Un exoesqueleto francés devuelve la movilidad a un tetrapléjico

Un exoesqueleto francés devuelve la movilidad a un tetrapléjico

El equilibrio es la asignatura pendiente en una investigación que dura una década

JOSÉ ANTONIO GONZÁLEZ

Cuatro años sin mover ni piernas ni brazos. Así era hasta este mes de octubre la vida de Thibault, un joven francés de 28 años, que perdió la movilidad de las cuatro extremidades y que ahora ha vuelto a moverlas gracias a un exoesqueleto controlado por su mente.

Oculista de profesión, una caída de 15 metros acabó con los sueños del joven, que prefiere no revelar su apellido. Thibault sufrió una lesión en la columna cervical «que lo dejó sin control de sus piernas», apuntan los responsables de la investigación. «Mantuvo algo de movimiento en sus bíceps y muñeca izquierda, por lo que ha podido controlar una silla de ruedas con su brazo izquierdo», añaden.

Tras dos años en el hospital, participó en 2017 en el ensayo con un traje de exoesqueleto desarrollado por el centro francés de investigaciones biomédicas Clinatec y la Universidad de Grenoble. Un proceso que duró 24 meses.

Entre el 12 de junio de 2017 y el 21 de julio de 2019, «el paciente controló corticalmente un programa que simulaba caminar e hizo movimientos bimanuales, de múltiples articulaciones y miembros superiores con ocho grados de libertad», explican los responsables en la publicación The Lancet.

«Es un mensaje de esperanza para las personas en el mismo estado que yo: hay cosas posibles, aunque tengamos una importante discapacidad», relata el joven francés de 28 años.

El exoesqueleto que ha devuelto parcialmente la movilidad a Thibault trata de una armadura motorizada «con múltiples articulaciones». Un proyecto que ve la luz diez años después de largas investigaciones.

La investigación crece sobre la base de que «el cerebro sigue siendo capaz de generar las órdenes que en general hacen que se muevan brazos y piernas, pero no hay nadie que las ejecute». Así lo ha defendido el equipo de científicos de la Universidad de Grenoble (Francia). Y ahora a las pruebas se remiten.

El exoesqueleto francés funciona gracias a unos electrodos implantados en el cuerpo de Thibault y «captan las señales enviadas por el cerebro y las traducen en señales motoras». En concreto, los investigadores implantaron dos sensores entre la piel y el cerebro, pero «no en el mismo cerebro», puntualizan los expertos en la publicación científica The Lancet.

Estos dos sensores captan la actividad cerebral de la corteza para así registrar el funcionamiento de esa parte del cerebro «que controla el movimiento y las sensaciones». «A lo largo de los 24 meses del estudio, el paciente realizó varias tareas mentales para aumentar progresivamente el número de grados de libertad», explican en la investigación.

En el caso de Thibault, el equipo médico francés optó por la conexión inalámbrica de los sensores, porque «son menos invadidos». El uso de sensores cerebrales para devolver la movilidad a los pacientes es una técnica ya usada en investigaciones, pero, en estos casos, las máquinas estaban conectadas a ordenadores mediante cables.

Largo entrenamiento

A lo largo de los 24 meses del estudio, el joven francés realizó varias tareas mentales para aumentar progresivamente el número de grados de libertad e ir aumentando progresivamente el número de movimientos que podía realizar con el exoesqueleto. «Tuve que reaprender poco a poco», señala Thibault.

Para entrenar el algoritmo, el paciente debía mover una plataforma hacia la derecha o hacia la izquierda para atrapar una pelota digital. Un movimiento que imitaba el famoso videojuego Pong de las consolas creadas por Atari en 1972.

Este entrenamiento se completaba además con movimientos más complejos como extender una mano y girar una muñeca, a través de una simulación virtual. Tras dos años de pruebas, Thibault pudo caminar con el exoesqueleto, pero con la máquina enganchada al techo, porque el sistema aún no es capaz de proporcionar el equilibrio requerido para caminar por sí mismo.

«Nuestros hallazgos podrían acercarnos un paso más a ayudar a los pacientes tetrapléjicos a manejar computadoras usando solo señales cerebrales, tal vez comenzando con sillas de ruedas usando actividad cerebral en lugar de joysticks y progresando para desarrollar un exoesqueleto para una mayor movilidad», apunta el profesor Stephan Chabardes, neurocirujano del CHU de Grenoble-Alpes a la publicación Mashable.

Este es el primer paso de esta tecnología, que está siendo probaran en otros tres paciente. El objetivo es resolver otros problemas como el de la estabilidad del exoesqueleto.