La ciudad más pequeña

Vista de las casas colgantes de la localidad burgalesa de Frías./A. S.
Vista de las casas colgantes de la localidad burgalesa de Frías. / A. S.

A poco más de 80 kilómetros de Burgos, el Ebro, a su paso por las Merindades, invita a conocer este sorprendente paseo por la historia

Ana Santiago
ANA SANTIAGO

Empinadas y estrechas calles. Rincones para descubrir y respirar. Vistas espectaculares y rica gastronomía en una amplia oferta hostelera. Frías lo tiene todo, y recorrer sus calles es un viaje por la historia, un disfrute para la vista y para el descanso.

A 82 kilómetros al nordeste de Burgos y con unos trescientos habitantes, una cómoda escapada veraniega lleva hasta la ciudad más pequeña de España, centinela del Ebro.

El puente medieval nos introduce en una ciudad en la que sorprende todo. Sus casas colgadas, de toba y madera, parecen orgullosas construcciones que forman parte del precipicio. Sin vértigo, han aprovechado un reducido espacio que le ofrece la enorme roca conocida como La Muela, sobre la que se asienta la parte alta de esta localidad burgalesa. Están al límite, anunciando el barranco y constituyen un conjunto asombroso y un paisaje más que atractivo, y al no poder abrirse a lo ancho lo hacen hacia el cielo.

Frías aparece citada por primera vez en la segunda mitad del siglo IX. Sería una de tantas localidades surgidas en los primeros momentos de la ocupación del Alto Ebro. De aquellos años quedan los sepulcros rupestres de los alrededores de la parroquia de San Vicente, entonces cementerio. El nombre del pueblo procede de 'Aguas Fridas'.

Es Frías un lugar con puertas en un recinto amurallado con castillo. Aún sueña con conquistas. Fue de las primeras fortalezas del siglo X, que está situada sobre una peña que domina el Valle de Tobalina, y es uno de los castillos roqueros más espectaculares de Castilla y León; aún se percibe su valor estratégico para defender los pasos más importantes entre La Bureba y Castilla la Vieja.

Lugares

El casco.
El castillo de los Velasco y la iglesia de San Vicente Mártir presiden este conjunto histórico artístico.
El puente sobre el Ebro.
De construcción romana , fue reconstruido varias veces en la Edad Media.
La muralla.
Defendía toda la muela de la ciudad hasta la iglesia de San Vicente.
Rutas.
Los Montes Obarenes constituyen las últimas estribaciones de la Cordillera Cantábrica y se alzan como un gran murallón natural sobre las tierras de La Bureba.

La muralla ya se cita en un documento del monasterio de Vadillo del 1211. Es, por lo tanto, inmediatamente posterior a la construcción del castillo. Defendía toda la muela de la ciudad hasta la iglesia de San Vicente, que en su torre tenía almenas de defensa. Desde aquí seguía una muralla baja que, por delante de las casas colgantes, se unía a la Puerta de la Cadena.

Y cuando el paseo por la ciudad persigue más espacio y aún más naturaleza, nada mejor que recorrer el río Molinar, en las inmediaciones del pueblo. Su torrente, controlado al principio, salvaje después, llena de música el recorrido y rasga con su curso los Montes Obarenes. Se abre paso a través de un desfiladero adornado de vegetación que se precipita hacia el Ebro, entre Tobera y Frías, por unos rápidos aprovechados desde el siglo XIII para mover molinos, batanes, pisones y demás artilugios hidráulicos. Ruge el agua encajonada e invita a recorrerla de forma fácil, incluso para los más pequeños, en sus primeros tramos. Y junto a él, como no lo hubiera imaginado mejor un pintor, la ermita de Nuestra Señora de la Hoz, que parece extraída de la piedra que la cobija. El edificio es también de toba, pero con recuerdos góticos. En el medievo, esta iglesia balconada sirvió además de hospedería a los peregrinos que se dirigían a Santiago.

La iglesia de San Vítores, el cuidado puente medieval, el lavandero también del medievo o el convento de San Francisco completan la visita. En torno a la calle del Mercado, pero no solo, bares y restaurantes acogen el descanso tras un buen paseo con buena y tradicional cocina y tapas. Famosa es su morcilla con pimientos rojos. En esto tampoco falla ninguna escapada por las tierras de Castilla y León.