Los vecinos de Torrecilla alertan del riesgo de desplome del retablo

Los andamios y el plástico cubren el altar mayor de la iglesia que se está venciendo hacia la pared../N. L.
Los andamios y el plástico cubren el altar mayor de la iglesia que se está venciendo hacia la pared.. / N. L.

Los tres siglos de historia de esta estructura de madera le han pasado factura y cubierto de grietas

N. LUENGOTorrerecilla de la Torre

Los vecinos de Torrecilla de la Torre quieren dar la voz de alarma, ya que están muy por el estado del retablo de su iglesia y reclaman una intervención de emergencia por parte de las instituciones competentes que ponga fin a su avanzado deterioro.

El conjunto rococó del siglo XVIII preside la iglesia parroquial de El Salvador de este pequeño municipio. Son más de tres siglos de historia los que han pasado factura a esta gran estructura de madera. La humedad, el humo de las velas, los xilófagos, la oxidación de los anclajes y la pérdida de policromía han conseguido debilitarla hasta el extremo. Los torrecillanos cuentan que las grietas son visibles desde hace largo tiempo, pero están empeorando «a pasos agigantados». «Está completamente vencido. Menos mal que en lugar de venirse hacia adelante, se está cayendo hacia la pared, si no… ya se habría desplomado», confirma Javier Vidal, párroco del municipio, quien ha movilizado a varios de sus vecinos para que ayuden a limpiar y a prevenir más daños en el retablo en cuestión.

La parroquia dispone del informe y un presupuesto de un experto para acometer la intervención en el retablo. Un presupuesto que alcanza los 72.600 euros, «algo impensable para un municipio tan pequeño como éste», señala Eduardo Martín, uno de los vecinos y antiguo alcalde de Torrecilla de la Torre. «De momento, hasta que nos llegue ayuda, hemos dado un tratamiento contra la carcoma, para evitar que empeore, lo hemos limpiado y hemos tratado de consolidar toda la parte inferior para que no se caiga. Tenemos buena intención, pero no somos expertos y éste es un trabajo que deberían hacer profesionales. Pero como la ayuda no llegue de manera urgente, lo perderemos», añade el párroco, que oficia la misa cada domingo escoltado por unos grandes andamios prestados por un vecino.

Otros arreglos

El retablo es la preocupación más grande de los feligreses de este pueblo, pero no la única. El pavimento, el coro, la bóveda y la pintura son arreglos que poco a poco los vecinos han ido llevando a cabo, pero este templo de Torrecilla de la Torre necesita otras muchas mejoras.

«Algunas de las obras las hemos encargado, otras las vamos haciendo nosotros como buenamente podemos. Esta iglesia necesita una gran intervención», asegura el párroco. El año pasado recibieron una alegría, 11.000 euros procedentes de la herencia que dejaron dos hermanas vecinas del pueblo, Matilde e Isabel Sánchez, que les vinieron al pelo para pintar la iglesia.

El padrón de este pueblo contempla una treintena de vecinos censados, muchos de los cuales acuden a la iglesia a arrimar el hombro en sus ratos libres. Ahora están ocupados poniendo losas y nivelando grietas en el suelo hundido y enfrascados con la limpieza y tratamiento contra la carcoma del retablo. Una de estas colaboradoras es Chari, que ha conseguido dar la cara a muchos de los santos de este altar rococó.

El párroco, Javier Vidal; y Chari, una de las vecinas, limpiando una imagen.
El párroco, Javier Vidal; y Chari, una de las vecinas, limpiando una imagen. / N. L.

«Es una pena. La madera está casi deshecha. Muchas de las imágenes han perdido sus extremidades. Todo estaba en un estado lamentable. Hemos recuperado una cruz procesional, un reclinatorio, una corona y una media luna de plata de la Virgen», cuenta esta torrecillana. La balaustrada, el baptisterio, el raspado de toda la sillería y el coro también ha sido recuperados con ayuda vecinal. «La iglesia es lo más importante que tenemos en el pueblo y es nuestro deber mantenerla. Hace años ya perdimos la ermita y no debemos consentir que ocurra lo mismo otra vez. Perder la iglesia supondría el fin del pueblo», apostilla Chari. Ella acude cada día al templo a retirar el agua almacenada en el deshumificador. «En verano se acumulan doce litros de agua cada día; en invierno, seis cada dos días. Es increíble la humedad que hay en el edificio», informa.

Javier, Javi, Chari, Esteban, Eduardo, José, Pili, Jovita, Geña y muchos otros vecinos llevan cuatro años trabajando por y para su iglesia. Han conseguido darle un cambio radical, «todo gracias a la gente», dice el párroco. Para la restauración de algunos elementos ornamentales y de platería muchos han aportado también dinero. También se han preocupado de reaprovechar piezas sueltas de viejos retablos para construir ellos mismos un altar para la imagen de la Virgen del Rosario y de reutilizar y limpiar piedras del cementerio para construir bases para los santos y exponerlos en el templo.