El Norte de Castilla

Tradición taurina desde el XVIII

Encierro en Vallelado, el año pasado.
Encierro en Vallelado, el año pasado. / C. C.
  • El primer documento en el que aparecen los toros en las fiestas de la Exaltación de la Santa Cruz data de 1736

Los vecinos más jóvenes los recuerdan desde siempre, los ya un poco maduros recuerdan la recuperación de los encierros camperos, y los mayores recuerdan cómo, salvo en algunos años puntuales en que las circunstancias obligaron a su suspensión, han sido una constante de la programación festiva en honor a la Exaltación de la Santa Cruz. Y es que los toros en Vallelado han sido una constante a lo largo de la historia en sus fiestas mayores de septiembre.

Vallelado, como lugar perteneciente a la Tierra de la Antigua Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar, cuyas ordenanzas del año 1499 ya hablan de encierros de toros en la villa, aunque en menor medida, ha tenido y mantiene costumbres comunes a la mayoría de los pueblos que la forman y en el caso de la tradición de celebrar ciertas festividades religiosas con espectáculos de toros tiene su arraigo y se ha trasmitió de generación en generación hasta nuestros días.

De hecho, aunque la creencia popular entre muchos vecinos es que la celebración de las fiestas de la Exaltación de la Santa Cruz con encierros de toros es una costumbre que se originó en los años 40 del pasado siglo XX, dicha tradición es mucho más antigua de esa fecha de referencia, celebrándose como es lógico con algunas variaciones y sobre todo dependiendo de las circunstancias de cada momento desde la primera mitad del siglo XVIII. De hecho, el primer documento escrito en el que se indica la celebración de encierros y espectáculos con toros o novillos en Vallelado data del año 1736, siendo alcalde Antonio Fraile. Con este antecedente resulta casi imposible concebir hoy en día las fiestas valleladense en honor a la Exaltación de la Santa Cruz sin que estas tengan como telón de fondo los festejos taurinos de diversos tipos y los astados como protagonistas.

Antaño, al igual que ocurre hoy en día, estos festejos originaban una serie de gastos a los que tenía que hacer frente el municipio; es por ello que en los años difíciles, cuando se perdía cosecha, a causa de epidemias o enfermedades era imposible la celebración de estas fiestas, de ahí que haya años en los que se decidió sus suspensión como así esta constatado. Véase el año 1885, cundo la gran epidemia de cólera morbo asoló la provincia y la comarca; o algo más recientemente en el tiempo, el fatídico año 1945, popularmente conocido como ‘Año de la Helada’, siendo alcalde Vicente Álvarez Baeza, cuando una gran helada destruyó y asoló todos los cultivos.

Otro recorrido

Ayer, como hasta hace dos años en que se decidió modificar el recorrido campero, era costumbre conducir los toros desde los corrales situados en el pinar junto al río Cega hasta alguna de las plazas del pueblo, primeramente construida con tablados en los que colaboraban todos los vecinos; después en una portátil, años más tarde en un ruedo preparado con vallas y remolques, y finalmente de nuevo en un coso portátil.

Encierros que durante muchos años, en los que salvo excepciones como la de la cercana villa de Cuéllar, donde los encierros camperos se mantuvieron inalterables, en Vallelado se celebraron por la mañana temprano únicamente por un recorrido urbano, reuniéndose la gente por toda la carretera abajo hasta la entrada del pueblo, por donde debían venir los toros transportados en camión desde la ganadería, para posteriormente soltarles por las diversas calles del encierro.

Así fue hasta que el año 1986, siendo alcalde José Luis Fraile Gutiérrez, el Ayuntamiento decide volver a celebrar los encierros por el campo como se hacía antiguamente. Encierros por el campo que tres décadas después continúan realizándose las mañanas festivas del sábado y el domingo y constituyen uno de los platos fuertes del programa, junto con los encierros urbanos de medianoche del viernes y sábado festivos, en los que se dan cita varios miles de personas de toda la comarca, a los que se suman de igual forma otros dos espectáculos taurinos vespertino que tienen como escenario el coso, la tradicional novillada de rejones y de unos años a esta parte el concurso de cortes de novillos que suplió a la acostumbrada novillada de promoción que algún año estuvo aderezada con la presencia de algún ya destacado torero.