Desde Menorca a Valladolid en avión-ambulancia para salvar la vida

Jaime accede a la ambulancia en el Río Hortega para su traslado a Villanubla. :: /Henar Sastre
Jaime accede a la ambulancia en el Río Hortega para su traslado a Villanubla. :: / Henar Sastre

El Río Hortega trata a un paciente de Baleares que requería una intervención endoscópica muy especializada

Ana Santiago
ANA SANTIAGO

Una obstrucción muy grave de páncreas abocaba a Jaime a un difícil destino con solo un 50% de posibilidades de sobrevivir con tratamientos farmacológicos y durante meses y de un 15% con una cirugía tradicional. Y la colaboración autonómica funcionó. La intervención que necesitaba este hombre, de 54 años, y residente en Mahón, en Menorca apenas podían facilitársela un par de hospitales que en España puedan ser reconocidos como auténticos referentes en esta superespecialización. En Barcelona, un destino mucho más habitual para pacientes de Baleares con necesidades médicas más avanzadas que la oferta de las islas, y en Valladolid.El primero con experiencia más limitada en este campo. De ahí, que el Río Hortega, en concreto su Unidad de Endoscopia, fue el destino necesario para Jaime Luis Couceiro Ángel.

La decisión de un traslado de estas características, de compleja logística entre comunidades, depende del equipo médico que lo trataba en el Hospital Mateu Orfila de Mahón, que lo solicite y se lo acepte la sanidad pública balear, ya que debe costear la mayor parte de los gastos, y del receptor, del Río Hortega, porque además de buenas manos especializadas pone dotaciones. No hubo dudas, es la grandeza de la sanidad pública, no depende de recursos económicos del paciente, no hay distancias, solo el interés por salvar una vida. Y así llegó a Valladolid, derivado por el doctor Paul García y acompañado de un equipo sanitario con médico y enfermera, además de piloto y copiloto, el pasado martes el avión medicalizado que los trasladaba. Aterrizó en el aeropuerto militar de Villanubla desde donde fue trasladado en ambulancia hasta el complejo asistencial vallisoletano. Un aparato, toda una ambulancia, habituado a trasladar pacientes entre las islas y con frecuencia también a Barcelona. Fue intervenido al día siguiente, «unos 40 minutos de intervención, con sedación, que resultó fácil, sin complicaciones y con muy buen resultado», explica el director de la unidad y especialista en Aparato Digestivo, Manuel Pérez-Miranda.

Jaime llevaba más de un mes sin poder comer, con alimentación parenteral desde que ingresó en el hospital menorquín el pasado día 14 de diciembre e hizo su última comida al día siguiente. Su páncreas no funcionaba. Era necesario practicarle una CPRE (colangiopancreatografía retrógrada endoscópica), un procedimiento para examinar los conductos biliares a través de un endoscopio y corregir obstrucciones o roturas y «no exenta de riesgo», destaca el doctor Pérez-Miranda.

Este especialista explica la intervención a la que fue sometido Jaime:«Consiste en introducir por la boca un endoscopio hasta la desembocadura de las vías biliares y pancreáticas en el intestino y con un catéter se extraen por ejemplo piedras del conducto o se ponen prótesis para salvar una obstrucción o una rotura. En el caso de Jaime, eran las dos cosas porque al obstruirse se rompe y en vez de seguir su curso natural busca salida hacia el colon y provoca una fístula y un bypass anómalo con consecuencias terribles», describe. El caso de este hombre, por cierto palentino de nacimiento aunque se lo llevaron a los cuatro años a vivir a Barcelona, «es muy raro, es único en España y habrá menos de cinco en todo el mundo. Ese proceso de inflamación pancreática crónica que obstruye así el conducto e impide a las secreciones llegar al duodeno... es un problema complicado. Nosotros lo desatascamos, somos como un fontanero que libera una tubería que lleva tóxicos (enzimas) que provocan fístulas y sangrados graves».

Todo salió bien y Jaime pudo volver a casa el viernes, no sin antes haber probado su primera comida y líquidos en el Río Hortega. El mismo avión-ambulancia lo devolvió al hospital de Mahón donde permanecerá unos días ingresado y también se encargará del seguimiento posterior que requiere este tipo de intervenciones. De nuevo, Villanubla lo vio despegar poco después del mediodía. Esta vez, sin despegarse de su maleta. Y es que Jaime cuenta que cuando llegó al aeropuerto vallisoletano, ya en la ambulancia para su traslado al hospital, descubrió que «mis enseres se habían quedado en el avión y ya estaba a punto de despegar cuando el equipo de Valladolid que me acompañaba lo hizo parar». Una anécdota que este risueño paciente contaba desde la felicidad de saberse a salvo y de ser consciente de que su salud estaba seriamente amenazada. Con un cuerpo verdaderamente enjuto, ya era delgado y ha perdido 15 kilos en el último mes, se despedía sonriente, agradecido y satisfecho deseando volver a abrazar a su hija de 12 años.

Un mal trago superado «que no tiene porqué repetirse ni presentar más problemas», explica el doctor Pérez-Miranda, también presidente de la sociedad científica de su especialidad, de la SEED.

El de Jaime no es el primer caso complicado que le llega a la Unidad de Endoscopia de Valladolid, este departamento está habituado a pacientes complicados e intervenciones muy especializadas del resto de comunidades, un centro que es todo un referente en España desde sus inicios «cuando el doctor Mañueco lo puso en marcha en 1981 entonces el volumen era de 150 CPRE ahora se ha multiplicado casi por diez», añade este especialista.

El Servicio de Digestivo cuenta con un equipo de 15 médicos en plantilla y otros 10 en formación, no solo residentes sino de otros programas; además del personal de enfermería, auxiliares y celadores «todos muy comprometidos, muy dedicados a la atención de los pacientes». Una plantilla amplia «que permite una dedicación monográfica más especializada, también para enfermedades hepáticas y trasplante; aunque la técnica CPRE en concreto solo lo hacemos tres, Carlos de la Serna, Paula Gil Simón y yo. Es una técnica complicada, con sus complicaciones e, incluso, puede haber mortalidad pero más difícil que con la cirugía».

La pancreatitis, añade, «es un problema de salud bastante frecuente, con más de doscientos pacientes anuales en Valladolid entre los agudos y los crónicos. Sus causas son variadas, cálculos, por toxicidad por alcohol o más excepcionalmente por medicamentos y, menos frecuente, por procesos hereditarios de origen genético e inmunológico», explica.

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