«¿Y esto es noticia?»

La proliferación de lectores en las ediciones digitales de los periódicos obliga a un ejercicio comparativo

«¿Y esto es noticia?»
Arturo Posada
ARTURO POSADAValladolid

Los periódicos cuentan cada vez con más lectores. No en papel, ese formato tan querido que ojalá algún día tenga su 'revival', sino a través de las ediciones web en el océano digital. La multiplicación de miradas obliga a un ejercicio comparativo. El viejo lector de tinta y pliegos sabe que en un periódico cabe de todo. Informaciones, por supuesto, pero también reportajes más o menos pegados a la actualidad, artículos de opinión, editoriales que marcan la línea ideológica, agendas, cartelera, programación televisiva, crónica rosa, pasatiempos... No todo son noticias, aunque la noticia aparezca siempre como el bien supremo y el gran botín que buscan los periodistas. Con las secciones bien compartimentalizadas, ningún lector de las ediciones impresas suele sorprenderse cuando se topa con contenidos de este tipo.

Internet es otro cantar. Las portadas digitales de los diarios ofrecen un mosaico barroco donde compiten artículos de diferentes progenitores. Cada texto es de un padre y de una madre. Una relevante información política se codea con un ligero reportaje veraniego. La penúltima barrabasada viral convive junto a una crisis internacional de primer orden. Un texto de ganchudo titular le disputa el protagonismo a un análisis socio-económico muy revelador.

La denominada portada o 'home' brilla como una cornucopia capaz de mostrar simultáneamente una macedonia de relatos. Ante tal abigarramiento, muchos nativos digitales (aquellos que ven el papel como una reliquia, pero bienvenidos sean) sienten la necesidad de remangarse y clamar con indignación '¿¡Y esto es noticia!?'.

No, por supuesto, no es noticia. Pero ningún suscriptor de la edición impresa se preguntará si esas recetas que ofrece el suplemento culinario del diario «son noticia». Ni levantará los brazos iracundo al ver una página dedicada al famoseo mientras dice «¿De verdad hay que publicar esto?». Tampoco saltará como un resorte si se encuentra con las últimas tendencias que recorren el mundo de la moda o con un artículo prescriptivo sobre los mejores lugares para cenar o tomarse una copa. El viejo lector sabe que en el periódico de toda la vida coexisten diferentes contenidos y secciones. Si no le interesa, pasa la página.

La web lo mezcla todo con una espátula que confunde a los neófitos y que da alas a una inevitable causticidad. «¡La edad de oro del periodismo!», ironizan los tuiteros de ceja levantada ante un titular con pinta de anzuelo para los clics, pero que tal vez acabe encerrando un hecho noticioso. El enojo puede aumentar si se les muestra un vídeo que se ha hecho popular (o que va camino de ello: a veces son los medios los que crean la viralidad) y que conduce al inevitable soniquete «Pero, ¿y esto es noticia?».

En el equilibrio web radica la clave. Una cabecera informativa que pretenda apabullar solo con cebos corre el riesgo de acabar convertida en el circo Tonetti Digital. La algarabía tuitera puede tener cierto recorrido, pero hay mucha más vida informativa esperando allende las redes sociales.

Como en el periódico en papel, en la web también cabe la heterogeneidad. De manera más anárquica, es cierto, más volátil. Una primera página impresa condensa y jerarquiza lo que ha sucedido el día anterior. Una portada digital se renueva varias veces a lo largo de la jornada con un fondo de armario más amplio. La web es mutante. El papel fija (y da esplendor).

La pregunta final resulta tan evidente como su respuesta. Y este artículo... este artículo... ¿es noticia?