Beatificada la navarresa Carlota de la Visitación

Momento en el que se procede a descubrir la imagen de los nuevos beatos./ARZOBISPADO DE BARCELONA
Momento en el que se procede a descubrir la imagen de los nuevos beatos. / ARZOBISPADO DE BARCELONA

Es la primera beata vallisoletana, después de 33 reconocimientos a hombres de la provincia, 27 beatos y 6 santos, a lo largo de la historia

JAVIER BURRIEZAValladolid

Entre los seis santos y veintisiete beatos vallisoletanos, no había ninguna mujer. La beatificación celebrada ayer, 10 de noviembre, en la Sagrada Familia de Barcelona, con la asistencia del cardenal Blázquez y presidida por el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, ha cambiado esta situación. Así fue reconocida la madre Carlota de la Visitación –la vigesimoctava de los beatos–, nacida en Nava del Rey en mayo de 1872 y bautizada como Baudelia Duque Belloso, nombre que abandonó cuando profesó como franciscana de los Sagrados Corazones. Cuando tenía sesenta y cuatro años murió mártir en la Ciudad Condal, tras haber sido expulsada del colegio de Vilanova de Bellpuig, en Lleida, donde vivía.

Baudelia Duque, después madre Carlota de la Visitación.

Huérfana de padre a los seis años, era la primogénita de seis hermanos. Por aquellos momentos, la monja malagueña de Antequera, la madre Carmen González –beatificada en 2007– había fundado la mencionada congregación, dedicada a la enseñanza de las niñas y a la atención de los enfermos. Gracias a su confesor, primo del párroco de Nava del Rey, encontró en aquella localidad vallisoletana el lugar para establecer la primera casa fuera de su ámbito inicial. Su Ayuntamiento vio en estas monjas a las personas adecuadas para atender el antiguo Hospital de San Miguel y volcarse en la educación de párvulas y niñas.

La joven Baudelia empezó a conocer el mucho trabajo realizado por las religiosas y el prestigio que iban ganando entre la población. A los quince años, solicitó su entrada en el noviciado que las franciscanas tenían en Antequera. En Nava, ya se había abierto el colegio de San José en la calle Manuel Salvador Carmona –junio de 1897 y hasta mediados de los cincuenta del siglo XX–. La asistencia en el Hospital concluyó antes, en 1928.

Baudelia Duque emitió sus primeros votos en febrero de 1889, recibió entonces su nuevo nombre de religiosa y pronunció los perpetuos en 1893. Ese mismo año obtuvo su título de maestra en la Escuela Normal de Sevilla.

Comenzó a estar muy cercana a su fundadora en un tiempo difícil en el que vivieron la consolidación y aprobación pontificia de su congregación. La madre Carmen sufrió la oposición de un grupo de sus propias monjas que la llegaron a acusar en Roma de malgastar los bienes que recibía de las nuevas hermanas. Solicitó un Capítulo General que finalmente se celebró en Valladolid, en mayo de 1897. Contando con el apoyo del entonces cardenal Cascajares, que no se dejó influir por el grupo opositor que procedía de casas catalanas, el prelado recomendó que para solucionar problemas internos, el Capítulo eligiese a una nueva superiora general y que la fundadora se convirtiese en su asistente, oficio que desempeñó hasta su muerte dos años más tarde.

En ese periodo de tiempo, desde julio de 1897 y hasta 1900, la madre Carlota fue secretaria general para, después, en 1908 ser elegida consejera general. Después continuó gobernando comunidades y dirigiendo colegios. Responsabilidades que también la acarrearon incomprensiones aunque ella se mostró fiel al carisma religioso que había elegido. Incluso, en 1934 concluyó un manuscrito sobre su fundadora que tituló 'Vida, virtudes y milagros de la Madre Carmen del Niño Jesús', páginas donde reflejó muy bien el espíritu de su congregación.

Tras el comienzo de la Guerra y expulsadas de su colegio, se refugió con otras monjas en domicilios barceloneses. Los porteros de su casa la denunciaron como religiosa. Detenida por la Federación Anarquista Ibérica, su muerte se produjo en noviembre de 1936. Los que la conocían hablaban de ella como una mujer de oración, de gran amabilidad pero también de firmeza.

La ciudad vallisoletana de Nava del Rey ya cuenta con un santo canonizado, el mártir dominico del siglo XVIII para el Vietnam, Mateo Alonso de Leciniana. El pueblo también ha elevado a los altares, sin que lo haya hecho Roma todavía, al muy popular hermano Antonio Alonso Bermejo, cuyo sepulcro se encuentra en la iglesia de los Santos Juanes y al que se le ha erigido una estatua en la Plaza Verdura.

 

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