La Granja recupera a Farinelli, impulsor de la ópera en España

Joan Tarrida (i) y Jesús Ruiz Mantilla conversan en el evento del Hay Festival en la Granja de San Ildefonso.
Joan Tarrida (i) y Jesús Ruiz Mantilla conversan en el evento del Hay Festival en la Granja de San Ildefonso. / Antonio Tanarro

El castrato sacó al rey Felipe V de una depresión durante su estancia en el Palacio Real de La Granja

CLAUDIA CARRASCAL Segovia

La pura y dulce voz del castrato más famoso de la historia, Carlo Broschi "Farinelli" (1705-1782), su historia y sus dotes tanto sociales como musicales cautivaron la atención de los asistentes que este domingo abarrotaron la Casa de las Flores del Palacio Real de La Granja (Segovia). La segunda jornada del Hay Festival se trasladó a este real sitio con el fin de recordar los 22 años de estancia del introductor de la ópera italiana en España. Reclamado por la reina Isabel de Farnesio acudió en 1738 al Palacio de La Granja para sacar de una profunda depresión al monarca Felipe V. Consiguió aliviar la tristeza del rey con tan solo cinco arias, tanto le entusiasmaron que no solo consiguieron sacarle de la cama, sino que quiso escucharlas todas las noches durante nueve años. Además, de lograr que Felipe V retomara las riendas de su reinado se ganó su confianza y se convirtió en su cantante y mayordomo personal.

El escritor y periodista Jesús Ruiz Mantilla, autor de ‘Yo, Farinelli, el capón’ conversó con el editor de Galaxia Gutenberg, Joan Tarrida, no solo acerca de la influencia de Farinelli y su papel en la ópera, sino también del carácter cosmopolita y abierto de la sociedad del siglo XVIII. «Esta época es un cruce al que hay que volver para abrir la mentalidad de las personas del siglo XXI. En estos años, la gente viaja, conoce, siente y se hace partícipe de los lugares en los que está, sin juzgar, solo describen con una mentalidad fantástica. Es una Ilustración en pañales», relató. Para escribir esta obra, que publicó en 2007 y que ahora recupera dentro del acuerdo que tiene con la editorial Galaxia Gutenberg, ha tenido que empaparse y trasladarse a la forma de pensar y de actuar de este siglo. Para escribir en primera persona ‘Yo, Farinelli, el capón’ tuvo que interpretar un papel y despojarse del escritor que era. También tuvo que leer decenas de artículos y libros de la época como los del poeta y libretista italiano Lorenzo da Ponte o los del escritor, historiador y abogado francés Voltaire.

El escritor hizo un repaso ante el atento público de la vida de Farinelli desde sus inicios en Nápoles, cantera de cantantes intérpretes y compositores y foco de creación de la ópera, hasta su éxito en Venecia. Su hermano el compositor Riccardo Broschi decidió castrar a Farinelli ante las dificultades económicas que estaban pasando tras la muerte de su padre. En la época para los niños con buena voz la castración era «una oportunidad de sobrevivir, e incluso, para hacerse ricos si les salía bien», explicó. En las pocas alusiones que hay de Farinelli en los libros de la época nadie hablaba mal de él, advierte Ruiz. Le define como una persona cortés, educada, que nunca subía la voz de tono, justo al contrario que la mayoría de los castratos de la época que solían ser repugnantes y caprichosos, aseguró.

Farinelli también pasó por Múnich y Viena, donde una gripe que casi le hace perder la vida le abrió los ojos e hizo que su forma de cantar se humanizara. En Londres consolidó su carrera llegando a cobrar 5.000 libras al año por cantar y convirtiéndose así en uno de los castratos mejor pagados del mundo. Durante su estancia en la corte real española, donde pasó su última etapa profesional, no solo sirvió a Felipe V y Fernando VI sino que aprovechó su influencia para hacer de empresario cultural y dar a conocer la ópera en el país. Un hecho por el que apenas ha sido reconocido, indicó Ruiz Mantilla, quien lamenta el trato que se da en España a la historia y al pasado. Asimismo, calificó de injusticia que no tenga ni en Madrid ni en ningún otro rincón del país una plaza estatua o calle que rememore la estancia de Farinelli en el país.

Por último, el autor se refirió a las enseñanzas que le ha aportado la documentación y elaboración de esta obra, entre las que destacó «la grandeza del divismo, entendido como signo de calidad para marcar la diferencia y no como egocentrismo repelente». También hizo hincapié en las facilidades y el respeto que rodea a los conciertos de ópera de nuestros días en comparación con el siglo XVIII. «El ambiente no era tan saludable, era más parecido a una verbena en la que el público respondía a los impulsos primitivos de forma salvaje, hasta el punto de que solo la supremacía artística podía imponer el silencio», indicó.

Un concierto de dos piezas barrocas a cargo de Helena Poggio, violonchelista del Cuarteto Quiroga ha cerrado este evento que forma parte del cerca de centenar de encuentros entre literatos, políticos, filósofos, artistas o científicos que tendrán lugar en algunos de los lugares más emblemáticos de Segovia hasta el próximo 24 de septiembre.

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