Educación para que los derechos humanos no sean pisoteados

Escaleras en el instituto La Merced./
Escaleras en el instituto La Merced.

Los institutos La Merced y Ramón y Cajal celebran varios actos para recordar las violaciones y agresiones en el mundo

VÍCTOR VELA

Annie Alfred, ¿les suena? Máxima Acuña, ¿la conocen? Eren Keskin, ¿saben quién es? Los alumnos del instituto La Merced no solo están familiarizados con estos tres nombres, sino que los han convertido en bandera para proclamar su lucha en la defensa de los derechos humanos.

Annie, Máxima, Eren.

Hay, en el descansillo del primer piso, en los pasillos de este centro de secundaria, instalada una mesa de recogida de apoyos para que los estudiantes estampen su firma y, de este modo, respalden una campaña de Amnistía Internacional desplegada con motivo, este sábado 10 de diciembre, del Día Internacional de los Derechos Humanos. El objetivo recuerdan Elena Castrillo y Carmen Gómez, profesoras del centro es que, con cada una de esas firmas, se redactará una carta que posteriormente será enviada a los responsables políticos de los países en los que Annie, Máxima y Eren ven cómo sus derechos fundamentales son violados.

Annie Alfred se ha convertido en una víctima de la superstición y la magia en Malawi por el mero hecho de ser albina. Tiene diez años. Quiere ser enfermera. Hay en torno a siete mil y diez mil personas albinas en aquel país africano. Muchas mueren asesinadas por la creencia de que su cuerpo es mágico y puede luego venderse por piezas.

Máxima Acuña (1970) es una activista peruana que se ha visto atacada por defender la tierra y el medio ambiente en Perú y luchar contra la instalación de un macroproyecto minero, que ha destruido la vivienda de Máxima y de una comunidad peruana.

Eren Keskin (1959) es una abogada turca, defensora de los derechos humanos, que ha sido procesada más de cien veces en Turquía por alzar la voz contra el gobierno.

Son las tres causas por las que este año luchan los alumnos del instituto La Merced, que se ha integrado en la red de escuelas por los derechos humanos, que agrupa a centros educativos de toda España. Para esta actividad, el instituto cuenta con la participación de estudiantes de tercero de Secundaria (que recogerán las firmas) y de FormaciónProfesional Básica, que han diseñado las mesas y decorado el centro. Las escaleras, por ejemplo, recogen carteles con algunos de los derechos que son pisoteados en varios puntos del mundo. Como el derecho a la vida, al derecho de expresión, a la intimidad, a la presunción de inocencia o a un juicio justo.

Naciones Unidas ha cifrado en cerca de treinta los países donde se cometen, de forma habitual, graves violaciones de los derechos fundamentales. Yhabla de Sudán del Sur, Corea del Norte, Siria, Venezuela, Libia...

«El problema es que muchos jóvenes no son conscientes de estas violaciones, de que hay personas en el mundo que ven cómo sus derechos son ninguneados», explica Ángela Fernández, profesora del institutoRamón y Cajal.El centro alberga durante estos días la exposición A la luz de las velas, una muestra con imágenes de Henar Sastre (fotógrafa de El Norte de Castilla) que recuerda la matanza de dos jesuitas vallisoletanos, Segundo Montes e Ignacio Martín Baró, asesinados en 1989 en El Salvador.

Una charla el viernes recordó el trabajo de estos religiosos y cómo los tribunales de justicia aún no han resuelto el asesinato. «Es importante que los alumnos tomen conciencia de las violaciones de derechos humanos, que hay lugares del mundo en el que no hay libertad para defender las ideas o donde las mujeres sufren tremendas desigualdades», indica Fernández, quien ha destacado la participación de los estudiantes no solo del instituto Ramón y Cajal, sino también de centros vecinos, como el IES Delicias o de colegios del barrio.