explicación: «Al final nos escuchamos entre todos». Con muchas pausas y ninguna prisa han leído, a lo largo del pasado curso, versiones adaptadas a la lectura fácil de 'Don Juan Tenorio', de José Zorrilla; o de algunos cuentos de Unamuno como 'En manos de la cocinera', 'Al correr de los años' y 'El sencillo don Rafael, cazador y tresillista'. «Como bien dice la palabra, es un juego de cartas», aclara Paco.

La lectura en voz alta bien puede parecer lenta y atropellada a oídos de la persona sin limitaciones funcionales, pero la ilusión invertida poco o nada tiene que envidiar a la del bibliófilo en sus plenas capacidades psíquicas. Muchos de los integrantes del club necesitan ayuda de sus dedos para seguir la lectura y, si es su turno para entonar, la dinamizadora desde atrás se encarga de apoyarles en los momentos que más puedan necesitarlo. En diversas ocasiones, el fluir narrativo se detiene para tratar de definir una palabra más compleja, una suerte de improvisado diccionario colectivo que siempre deviene en disquisiciones filosóficas tan profundas como dignas del autor de 'Del sentimiento trágico de la vida'.

«¿Qué significa 'frustrado'?», pregunta la dinamizadora. Víctor se atreve a brindar una respuesta: «Cuando hay momentos importantes en la vida que son dolorosos». Todos parecen estar de acuerdo. «¡Pero también hay momentos importantes en la vida que son buenos!», replica, súbitamente, una compañera. Víctor parece pensárselo un momento, y finalmente se encoge de hombros. «O menos dolorosos».

Logros

Otro de los clubes de lectura fácil que alberga la Biblioteca de Castilla y León viene compuesto por personas aquejadas de angustia psicológica y emocional, dentro de lo que hoy se enmarca dentro del concepto 'salud mental' y que sufren, aquejados como pocos, los estragos de un lenguaje perverso que ha estigmatizado los términos 'locura' y 'enfermos mentales'. Diez integrantes escuchan a su undécimo compañero, Rafael, recitar como en una salmodia la misma lectura unamuniana que el grupo anterior, protagonizada por el tresillero homónimo del orador. Las lecturas de este grupo, compuesto por usuarios de la Fundación Intras, se percibe, son más fluidas, pero en palabras de la coordinadora Soledad Carnicer, «para ellos cada logro es enorme, el esfuerzo que invierten es inmenso y aun así ahí siguen, un poquito por debajo». Tiene Rafael una llamativa muletilla que le hace repetir dos veces el mismo concepto al final de cada intervención; una costumbre que, con la lectura, le desaparece por completo.

Una de las sesiones de lectura.
Una de las sesiones de lectura. / Henar Sastre

Muchos de estos miembros llevan más de cuatro años asistiendo a estas dinámicas, leyendo en comunidad entre dos y tres libros al año: desde contemporáneos libros nacionales como 'Trampa de fuego' de Nuria Martí o el recientemente incorporado 'Jerjes conquista el mar' de Óscar Esquivias hasta clásicos universales como 'Romeo y Julieta', 'La gitanilla', 'La vuelta al mundo en ochenta días' o 'Moby Dick', de los que también ven las películas a partir del fondo de la hemeroteca del centro de préstamo: «Con Gregory Peck, con Gregory Peck», recuerda Rafael.

«Hay un rollo muy bonito», afirma Enrique, mientras Fernando y Celia asienten. «Aquí venimos y lo pasamos bien», completa ella. Hay cuórum en el efecto casi terapéutico que tienen estas reuniones para quien necesita, como pocas personas, sentirse en comunidad: «Nos cuesta mucho leer solos, pero aquí es más divertido», confiesa Virginia.

A la salida de la sesión, los dos grupos tratan de recordar aquellas lecturas que más han disfrutado. «Es muy divertida 'La vuelta al mundo'; hace una apuesta con sus colegas y viaja por distintod países». «'Don Juan Tenorio' es de un escritor vallisoletano aunque era un conquistador y muy mal bicho». Uno de ellos, Abraham, del primer grupo, sorprende al resto: «El mío es 'Harry Potter y el legado maldito'». El título aún no ha sido adaptado a la lectura fácil. Abraham mantiene una sonrisa pícara, atrevida, mientras los demás no consiguen disimular el asombro. Lola, del segundo grupo, es finalmente quien resuelve la gran pregunta formulada antes: «Lo importante de todo esto es que tienes compañía, ves otras caras y nos ayudamos entre nosotros. Es lo que hace que esto, realmente, merezca la pena».

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