Las 92 cabinas telefónicas de Valladolid tienen los días contados

Cabina telefónica en la calle Mieses. / V. V.

El Gobierno desveló ayer su intención de no prorrogar el «servicio universal» que hasta el 31 de diciembre obliga a mantener activos los teléfonos públicos

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

«Se ha tragado un euro», dice Rashid, el auricular en una mano, mientras con la otra aprieta una y mil veces las teclas del teléfono. Abre el cajetín por si ha caído alguna moneda. Pulsa el botón de devolución por si acaso. Nada. La primera vez que usa una cabina telefónica, Rashid tiene que desistir sin hacer una llamada. Son las 14:37 horas, en la esquina del paseo del Cauce con Tórtola, y Rashid es tal vez, quizá, la única persona que ayer por la mañana se acercó por un teléfono público. Está acompañado por Morad, un compatriota que se ha quedado sin saldo en el móvil y tiene que hacer una llamada urgente a su familia en Marruecos.

«Iremos a un locutorio», dicen antes de abandonar una de las 92 cabinas que todavía quedan en Valladolid (15.611 en toda España). Solo 92, según los datos que maneja Telefónica, la empresa que, de momento, a través de Cabitel, encarga la gestión de estos teléfonos callejeros. Solo de momento, porque las cabinas tienen los días contados. Funcionarán hasta el 31 de diciembre, después de que el Gobierno haya fijado una nueva prórroga anual (otra más) para el decreto que, desde 2011, obliga a Telefónica –porque ninguna empresa se presentó para explotarlas– a preservar este servicio (deficitario)por considerarlo de interés «universal».

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La compañía debe mantener al menos un teléfono público en cada uno de los pueblos con más de mil habitantes. Y ha de haber una cabina por cada tres mil vecinos (en Valladolid deberían ser cien). El registro de Cabitel dice que son 92 en la capital y otras 49 en la provincia (siete de ellas en Medina del Campo). En total, 141, cuando en el año 2000 eran 527. Este fue el año en el que se alcanzó el pico, con 108.899 teléfonos públicos en toda España. Desde entonces, la cifra está en caída libre, según datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).

La obligación es que las cabinas funcionen hasta finales de este año. El Gobierno desveló que no aprobará una nueva prórroga. Ayer presentó el real decreto que deroga el anterior en el que se fijaba la obligatoriedad del servicio. Se acabó. Adiós. Para siempre. La propia CNMCha animado a ello. Por cuestiones económicas (mantenerlas conlleva un déficit anual de 2,7 millones), pero también sociales. Cada vez se utilizan menos.

Un informe de este organismo dice que el 88%de la población no ha empleado en su vida un teléfono público. Las últimas cifras reconocidas por Telefónica, de hace unos meses, dicen que las cabinas de todo el país registran en torno a 22.000 llamadas al día, no llega a dos por cada aparato y 12.000 de ellos son deficitarios. Su uso está en claro declive por el auge de los móviles. ¿Para qué buscar una cabina cuando llevamos el teléfono en el bolsillo?

De acuerdo con los últimos datos oficiales (actualizados a 31 de diciembre de 2016), Valladolid mantenía activas 455.139 líneas de móviles (hay 474.935 habitantes con más de 10 años), con una penetración del 86,7% en la sociedad. Hace tan solo un decenio, en 2007, ese porcentaje era del 66,8%, con 346.407 líneas. Entre 2007 y 2016, los vallisoletanos han contratado 108.732 nuevos números de móvil, a un ritmo de casi treinta nuevos al día. Las línea fijas son 231.920.

Cabina en la calle Pío del Río Hortega.
Cabina en la calle Pío del Río Hortega. / V. V.

Modelos y ubicaciones

Pese a la mala suerte de Rashid, las que hay en la capital dan línea. No uno de los dos teléfonos de la cabina de Poniente con Jorge Guillén, que tiene el auricular arrancado de cuajo. En aquellos puntos en los que el mobiliario es un punto doble que permite la instalación de dos aparatos, Telefónica mantiene activo tan solo uno de ellos (los otros los ha retirado). Ocurre, por ejemplo, en las plazas Circular y de Madrid, en Eusebio González Suárez con Miaja de la Muela, en Joaquín Velasco Martín junto al polideportivo Huerta del Rey, en la plaza de la Rinconada o en el cruce de Santa Lucía con Renedo. Más suerte tienen puntos comoSan Juan, Constitución o Montero Calvo con Menéndez Pelayo, donde se conservan los dos teléfonos. Hay zonas que están bien servidas (en apenas 200 metros hay cabinas en Madre de Dios, 16;la calle Penitencia y Muñoz Seca). En este último caso, reproduce el diseño de cajón completo (icónico gracias a Supermán), que aún se conserva en Ángel Chamorro, Pío del Río Hortega, Arca Real o Mieses.

Los teléfonos permiten llamadas gratuitas al teléfono de emergencias 112 y mantienen activos comandos para enviar SMS(en plena era del 'whatsapp'), hacer donativos a ONG o recargar las tarjetas prepago de los móviles. El futuro pasa por darle nuevos usos a las cabinas.En Andalucía hay un proyecto experimental para reconvertirlas en puntos de información turística, antenas wifi o con cámaras para 'selfies'.

Los primeros teléfonos

«Ya tenemos el teléfono en Valladolid y ayer se hicieron diferentes ensayos en algunas casas y establecimientos particulares», decía una escueta reseña de El Norte de Castilla fechada el 27 de febrero de 1878. Hace 140 años llegaba a orillas del Pisuerga un invento que se introdujo en la ciudad de la mano de Elías Iglesias, oficial de la sección telegráfica e instalador de timbres eléctricos de las oficinas militares y la Casa Consistorial.

Los aparatos «del sistema Bell» podían adquirirse por ocho duros el par en la estación del ferrocarril, con 50 metros de alambre, según informaba El Norte y recoge José Igor Menéndez en 'El teléfono en Valladolid: los primeros pasos y su evolución', su trabajo fin de grado en Ingeniería Electrónica y Automática Industrial. En él, Menéndez recuerda que la primera central urbana (en el número 9 de la calle Constitución) se puso en servicio el 1 de marzo de 1888, ya con 200 abonados. En 1929 eran 2.000 líneas.

La primera cabina de España empezó a prestar servicio en la cafetería Viena Park (en el Retiro madrileño) en 1928. En Valladolid, Víctor de la Calle y pescaderos de Portugalete solicitaron en febrero de 1940 licencia para montar una cabina telefónica en el mercado.