Una pareja cría 15 hijos de acogida y uno propio en 40 años

Andoni Colás recibe de manos del Rey la Medalla, que también recibió su esposa Marian Martín./E.C.
Andoni Colás recibe de manos del Rey la Medalla, que también recibió su esposa Marian Martín. / E.C.

La ejemplar entrega de Andoni Colás y Marian Martín les ha valido la Medalla al Mérito de manos del Rey

JUDITH ROMERO

La familia Colás-Martín ha dedicado su vida a la crianza de una quincena de jóvenes de acogida y, cuarenta años después, ha visto su esfuerzo reconocido con la Medalla al Mérito Civil. La recibieron de manos del rey Felipe VI en un acto durante el quinto aniversario de la llegada al trono del monarca. Colás y Martín fueron postulados a la distinción por el servicio de Infancia del Ayuntamiento de Vitoria y la Fundación San Prudencio para que fuera reconocido su ejemplar trabajo desinteresado.

Esta pareja alavesa dio el paso de ser padres de acogida en su juventud, cuando tenían 24 y 22 años. «Fui seminarista y voluntario en la residencia de La Paz, donde pude conocer a muchos niños con graves problemas y quisimos ayudar», explica Colás. A finales de los años setenta se desinstitucionalizaron centros como cárceles, psiquiátricos y recursos para estos pequeños. Los centros de acogida que funcionaban hasta entonces se extinguieron para pasar a formar parte de los denominados Hogares Familiares. «Quisimos empezar con adolescentes, pero Marian no tenía la edad suficiente así que, tras casarnos para poder formar parte del programa en agosto del 79, recibimos seis niños ese mismo septiembre».

De la noche a la mañana, Colás y Martín se vieron residiendo en un gran piso municipal ubicado en Sansomendi con seis pequeños de entre 3 y 6 años de edad. «No estábamos preparados para eso, pero nos las fuimos arreglando. Lo peor fueron las adolescencias. ¡Hubo algunas terribles! Seis a la vez, algunos se escaparon, otros ingresaron en centros… y otros se quedaron con nosotros hasta que pudieron emanciparse», resume Colás. Años después, en 1986, la familia dio la bienvenida a su único hijo biológico. «Hubo algunos celos entre los mayores, pero todo fue bien. Él se ha criado en una gran familia con hermanos mayores y menores», afirma el padre de este gran clan.

Años después, ya cumplidos los 40, Colás decidió formarse como psicoterapeuta. «Estos jóvenes tenían un trastorno del apego por casos de abandono, maltrato o abuso sexual y no tuvieron adolescencias fáciles. Esta formación nos ayudó a afrontar la segunda tanda de hijos, en la que acogimos a otros siete jóvenes en Lakua-Arriaga», enumera. En total, este matrimonio de 64 y 62 años ha criado a una quincena de hijos que ahora tiene entre 34 y 40. «Éramos felices, pero por suerte ahora las cosas han mejorado y los niños no llegan en tandas a sus nuevos hogares», admite Colás.

Disgustos y satisfacciones

Los niños de esta familia ya están creciditos, pero estos grandes padres no tienen el síndrome del nido vacío. «Tenemos 16 nietos y dos bisnietos, siempre tenemos a alguien de visita en casa, no tenemos tiempo para aburrirnos», reconocen. Pese a los momentos duros, ni Andoni ni Marian se arrepienten de haber abierto las puertas de su hogar a estos jóvenes. «Hay veces en que te llevan al límite, he tenido que traerlos de la Ertzaintza en varias ocasiones, han tratado de robar un coche… pero aunque te den más disgustos que nadie, también dan más satisfacciones. Son maravillosos cuando hablan y te infunden el valor necesario para salir adelante».

«Pedro Sánchez nos preguntó cómo nos habíamos atrevido»

La gran dedicación de Andoni Colás y Marian Martín bien les ha valido recibir una medalla en el Palacio Real. Sin embargo, no todo el mundo entendió la decisión que tomaron a sus veinte años. «Mi padre me decía que me casara y no me metiera en estos asuntos. Por aquel entonces yo estudiaba Pedagogía y Marian trabajaba en la biblioteca del seminario», recuerda Colás. Pese al shock inicial, el nacimiento de su hijo biológico en 1986 y los primeros años de cuidados ayudaron a unir aún más a esta gran familia de distintos orígenes. «Venían cuñados y otros familiares a visitarle y, cuando empezó a hablar, todos los niños terminaron acercándose más a nuestras familias de origen y a llamarles tíos, tías…», recuerda con cariño Colás, quien aconseja a los padres no dejar de lado la autoridad durante la crianza. «No ponerles límites es una forma de maltrato, los jóvenes no necesitan otro amigo más, sino tener padres que les guíen», recomienda. Esta pareja humilde se aguantó los nervios que le producía estar ante el Rey al recibir la Medalla al Mérito Civil. «Si nuestro ejemplo sirve a otros padres, adelante. El presidente Pedro Sánchez nos preguntó cómo nos habíamos atrevido a acoger a tantos niños, pero hay cosas más complicadas», sonríe Colás.

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