El desnudo integral de un símbolo de la crisis del ladrillo en Valladolid

La torre de la calle Arca, abandonada y llena de grafitis desde 2010, antes y después (derecha) de la retirada del revestimiento./J. Sanz
La torre de la calle Arca, abandonada y llena de grafitis desde 2010, antes y después (derecha) de la retirada del revestimiento. / J. Sanz

El mal estado de un bloque de oficinas abandonado en Argales obliga al banco que asumió la propiedad en 2010 a retirar el revestimiento ante el riesgo de desplome

J. Sanz
J. SANZ

El singular torreón de seis alturas levantado en los albores de la crisis del ladrillo en el entonces pujante barrio de las Arcas Reales, pegado al polígono de Argales, fue abandonado a su mala suerte hace nueve años, cuando un banco asumió la propiedad de este bloque destinado a oficinas que enseguida fue desvalijado, ocupado por indigentes y gamberros y embadurnado con descomunales grafitis (rubricados por habituales en la materia como Payo, Cult, Flos...). Y así fue pasando el tiempo hasta llegar a una situación insostenible fruto de las continúas caídas de cascotes y pesadas losas de cerámica que revestían el singular torreón de cubos.

Un indigente vivió en la planta baja durante los últimos dos años

Los operarios que acudieron hace un mes a retirar el revestimiento del bloque de oficinas de la calle Arca 1 se encontraron con la presencia de un indigente riojano (así se presentó) que llevaba dos años «viviendo aquí en unas condiciones lamentables», según relatan los testigos antes de apuntar que el hombre, una vez avisado de la intervención y del inminente tapiado del edificio, se marchó voluntariamente en busca de otro hueco en el que cobijarse. «Dijo que no quería ir al albergue y que le iba bien a su aire. Una pena», concluyen.

El Ayuntamiento ordenó finalmente el 15 de mayo a los propietarios (Isga Inmuebles) que tomarán medidas ante el riesgo evidente para ocupantes y viandantes que representaba un edificio que ha permanecido abierto de par en par desde que fue abandonado en 2010. Los operarios acudieron más de un mes después al torreón y desde entonces trabajaban para retirar las toneladas de cerámica de la fachada. «Prácticamente están concluidos los trabajos y ahora se tapiarán los accesos al edificio y se cerrara el vallado a la espera de un proyecto de rehabilitación», confirman fuentes de la propiedad.

El resultado de la intervención viene a ser un desnudo integral de la torre de seis alturas, situada en el número 8 de la calle Arca 1 (entre la calles de las Arcas Reales y la avenida de Madrid), que ahora muestra sus muros de hormigón y que ha perdido los enormes grafitis que decoraban sus pisos superiores con las rúbricas de los autores (los mencionados Payo, Cult o Flos), en algunos casos, con letras de más de cuatro metros de altura que permitían ver las firmas tanto desde el cercano polígono como desde la carretera de salida hacia la Nacional 601.

Requerimiento municipal

«El edificio estaba en muy malas condiciones y, al margen del riesgo que suponía su estado para las personas que entraban a su interior, las planchas de cerámica también corrían peligro de desprendimiento», explica el concejal de Urbanismo, Manuel Saravia, cuyo área dictó el requerimiento a la propiedad del 15 de mayo para que «cerrará el perímetro y el propio inmueble y retirará los elementos que estaban en mal estado». Isgo Inmuebles, vinculada a Caja Laboral, tenía un plazo de un mes para ejecutar unos trabajos que van a concluir este julio.

Este símbolo de la crisis del ladrillo es ahora un esqueleto de hormigón con un interior que fue literalmente desvalijado en los meses siguientes a su abandono: «Se han llevado todo lo que había de valor (cableado, marcos...) y han dejado prácticamente las paredes», confirman los operarios que han desnudado el torreón. Después llegarían los grafiteros y los gamberros para acabar de rematar la faena y, por último, algún indigente que estableció su hogar en el abandonado bloque.