La tortuga de Florida se hace fuerte en el Pisuerga

Ejemplares en la isla del Palero. / CARLOS GARCÍA RIOL

La irresponsable suelta de la mascota en el cauce vallisoletano desplaza a los galápagos nativos, que no se ven «desde hace décadas»

J. Asua
J. ASUA

Es mediodía junto a la isla del Palero, en el cauce del Pisuerga. El calor aprieta y sus caparazones comienzan a asomar a la superficie. Con parsimonia, se suben a las rocas y a los troncos varados en la orilla. Un, dos, tres... hasta ocho ejemplares toman posición. Llega el momento de solearse en el que han convertido, por la irresponsabilidad humana, en su gran acuario natural. Este rito diario, cuando despiertan del periodo de hibernación, es una actividad fundamental para endurecer su protección y activar su metabolismo de sangre fría.

En su día, fueron un regalo para el niño –¡mamá, qué mona la tortuguita, quiero una!'–, pero la pecera se les quedó pequeña. Aquella graciosa mascotita creció (llegan a los cuarenta centímetros en cautividad), se volvió voraz, desprendía un olor desagradable e incluso comenzó a mostrar su áspero carácter . Sobraba en casa.

En un acto de mal entendida compasión, de hacerle un favor, la familia se acercó a la orilla de río vallisoletano y liberó al animal, sin ser conscientes de los enormes perjuicios que esa suelta iba a conllevar para el ecosistema fluvial.

Ahora, el galápago de Florida se ha hecho fuerte en el Pisuerga. Las imágenes captadas por Carlos García Riol en este cálido febrero atestiguan una presencia de la que los expertos en la fauna local dan fe desde hace muchos años. Del sureste de Estados Unidos, de donde es originario, a las aguas de la meseta castellana dio el saltó allá por los años 90, cuando comenzó a comercializarse de forma masiva en España como obsequio de cumpleaños o presente de los Reyes Magos. Craso error.

Hoy está considerada especie invasora. Entre las cien más dañinas. Su venta está prohibida y ha desplazado completamente, al menos en Valladolid, a los quelonios autóctonos. Lo confirma José Antonio García, biólogo de la Casa del Río del Museo de la Ciencia. «Desde hace décadas no se ven tortugas europeas ni galápagos leprosos en el Pisuerga», explica este experto, quien matiza que, por ejemplo, en el tramo del Duero a su paso por Zamora las paisanas aún aguantan. La última que él pudo ver fue en el Cega, cuando su cauce perdió el agua tras un episodio de sequía en 2015.

La hermana americana reina en la capital. Ha acaparado los solarium tan necesarios para estos reptiles y ha marcado el territorio también en cuanto a la alimentación y a los lugares de puesta. Además, su acentuada agresividad y su coraza la han convertido en una especie poderosa. No tiene depredadores especializados y ha logrado reproducirse. Las nativas han perdido la batalla.

La Confederación Hidrográfica del Duero la incluyó hace ya una década en su catálogo de amenazas para la cuenca, pero se hace muy difícil sacarla de un hábitat al que se ha aclimatado con facilidad. «Toleran mejor la contaminación, son más grandes, más fuertes, más agresivas y su dieta es más amplia; desde el punto de vista ecológico tienen ventaja», destaca el biólogo.

Y también en el Campo Grande

Las cabecitas de los galápagos de Florida también asoman en el estanque del Campo Grande. Es otro de los lugares elegidos para deshacerse de estas mascotas. No debería ser así, pero al menos aquí los trastornos que generan son menores. Luis Magdaleno, capataz en el jardín histórico, explica que hace ya años que algunos optaron por este espacio para soltar a estos animales en vez de llevarlos a un centro autorizado. «Tampoco notamos muchos efectos, porque las carpas se siguen reproduciendo con normalidad», explica. Hace ya tiempo llegaron a retirar una puesta, algo que no se ha vuelto a repetir. Tampoco hay riesgo de que cuando se vacía el estanque para su limpieza puedan llegar al río, porque el agua pasa antes por los filtros de la depuradora.

Teo Oberhuber, portavoz de Ecologistas en Acción, subraya que es una especie que se ha hecho rápido a las aguas europeas y aclara que, aunque su venta está prohibida, aún se puede encontrar en rastrillos y algunas tiendas con el nombre disfrazado para sortear la ley. «En algunos humedales y ríos de algunas comunidades se han puesto en marcha campañas de captura, pero son costosas; las administraciones deben incrementar los controles en la venta para que no se puedan adquirir bajo otras denominaciones», insta el responsable de la organización.

Es la Junta de Castilla y León la competente en el control de fauna y flora de los cauces. Desde la Consejería de Fomento y Medio Ambiente aclaran que si bien está prohibida su liberación al medio natural, de acuerdo con la entrada en vigor del Real Decreto 630/2013, los ejemplares de esta especie y de otros animales exóticos invasores que tienen el apodo 'de compañía', pueden ser mantenidos por sus titulares. Eso sí, están obligados a informar con carácter inmediato de su liberación accidental y no pueden ser objeto de comercialización, reproducción ni cesión. «Es importante trasladar que estas especies provocan graves riesgos ecológicos, y también, en muchos casos, económicos; es fundamental la colaboración ciudadana para evitar que se liberen en el medio natural», recalcan en el departamento.

En el Centro de Recuperación de Animales Silvestres de Valladolid, un estanque lleno de galápagos de Florida constata el problema, aunque en este caso los que fueran sus propietarios han actuado de forma responsable y las han depositado en un lugar autorizado.

Más complicado va a ser sacarlas de los ríos de la región, donde este quelonio ha encontrado un lugar con alimentación abundante y escasos peligros, que le favorece en su conquista.