Valladolid busca uso para sus kioscos

Kiosco cerrado en la Plaza de Poniente, a la salida de la calle Los Molinos. /Gabriel Villamil
Kiosco cerrado en la Plaza de Poniente, a la salida de la calle Los Molinos. / Gabriel Villamil

El goteo de establecimientos cerrados en el casco histórico deja un problema al que ya se han enfrentado otras urbes

Son espacios que ocupan la vía pública, que tienen en torno a 8-10 metros cuadrados de superficie útil y que se han quedado fuera del servicio activo. En muchos casos porque el mundo de los kioscos siempre ha sido proclive a ser un negocio familiar que, una vez jubilados sus titulares, pasaba a manos de los hijos, que ahora escogen otros caminos profesionales. En otros, porque se acabó la concesión administrativa que disfrutaban y no se ha renovado. «Es una situación más compleja de lo que parece», explican desde el Ayuntamiento. Porque la casuística es muy diversa y porque no parece claro qué uso darles a estas casetas.

El Pleno del Ayuntamiento incluso aprobó una moción para intentar encontrar una alternativa de negocio para los kioscos de prensa que echaban el cierre. Sin embargo, un primer sondeo arrojó pocos resultados. Se propuso, por ejemplo, que se vendieran flores. También que se convirtiera alguno de ellos en punto de información turística o, en una vuelta a esa misma idea, en dejarlos en manos de ONG y asociaciones para que dispusieran de un espacio en el que dar a conocer sus proyectos.

La más evidente, puesta en práctica en otras ciudades, es la de permitir que vendan comidas o bebidas, transmutándose en una especie de puestos callejeros. En ese caso habría que adaptar la normativa y otras cuestiones, ya que las inspecciones de Sanidad obligan a tener unas ciertas condiciones de salubridad, conservación, etcétera.

Uno de los últimos en cerrar ha sido el kiosco de la Bajada de la Libertad. Antes que él, el de Cruz Verde, aunque en ambos casos hay otro situado bastante cerca. El de la Plaza de la Universidad, que cuenta con una isleta sobre la que solo se asienta él, lleva ya mucho tiempo fuera de servicio. Y en Poniente cayeron los dos que había tras décadas de servicio público. También el ubicado frente a la Facultad de Medicina. Y el de la Plaza San Pablo. Y antes de final de año cerrará el de Cadenas de San Gregorio.

El goteo de establecimientos cerrados no es propio solo de Valladolid. Otras ciudades se han enfrentado antes al dilema de qué hacer con estos kioscos de prensa. En París, el Ayuntamiento promovió la renovación de 360 quioscos hasta junio del año que viene. La idea es sustituir los modelos viejos por otros de entre 12 y 16 metros cuarados dotados con baño para sus regentes y con un coste total de 52,4 millones de euros. Una renovación que ha supuesto muchas críticas hacia el Gobierno municipal parisino.

En San Francisco, el problema principal es que, como ocurre en Valladolid, se renovaron hace relativamente poco, en torno al año 2003. Los medios locales recogieron la historia de una artista que se hizo con uno de ellos para poder exponer sus propias pinturas y vender fanzines de difusión minoritaria. Esa iniciativa se ha transformado ahora en un festival que se celebrará a finales de julio que se ha denominado 'Kiosk Fest' y en la que se intenta que estos espacios sirvan para albergar talleres de artesanía, música, etcétera. Otros empresarios han propuesto en Nueva York un modelo –'thenewstand.com'– que en realidad convierte el kiosco neoyorquino en una suerte de bazar con un horario muy amplio en el que se puede comprar desde comida hasta artilugios tecnológicos o regalos. En este caso, eso sí, son locales más grandes que un simple quiosco.

Quioscos, en una acepción más amplia que la que se entiende de punto de venta de prensa, revistas y chuches, es lo que existe en Lisboa desde finales del siglo XIX. Son templetes con un tamaño variable que se utilizan como cafeterías de paso, equipados con pequeñas terrazas y que tienen un encanto especial tanto por el entorno como por el diseño con el que cuentan.

En España, el número de quioscos se ha reducido de forma importante en los últimos años, siguiendo la misma tendencia observada en el resto del mundo. En 2012 había cerca de ocho mil y a finales de 2017 la cifra se acercaba a los 6.600.

Renovados en 1997

Muchos de los quioscos que están cerrando sus puertas en la actualidad en Valladolid se colocaron a partir de 1997, cuando el Ayuntamiento impulsó un plan para renovar estos locales. En enero de 1997 se presentó el primero de esta hornada, que hoy sigue vigente, en la Plaza de España. Dos años antes el PSOE había comenzado a renovar los del Paseo de Zorrilla con otro modelo diferente. El Consistorio comprometió 6.000 euros (un millón de pesetas, en realidad) de subvención a cada quiosquero y una exención en las tasas por publicidad durante los primeros años. Era una medida orientada sobre todo a los que se encontraban en el casco histórico y se pretendía renovar cien de los trescientos que existían en aquellos momentos.

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