«Se han vengado bien de Mari», dicen los vecinos de la mujer muerta amordazada en la Circular

Agentes de Policía junto a operarios del servicio forense trasladan el cadáver de la mujer en la Plaza Circular de Valladolid. / Gabriel Villamil

La víctima, que «jamás abría la puerta a nadie», sufrió un atraco frustrado en la casa hace cuatro años

J. Sanz
J. SANZValladolid

«Mi madre jamás abría la puerta a nadie», lamentaba una de las hijas de María A. M., 'Mari', de 73 años, a las puertas del bloque de viviendas del número 9 de la plaza de la Circular, donde fue hallado su cuerpo a las 15:45 horas de ayer por sus familiares y los policías locales que acudieron al domicilio del primer piso alertados por que no respondía a sus llamadas. La víctima estaba tendida en su interior, ya sin vida, y «amordazada con cinta americana» que le cubría buena parte de la cabeza. La vivienda estaba literalmente «patas arriba» como resultado de un aparente robo con violencia que acabó en homicidio en las horas previas al hallazgo del cadáver. La ausencia de más signos aparentes de violencia en el cuerpo lleva a los investigadores a barajar la asfixia, o un posible infarto, como causa probable de la muerte.

«Se han vengado bien de Mari», apuntaron abiertamente vecinos, allegados y familiares de la víctima en alusión a que sufrió un atraco prácticamente idéntico en el mismo escenario hace cuatro años. «Ella siempre contaba que en aquella ocasión se defendió y que los ladrones no se llevaron ni un duro» a pesar de que, al parecer, también pudieron llegar a maniatarla –las mismas fuentes apuntaron también que la casa podía tener caja fuerte–. El caso es que la historia, en principio, volvió a repetirse en las horas previas a la cuatro menos cuarto de la tarde de ayer, cuando fue localizado el cadáver de una mujer perteneciente a una conocida familia de tratantes de ganado oriunda de Peñafiel, aunque afincada en la capital desde hacía años.

Por la puerta o una ventana

El asaltante o los asaltantes, eso está por ver, pudo acceder al domicilio bien después de que la propia inquilina les abriera la puerta –algo extraño, a juicio de las fuentes consultadas, salvo que les conociera– bien a través de la ventana de la cocina, que da al patio interior, con un relativo fácil acceso. El caso es que la puerta estaba cerrada cuando acudieron los familiares de la vecina del primero a comprobar su estado al no responder a sus llamadas. Las persianas de las ventanas de la vivienda, que dan tanto a la plaza, junto a la parroquia del Corazón de María, como al citado patio estaban subidas. Todo ello invita a situar los hechos en la misma jornada de ayer o a primera hora de la noche anterior.

Lo único que parece claro es que el autor (o autores) logró acceder a la casa de María, una mujer de 73 años que vivía sola desde que murió su marido en 2015, y amordazó «a conciencia» a la víctima con cinta americana antes de proceder a revolver el interior de la casa y huir. Se desconoce si se llevó botín alguno. Nadie, ni sus vecinos ni los trabajadores del bar situado justo bajo su ventana, escuchó «nada raro» hasta que sí oyeron los lamentos de los familiares que se encontraron el cuerpo al filo ya de las cuatro de la tarde de ayer. Algunos residentes, incluso, alertaron a los servicios de emergencia al creer que se estaba produciendo «una pelea familiar» o un atraco, dados los antecedentes, ya que la mayoría recuerdan «lo que le pasó a la pobre Mari» cuatro años atrás.

Un agente atiende a los familiares de la víctima.
Un agente atiende a los familiares de la víctima. / Gabriel Villamil

Los policías locales que encontraron el cadáver alertaron de inmediato al Cuerpo Nacional de Policía y se puso en marcha a continuación el protocolo habitual para movilizar a los efectivos de Homicidios y de la Policía Científica, así como al forense y a la jueza de guardia (Instrucción número 3). Los agentes precintaron el escenario e, incluso, examinaron el exterior de las viviendas colindantes (por el patio interior) en busca de huellas e indicios para identificar al autor (o autores).

«Son unos canallas»

La puerta de la casa, de entrada, estaba cerrada y carecía de signos evidentes de que hubiera sido forzada –los primeros agentes accedieron al interior después de que un familiar abriera con llave la cerradura–. «Va ser un registro muy largo», apuntaron a pie de calle fuentes policiales, sin entrar en detalles después de que la jueza encargada del caso decretara el secreto de sumario de las pesquisas.

El primer examen del domicilio y del cadáver, ya con la presencia de una forense, se prolongó durante más de tres horas mientras los hijos de la víctima –un varón y dos mujeres– esperaban noticias ante el portal. Uno de ellos, incluso, tuvo que recibir asistencia médica, aunque no llegó a ser trasladado al hospital. «Son unos canallas», lamentó sin cesar hasta que los operarios del Servicio Forense sacaron del bloque de viviendas de la Circular el cuerpo de la víctima a las siete de la tarde y lo trasladaron al Instituto de Medicina Legal (el Anatómico de la calle Real de Burgos), donde está previsto que se le practique la autopsia a primera hora de la mañana de hoy. El examen forense deberá determinar la causa de la muerte, ya que «no presentaba signos de violencia externos» más allá de lo evidente, la cinta americana rodeando la cabeza de la víctima.

Hipótesis abiertas

Los agentes, en paralelo, mantienen abiertas todas las hipótesis sobre la base de un aparente intento de robo en un domicilio que vinculan, como apuntaron los propios familiares, a una posible venganza. Lo cierto es que sorprende que una misma persona y en una misma casa sufra dos violentos intentos de robo en un intervalo de solo cuatro años.

Los investigadores comenzaron ayer mismo a tomar declaración tanto a vecinos como al entorno más cercano de María A. M., algunos ya en las dependencias de la Comisaría de Delicias, mientras en la vivienda del primer piso del número 9 de la plaza de la Circular, situada entre la calle Padre Claret y la entrada al túnel de San Isidro, junto a la parroquia, continuaba el análisis del escenario bien entrada la noche. El domicilio permanecerá precintado.

«Mari vivía allí sola desde que murió su marido y se fueron sus hijos», relataron sus vecinos antes de concretar que era una familia «normal», en el sentido de que no eran especialmente pudientes o, al menos, que llamaran la atención por este motivo.

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