Un silencio espeso

«Un silencio de quienes saben que su progreso, su supervivencia, su carrera, en definitiva, dependen de rendir pleitesía a quien ostenta el poder. El silencio de una pesada losa de clientelismo. Losa producida por años de poder omnímodo. Un poder que ha eliminado barreras entre partido y administración»

Un silencio espeso
JOSÉ IBARROLA
El Norte
EL NORTEValladolid

Un silencio espeso y denso se cierne sobre la comunidad. Un silencio que afecta a partidos políticos, cargos electos, empresarios y personajes públicos de toda condición. Un verano distinto el de este año. Un verano en el que han salido a la luz algunos miedos, algunas vergüenzas y algunas rendiciones conocidas por todos. ¿Quién no lo sabía? ¿Quién no conocía los usos y costumbres de algunos medios de comunicación locales? ¿Quién podría decir con honestidad que le pilló de sorpresa? ¿Nos faltaban las pruebas y las grabaciones? ¿Nos faltaba tener esas transcripciones? Transcripciones tan vergonzantes como estas que les adjunto:

-A. (Hija de U. y administradora de 'El Mundo Castilla y León'): «Le he dicho [al presidente de la Diputación de León] que mi padre estaba muy enfadado».

-JL Ulibarri: «Pues claro que lo estoy», «que mire el contrato, se lo ha dado a otro», «estaré contento con el alcalde que nos lo hemos llevado nosotros».

O esa otra entre Ángel y Arsenio ( dos concejales del PP de Astorga): «Oye, ya vi que el 'Diario de León' ha empezado a arrearle a Juan y a Majo (...) Hubo un contrato muy importante y Ulibarri quería entrar ahí (…) y por qué no salen y lo denuncian, si lo denunciaran este tío estaba muerto (...) «Chantaje». «Sí, sí»: «Y ahora a hostia limpia con él y con el que pille».

O esa, enternecedora y temblorosa, confesión de un alcalde del PSOE al propio Ulibarri: «Quiero que sepa que yo no le fallé», «cuando me entrego, me entrego entero», «no quiero que piense mal de mí» [porque no le han podido adjudicar un contrato de basuras].

Y así sucesivamente. Una detrás de otra. Esas conversaciones demuestran el miedo que invadía, y que invade, a gran parte de la clase política en nuestra región. Un miedo que les ha obligado a mirar para otro lado. Un temor que les obliga a no pronunciar su nombre. Un miedo que hace que, aún hoy, sigan acudiendo a sus fiestas en el barco del Misisipí. ¡Qué apropiado tener un barco de tahúres como sede social para sus fiestas! Vaya por delante mi respeto más absoluto para los profesionales que trabajan en esos medios. Les conozco a muchos y me consta que son buenos profesionales. Profesionales en un medio que no pueden abandonar por falta de oportunidades. A nadie puede exigírsele el heroísmo. Nadie debería de elegir en este país entre el hambre o la libertad. Mucho menos cuando todos miran para otro lado. Lo que no hacemos los políticos, ¿por qué habrían de hacerlo los periodistas? Si nosotros no nos atrevemos, ¿por qué habrían de hacerlo ellos? A nosotros, al fin y al cabo, lo más que nos pasa es que nos dediquen unos editoriales, o que aireen algo de basura que habrán encontrado revolviendo en el contenedor.

Pero ese silencio no es exclusivo. Es el mismo silencio espeso que recorre una administración dominada durante más de 30 años por un mismo partido. Es el mismo silencio que recorre a gran parte del empresariado, la que vive de los contratos de la administración. Es el mismo silencio que atraviesa las paredes de hospitales y diputaciones. Un silencio de quienes saben que su progreso, su supervivencia, su carrera, en definitiva, dependen de rendir pleitesía a quien ostenta el poder. El silencio de una pesada losa de clientelismo. Losa producida por años de poder omnímodo. Un poder que ha eliminado barreras entre partido y administración. Granito tallado durante lustros de arbitrariedad, de ausencia de rendición de cuentas, de vacío de igualdad, de ignorar el mérito y la capacidad. Un silencio que ha comenzado a romperse. Un silencio que ha de tornarse en canto de libertad, no en grito airado de venganza, no en aullido de rencor. Ha de convertirse en el himno que alegre la aridez de estas tierras.

Es posible ser libre, señores. Es posible no humillarse y es posible hacerlo sin violencia y sin odio. Solo hay que enseñarles que el verdadero poder está en las manos de ustedes. En esas manos que, cada cuatro años, deciden si quieren ser libres o si quieren continuar navegando en la niebla y el silencio. El espeso silencio de los corderos. No les pido que peleen con ellos, solo les pido que los dejen atrás. Como quien se levanta de una larga noche de pesadillas.