El libro que nació con la mirada en el viejo barrio chino de la calle Padilla de Valladolid

Una mujer, en la calle Padilla, a finales de los 80. /El Norte
Una mujer, en la calle Padilla, a finales de los 80. / El Norte

José Miguel Ortega recopila siete siglos de la prostitución en la ciudad en 'De la mancebía al club de alterne'

Víctor Vela
VÍCTOR VELAValladolid

«Las prostitutas han sido y son las grandes víctimas de su propio oficio», cuenta el periodista José Miguel Ortega, convertido con sus últimos libros en cronista del Valladolid cotidiano, arqueólogo de una ciudad cuyo día a día no halla acomodo en los tratados de Historia. Dice: «Siempre me ha gustado contar aquello que no se ha contado antes». Y aquí lo hace. Sus ojos miran a los suburbios del pasado, las entretelas del ayer. Ha investigado sobre las tabernas históricas, los viejos cafés, los olores y sabores del Valladolid de mitad del siglo XX y los hoteles y posadas de la ciudad. Ahora le toca el turno a las mancebías, a las casas de citas, los locales de alterne y los puticlubes. José Miguel Ortega presenta el próximo día 12, en la Casa Revilla (20:00 horas),un trabajo en el que retrata siete siglos de prostitución en Valladolid. «No es un libro escabroso ni morboso. Es un repaso riguroso a la historia de la prostitución en la ciudad, avalado con documentos y el testimonio de prostitutas, de clientes, de la Policía», explica Ortega, quien cuenta que el germen del libro se encuentra en la calle Padilla.

«Al principio tenía pensado escribir solo sobre el barrio chino, sobre ese puñado de calles en el entorno de la iglesia de San Martín que ya antes de la Guerra Civil acogía a prostitutas, con locales donde ofrecían sus servicios». Sin embargo, al empezar a investigar, Ortega descubrió que podía aumentar el foco, tirar aún más del hilo, y remontar su mirada siglos atrás. Fue así como decidió trazar una línea de 700 años sobre la prostitución en Valladolid. Ydescubrió que los archivos conservan mucha información sobre la ramería vieja (cien años anterior a la de Barcelona)que ya funcionaba en el siglo XIV.

¿Dónde estaba?

–Entre las puertas de Teresa Gil y Santisteban, lo que hoy es el entorno de la plaza de España. Imagínate lo que suponía eso para los vecinos de Teresa Gil, que era la calle en la que vivía por aquel entonces buena parte de la nobleza, desde condes a marqueses, de regidores a familias de importantes linajes. La tropa de meretrices no era una vecindad deseada.

¿Y qué pasó?

–Los nobles presionaron para que el rey Juan II de Castilla desalojara del barrio a las prostitutas, que fueron expulsadas más allá de las murallas de la ciudad.

En realidad, apenas unos metros, en la calle que se llamaba del Candil y es la actual Marina Escobar. Allí se creó la primera gran mancebía de Valladolid. La idea era reunir a todas las prostitutas en un burdel para ejercer un mejor control sanitario. Los documentos históricos recopilados por Ortega permiten dibujar al detalle cómo funcionaba la casa, administrada por Juan Barbosa, conocido como el 'padre putas'.

«La mancebía pagaba al municipio una renta anual de 20.000 maravedíes, además de cien misas para la cofradía de Nuestra Señora de la Consolación y la Concepción», cuenta el libro. Aquel burdel contaba con treinta mujeres. Debían tener más de doce años. Tenían que ser huérfanas o hijas de padres desconocidos, abandonadas o repudiadas por la familia.No podían ejercer si habían nacido en Valladolid, si no habían perdido la virginidad, si eran casadas, judías, negras o mulatas. Y nada de trabajar los domingos y fiestas de guardar.

«Es un libro histórico, en el que no se acusa a nadie de nada, y mucho menos a las prostitutas» José Miguel Ortega, periodista y escritor

«Los detalles que han llegado hasta nuestros días son enormes. Incluso hasta la tabla de precios. Se cobraba más si se yacía dentro de las sábanas (porque luego había que lavarlas)que si se hacía simplemente sobre el jergón», explica Ortega. «La mancebía estaba muy cerca del Campo Grande y allí solo había una fuente, por lo que las prostitutas y el resto de habitantes de la ciudad se cruzaban para coger agua. Para evitar equívocos, se obligó a las prostitutas a que cuando salieran a la calle vistieran una saya de color pardo cortada en picos en su parte baja». Los ecos de aquella indumentaria han llegado hasta nuestros días en forma de dicho popular. De ahí viene lo de picos pardos. También el apelativo ramera tiene su explicación, ya que las mujeres que ejercían al margen de la mancebía, debían colocar una rama a la puerta de la vivienda donde ofrecían sus servicios. En aquel Valladolid de los siglos XIVy XV, era habitual encontrarlas por la actual calle José María Lacort.

Hasta el barrio chino

El relato de Ortega cuenta que aquella mancebía de la calle del Candil vivió su esplendor con la llegada de la corte de Carlos I, cuando al frente del lupanar estaba un religioso, fray Felipe. «El 25 de marzo de 1553, víspera de Domingo de Ramos, un grupo de clérigos de la parroquia del Salvador y comisionados del Ayuntamiento asaltaron la mancebía y expulsaron a las prostitutas para convertir la mancebía en hospital de pobres». De forma temporal, la actividad se trasladó a la actual plaza de la Cruz Verde. Luego se intentaron establecer en una nueva mancebía (en el entorno de las calles Nicolás Salmerón, Labradores, Niña Guapa y San Luis). Pero la presión de los vecinos fue brutal para que se marcharan.

Felipe IV publicó en 1623 un decreto para el cierre de los burdeles. Las prostitutas se vieron obligadas a ejercer de nuevo en al calle, también en posadas y ventas donde hallaron cobijo. «A lo largo de los siglos XVII y XVIII, en el fondo se toleraba la actividad, siempre que no hubiera escándalos. La Inquisición, de hecho, perseguía más a la alcahueta y al proxeneta que a las prostitutas», resume Ortega.

Vista aérea de la calle Padilla, a finales de los 80.
Vista aérea de la calle Padilla, a finales de los 80. / El Norte

El libro repasa el inicio de las casas de citas a finales del siglo XIX, habla de la prostitución callejera que en aquellos años se ejercía en San Miguel,San Martín, el entorno de la catedral y la Magdalena. Cuenta también cómo con la II República proliferaron los cabarés (como el Katiuska, en la calle Libertad con Echegaray). Y llega hasta el barrio chino, protagonista de buena parte del siglo XX, con la calle Padilla como epicentro, con bares y viviendas donde se alquilaban habitaciones por medias horas. Comienza así un repaso por los locales de los años 50 y 60:Dólar, Florida, Texas, Tánger o Los Claveles, «donde estaba una de las profesionales más conocidas, la Mari Sol». Recuerda Ortega que el local más popular era el Sevilla (en el chaflán de Torrecilla con Cadenas de San Gregorio)y que en la calle Democracia estaba Pasapoga (con La Peseta, «una de las profesionales más famosas»).

En su mayor pico de actividad, en la Transición, Valladolid tuvo 34 puticlubes

El libro recuerda otras casas de citas (consignadas incluso en libros de Francisco Umbral) como Villa Nati, «un palacete situado en al calle Ramón y Cajal» y está ilustrado en su portada con un retrato que Félix Cuadrado Lomas hizo de La Lucy, una mujer que solía cerrar las madrugadas en La Pequeña, «local situado al otro lado del río, por el Puente Mayor». Y además, estaban esos locales a las afueras «porque las familias adineradas no iban al barrio chino», como Los Morales (Camino del Cabildo)o Blanca Mary (en la carretera del Pinar). «El declive del barrio chino vino de la mano del incremento de barras americanas y puticlubes». En el pico de actividad, Valladolid llegó a tener 34 (como el Keyton 1 y 2, el Hawai, el Rocinante...). En 1987, se estimaba que en Valladolid había entre 300 y 400 mujeres que ejercían la prostitución, la mayoría españolas, con 15 casas de citas, 30 barras americanas y 24 clubes y hoteles de carretera, además de la calle, con la carretera de circunvalación como foco. La última cifra recogida por Ortega (a través del trabajo con ONG de atención a prostitutas, como Aclad) habla de 40 pisos de citas (con entre 90 y 100 prostitutas), diez clubes nocturnos (con 70), otros tantos hoteles de carretera y, también la calle, ahora en la carretera de Esgueva.