La obra de Rafael Cano bajo las vías... en su momento crítico

Sobre la superficie negra se construirá la estructura que luego será arrastrada bajo las vías del tren. / GABRIEL VILLAMIL

El proyecto encara su momento más delicado, con la construcción de la estructura que permitirá atravesar el lecho ferroviario

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

Hay una fecha señalada en rojo en el calendario de las obras de Rafael Cano: el 24 de septiembre. Será la jornada más delicada de la operación. El momento en el que todo estará decidido. Ese día, lunes, la empresa encargada de la construcción del primer gran hito de la integración ferroviaria tendrá que arrastrar una macroestructura de 1.400 toneladas de peso, deberán empujar a lo largo de 14 metros un gigantesco cajón que se colocará bajo las vías y que unirá la plaza de Rafael Cano con la calle de la Salud. Este viernes, con el hormigonado de la losa inferior del cajón, comenzó la cuenta atrás para llegar a ese día, a ese 24 de septiembre.

El proyecto para la construcción del paso inferior de Rafael Cano –una obra financiada por el Ayuntamiento con 2.127.667,60 euros de inversión– ha optado por el método de la hinca, «una solución que consiste en ejecutar el carril fuera de la planta de su futura ubicación para, después, mediante un sistema de gatos hidráulicos, empujarla hasta su posición definitiva», según recoge la documentación de la obra. Ayer comenzó la construcción de esa estructura, que deberá estar lista antes del 24 de septiembre, fecha prevista para iniciar su arrastre, durante una semana. Para ejecutar esta operación, será necesario el apeo de la vía, que se ejecutará el 15 de septiembre. Habrá que elevar unos centímetros el camino ferroviario para que el cajón que ahora se construye se pueda incrustar bajo él.

Para eso, ha sido necesario un acuerdo con Adif, el gestor de infraestructuras ferroviarias, y con Renfe, la operadora, para afectar lo menos posible al tráfico y evitar cortes en la línea (salvo en la madrugada de esos días, los trenes circularán en su horario, aunque a una velocidad reducida por ese tramo mientras se ejecutan los trabajos). Para conseguirlo, ya se han construido los muros de reacción que servirán de apoyo para poder arrastrar 14 metros la macroestructura de 1.400 toneladas y que quede encajada bajo las vías.

Es la fase decisiva de una obra que comenzó el pasado mes de abril y que ya muestra importantes avances. El concejal de Urbanismo, Manuel Saravia, ha visitado esta semana el tajo y confirmado que se cumple con el calendario fijado por el Ayuntamiento. Las obras concluirán el próximo enero. «Ha habido un pequeño problema con una línea de media tensión y eso ha retrasado el desvío de la red», desveló el edil, confiado de que esas jornadas de retraso se recuperen sin problema en los meses que quedan para que terminen los trabajos.

Desde abril, la empresa adjudicataria de la obra se ha encargado, entre otras tareas, de construir los muros pantalla, la sujeción que permitirá excavar sin que ceda el terreno. Son apreciables a simple vista (franjas de color blanco en la superficie). El espacio que queda entre ellos, de 21,4 metros, es la anchura que tendrá el futuro paso bajo las vías.

El estado actual de las obras permite ver ahora un gigantesco agujero en la plaza de Rafael Cano, excavado por debajo del nivel freático, por lo que es necesario el continuo bombeo de agua para evitar que la zona de trabajo se inunde, tal y como explica Joaquín de Andrés, ingeniero de caminos y, junto a la arquitecta Susana Poyatos, director de las obras. El compresor que da energía a las bombas encargadas de mantener a raya el agua se ha colocado junto a la iglesia del Pilar, después de que las quejas vecinales por el ruido animaran a cambiarlo de ubicación.

Hasta 25 personas (en función de los turnos y contratas), incluso con turnos de noche, han trabajado en una obra que cumple cuatro meses y medio con la vista puesta en lo más complicado. Hasta finales de septiembre, la construcción y colocación de la estructura base del paso bajo las vías. Después, llegará el momento de la urbanización, con terrazas, rampas, parterres y zonas ajardinadas para salvar el desnivel, que nunca será superior al 8% de pendiente entre los distintos tramos.

«No es un túnel», defiende Saravia para definir un paso «abierto, prolongación de la plaza», que tendrá 21,4 metros de ancho (frente a los 2,5 metros del angosto corredor actual), pensado para peatones y ciclistas, pero habilitado para permitir el tránsito de ambulancias y vehículos de emergencia. Para ello, el paso estará embocado para que sirva casi como prolongación de la calle Puente la Reina. La idea es reforzar además la iluminación. En las paredes se colocarán dos bajorrelieves. El del muro norte (el más cercano a la iglesia) será una representación en abstracto de las vías de ferrocarril europeas. En la sur, se reflejará un plano de Valladolid.

El nuevo espacio incluirá dos zonas de juegos (entre la iglesia y las vías, y junto a la calle Nueva del Carmen). Además, se plantarán nuevos árboles y en la margen de la calle de la Salud se colocarán plantas trepadoras que camuflen las estructuras de hormigón.    

 

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