Europa muestra el camino contra los «espacios del miedo»

Una pareja camina por Rúa Oscura, en Valladolid. /Rodrigo Jiménez
Una pareja camina por Rúa Oscura, en Valladolid. / Rodrigo Jiménez

Analizar los proyectos urbanísticos desde el punto de vista del género forma parte de la agenda de la UE desde 1998

Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

El titular tenía poco de inocente. «Carmena se gastará 52.000 euros en un estudio sobre el impacto de género en el soterramiento de la M-30». Y fue noticia, aunque el estudio en cuestión abordaba muchas más cosas y a pesar de que desde 1998 ese tipo de estudios deberían ser tan corrientes como el de impacto medioambiental, por ejemplo. Porque ese año el Tratado de Ámsterdam fijaba que «en todas las actividades contempladas en el presente artículo la Comunidad se fijará el objetivo de eliminar las desigualdades entre el hombre y la mujer y promover su igualdad». Y esas actividades incluían, también, el urbanismo. No solo eso. En España, en 2007, se aprobó otra ley que explicaba, en consonancia con las normativas europeas, que «los planes de especial relevancia económica, social, cultural y artística que se sometan a la aprobación del Consejo de Ministros deberán incorporar un informe sobre su impacto por razón de género».

Analizar las ciudades desde el punto de vista del género de quienes las utilizan descubre algunos matices relevantes. Así, el transporte público prioriza los horarios y trayectos que mejor sirven al tejido productivo, pero eso va en detrimentro de otros desplazamientos. O se crean espacios monofuncionales como puede ser la City de Londres. Un lugar que bulle durante el día, cuando concentra toda la actividad, pero que a las siete de la tarde se presenta vacío y amenazante.

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Europa ya ha tomado conciencia de esta perspectiva y se han puesto en marcha iniciativas destinadas a convertir las ciudades en espacios de convivencia. Justo lo que defendía la investigadora María-Patiño Díe como solución para los «espacios del miedo», que este fin de semana han destapado las vallisoletanas en El Norte.

Viena fue de las primeras en proponer un plan especial para uno de sus distritos, Mariahilf, un barrio con 30.000 habitantes, pocos espacios verdes y mucha densidad de edificios. Los encargados de este proyecto piloto examinaron algunas de las necesidades de sus vecinos, «por ejemplo los espacios del miedo, acomapañados por la comisión de mujeres del distrito», según recogen en una memoria del proyecto. También realizaron una inspección del mismo estilo con las personas con discapacidad, puesto que suelen ser dos colectivos frecuentemente relegados a la hora de pensar en los usos de las ciudades. Algunas medidas ya se habían puesto en marcha, explican, como una mejor iluminación o la colocación de un espejo en un paso algo laberíntico.

«En las inmediaciones de una escuela primaria se programó un semáforo con un botón para peatones para verde inmediato», explican. Se ensancharon aceras, se instalaron rampas para sillas y se mejoró la iluminación «en 23 lugares», además de rediseñarse tres plazas.

El libro 'Urbanismo: una perspectiva de género', coordinado por la urbanista Inés Sánchez de Madariaga, recoge los seis principios desarrollados por el Ayuntamiento de Montreal (Canadá) para una ciudad más segura. Entre ellos, una correcta señalización, iluminación suficiente, ausencia de escondrijos, campo de visión amplio, facilitar la mezcla de usos para evitar casos como el mencionado de la City londinense...

El plan Madre, puesto en marcha en Madrid, aplicaba estas normativas europeas para intentar redefinir el urbanismo de la capital desde esa perspectiva de género. Entre sus objetivos, uno contundente: «Favorecer el uso 'libre de miedo'». Y señalaba: «No cabe hablar de equidad e igualdad si la mitad de la población sufre temor o restringe el uso y disfrute de la ciudad a causa del miedo. Para ello, es necesario redefinir el concepto mismo de seguridad, mostrando que esta cuestión tiene que estar integrada en la planificación y en la elaboración de proyectos».

Respuestas erróneas

Muchos de los comentarios a la noticia 'Las vallisoletanas destapan sus espacios del miedo en la ciudad' hacían referencia a que Valladolid es una ciudad segura. Sin embargo, no es eso lo que está en cuestión, sino, como explica el documento elaborado por el Ayuntamiento de Madrid, la percepción de la ciudad como un lugar inseguro por el mero hecho de ser mujer.

Jane Jacobs, una de las precursoras de este pensamiento de género aplicado al urbanismo, explicaba en su obra 'Vida y muerte de las grandes ciudades americanas' que tratar con las ciudades es, en realidad, tratar con la vidaen su sentido más complejo. Cuando las ciudades funcionan, representan la sublimación de los ideales democráticos. «Las ciudades tienen la capacidad de proveer algo para todo el mundo, solo porque, y solo cuando, son creadas por todos».