La 'Carmen' herida de Spinosi

Jean-Christophe Spinosi. /Henar Sastre
Jean-Christophe Spinosi. / Henar Sastre

El director francés aborda la ópera de Bizet con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León en el último concierto de abono de este año y la próxima semana, de gira por Francia

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑO

La ópera francesa más famosa, la que más ‘hit parades’ guarda en su partitura, la que puso en el mapa musical al ‘Mozart francés’ aunque no tuvo ocasión de gozar de su gloria. Todo eso es la ‘Carmen’ de Bizet que llega mañana al auditorio Miguel Delibes en el quinto concierto de abono de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Será dirigida por Jean-Christophe Spinosi quien, como el compositor y el inspirador literario, Mérimée, tiene una especial querencia por España. Además trae a músicos de su orquesta, el Ensemble Matheus, y contará con los coros de la región y uno de niños, la Escolanía Puericantores de La Enseñanza. Las voces solistas serán las de Dara Savoniva, que encarnará a una Carmen muy báltica en su aspecto externo, Migran Agadzhanyan, un Don José moreno latizo, Ekaterina Bakanova será Micaela e Igor Onishchenko, un barítono al servicio de Escamillo.

«Bizet pone música a un arquetipo de española visto por un francés del XIX. Aún no siendo un compositor español captura los colores de aquí. Esta ópera es una declaración de amor hacia España, que suscribo», afirma Spinosi, un director habitual en el Delibes y que, a pesar de los años que va cumpliendo, sigue siendo un inquieto hablador que apenas domina sus pensamientos. Si esta entrevista fuera radiada, la mitad del tiempo sería la voz cascada por el viaje y el cansancio del corso cantando distintas arias.

«Cuando empieza esta ópera Carmen ya ha sido herida de amor, su comportamiento está determinado por eso pero no nació así. Ya solo quiere el sabor, la energía, el placer, no más. Ella sabe que el amor es un arma de destrucción masiva, por eso se protege, se pone a resguardo de la pasión», explica Spinosi que se lanza mezclando lenguas. Su visión del personaje la sustenta la música, el cromatismo elegido por Bizet «quien sabía muy bien cuándo y cómo provocar emoción y cuándo hacer música meramente estética. En la famosa habanera, que habitualmente se interpreta como una especie de strip-tease seductor, Bizet elige una escala descendente. Ella ofrece una lección de vida a los jóvenes que la rodean y la desean. Les dice que ‘el amor es un pájaro rebelde, que nadie puede enjaular, y es vano llamarlo, si él prefiere rehusar’. Enamorarse es una catástrofe pero ¡ay amigo! si lo pruebas, es tan bueno... Es el mismo mensaje que la canción ‘Hotel California’, de los Eagles, una parábola sobre las drogas, el amor es una droga». La habanera fue una cita casi idéntica que Bizet hace de ‘El arreglito’, de Sebastián Iradier.

De la novela al libreto

Por Carmen se pierde Don José, enamorado de Micaela, que acaba perdiendo su casaca de brigada y su empleo en el ejército. El navarro se vuelve loco, «tanto que a veces parece una voz más del coro de niños, por su inmadurez, por su ingenuidad», apunta el director. Pero frente al granuja de Escamillo, el bandolero con el que Mérimée casa a Carmen, el ingenuo y la ‘femme fatale’ están «en el mismo bando, solo que se encuentran a destiempo. Para Escamillo Carmen era una trofeo, para José, una pasión». Ese desajuste temporal que deviene en tragedia está precedido de «unos dúos entre José y Carmen que son muy pobres musicalmente, es una broma intencionada de Bizet. Son diálogos cortos, bonitos y superficiales».

Bizet (1838-1875) vivió como Cervantes con el anhelo de triunfar en el teatro, más exactamente en la ópera donde se reponían a los clásicos pero apenas se estrenaban obras contemporáneas. Estaba convencido de que la ópera necesitaba nuevos guiones. Ypor ello se implicó en el libreto de Henri Melhac y Ludovic Halévy. La novela de Mérimée podía resultar demasiado explícita para los hábitos burgueses del momento y suavizaron la bravura de la gitana otorgándole el oficio de cigarrera, al bandolero Escamillo le vistieron de torero. Bizet vivía en el París de Lautrec, Degas, Guatier, Verlaine o Satie. Y acabó por componer una ‘Carmen’ para la ópera cómica, es decir con partes habladas, que tuvo una segunda versión operística dramática, con los diálogos convertidos en recitativos. «Había una fascinación por lo lejano, por lo misterioso, daba igual España o la India. Cuando Bizet fue a estrenar ‘Los pescadores de perlas’, que debía transcurrir en Ceilán, le cambiaron el decorado. Esas fantasías exóticas envuelven muy bien las historias de amor. Queremos enamorarnos de alguien distinto a nosotros» dice quien distingue entre «ir a la ópera» e «ir a ‘Carmen’», pero ya está todo vendido.

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