¿Por qué escuchar música nos hace sentir tan bien?

¿Por qué escuchar música nos hace sentir tan bien?

Un psicólogo y un bioquímico apasionado de la clásica explican sus beneficiosos efectos en nuestro cerebro... y desvelan por qué a los veinteañeros les encanta Raphael

YOLANDA VEIGASan Sebastián

«El aire se serena / y viste de hermosura y luz no usada, / Salinas, cuando suena / la música estremada, / por vuestra sabia mano gobernada...». Fray Luis de León habla incluso de «son divino» y «son sagrado». Música para sus oídos, literal, la de su amigo Francisco de Salinas, a quien el poeta regaló estos versos.

Lo saca del poemario Félix Goñi, catedrático de Bioquímica de la UPV, apasionado de la «música buena», en la que le iniciaron en casa. «Desde niño he oído clásica aunque he tardado treinta años en apreciar la de Bruckner, que sin embargo le encantaba a mi padre». Goñi teoriza sobre los efectos beneficiosos que provoca la música, a propósito del ciclo Musika-Música, cuya 16 edición se celebra hasta el domingo en el Palacio Euskalduna de Bilbao y que en esta ocasión centra especialmente su atención en Smetana, Dvorák, Janácek y Mahler.

«El efecto de la música es maravilloso, yo creo que nos hace mejores personas. De hecho, si escucháramos más música seríamos una sociedad más feliz, porque no sé si amansa a las fieras del zoo, pero a las fieras humanas, sí». Y pone el ejemplo del poema a Salinas. «Ya ves, Fray Luis de León decía que la música de su amigo le elevaba al éxtasis».

Quizá fue una exageración del poeta, pero algo así ocurre. «La música incrementa la actividad cerebral y tiene un efecto inmediato. Además, como se deriva al área emocional del cerebro la sensación es de bienestar», explica el psicólogo Manuel Nevado. Y hace una advertencia, obvia pero necesaria. «El efecto es beneficioso siempre que la música nos guste y nos transmita algo, un recuerdo, nos evoque algo positivo o sea neutra. Si no te gusta, es contraproducente. No olvidemos que también se ha utilizado como herramienta de tortura».

«Como el caviar, hay que probar varias veces»

A propósito de qué tipo de música produce esos efectos beneficiosos, Goñi remite no solo a la música clásica, sino a la «música buena» en general, que es mucha pero no toda. «No creo que la canción del verano o la que gane Eurovisión le lleve a nadie a la contemplación divina». Probablemente no, pero no hay que descartar, en principio ningún tipo de música, advierte el psicólogo. «Lo importante es que transmita. Por ejemplo, ¿por qué Raphael va a un festival en Aranda de Duero y le esperan una legión de chavales de veintitantos años a un artista que en principio no gusta a los jóvenes? Pues le esperan porque de niños iban en el coche de su padre escuchando las cintas de Raphael y han asociado esas canciones a un momento familiar bonito».

El experimento de las chabolas en Buenos Aires

La música como terapia. «Se lleva investigando muchos años y en casos de autismo los resultados son espectaculares. También es muy beneficioso para personas que sufren Alzheimer, para trabajar el recuerdo de momentos agradables», explica el psicólogo Manuel Nevado. Pero los efectos de la música no son solo médicos. «Hay una orquesta en Venzuela formada por niños marginales. Y yo mismo he tenido ocasión de ver un experimento similar en unas chabolas de Buenos Aires. Aquello suena a rayos pero la experiencia de formar un grupo con gente desfavorecida ha mejorado, sin duda, la vida en las chabolas».

De hecho una de las propuestas que Nevado hace a la gente que trata en su gabinete psicológico es que hagan «una lista de seis u ocho canciones que les gusten porque escucharlas cuando se encuentra uno anímicamente mal ayuda a encarar el día».

Hay consenso en que la música clásica produce beneficios a todo el mundo. ¿Por qué?

Por lo general, es placentera y genera satisfacción y bienestar. Además, favorece la memoria de aprendizaje, por lo que mucha gente la utiliza de fondo para concentrarse cuando está trabajando o estudiando. Pero volvemos a lo de antes, si no te gusta la música clásica es contraproducente.

Que te gusta la música clásica puede suceder de manera espontánea, o no tanto. Y Félix Goñi sostiene que el provecho que le sacamos «es proporcional al esfuerzo que hacemos». No concibe el experto la escucha como un acto pasivo, sino que implica «una actitud activa», como «la diferencia entre ver la película o leer el libro». «Algunas piezas de música son como el caviar, que igual lo pruebas y no te gusta pero si la gente paga tanto por algo será».

Por eso recomienda perseverancia, escuchar otra vez, y otra, y en cada escucha, dice, iremos encontrando un matiz diferente. «Pongamos que vemos el cuadro de 'Las Meninas' por primera vez. Uno puede decir que son unas niñas y unos señores por detrás. Pero si lo miras cien veces lo verás de cien maneras distintas, igual que si lees 'El Quijote' ocho veces te parecerá que cada vez es una novela distinta».

«Si esto lleva 200 años gustándole a la gente...»

Pues lo mismo, dice, hay que hacer con la música para llegar, si no a ese éxtasis que relataba Fray Luis de León, sí al menos a esa sensación placentera de que las notas «nos llevan a un mundo mejor». «Hay que empezar por cosas fáciles, no te vas a aficionar a Beethoven empezando por la Primera sinfonía y así hasta la Novena, es mejor empezar por la entrada del coro de la Novena, que te va a impresionar, o por la Quinta». Para llegar luego a las demás. «Si esto lleva doscientos años gustándole a la gente será por algo. Aunque ojo, que también ha habido pestiños, pero esos no han perdurado hasta hoy, se han ido quedando por el camino».

Aunque no todas las piezas que siguen siendo consideradas obras maestras tuvieron esa consideración inicial. «Ahora la Quinta Sinfonía de Beethoven nos parece archiclásica pero cuando se compuso hubo un hombre que comentó que tras escucharla no era capaz 'de encontrar la cabeza para ponerse el sombrero', queriendo decir que era algo disparatado, una locura porque Beethoven fue un revolucionario de tomo y lomo. De Mozart también decía que hacía cosas rarísimas y hoy es considerado de otra manera».

¿Y qué nos provoca cuando le escuchamos?

La música es la más abstracta de las artes, más aún cuando no hay letra, pero la clásica invariablemente le hace sentir a uno cosas bellas, genera sensaciones de belleza que no se pueden explicar. Tú escuchas una pieza y dices: '¡Qué preciosidad!', y te sientes bien.

Es lo que le producen a Goñi las cantatas de Bach, que reconoce que «son duritas». Eso y cantar, actividad a la que también dedica su tiempo.

Un compositor español a destacar.

Luis de Pablo. Probablemente se va a seguir escuchando dentro de cien años, aunque es extremadamente difícil, no se lo recomendaría a nadie que esté iniciándose en la música clásica. Igual que no recomendaría a Cernuda a quien quiera empezar con la poesía. Le diría: 'Lee a Alberti, a ver qué pasa'.

Ismael Serrano y 'Noches de Bohemia'

A propósito de sensaciones. Sostiene el psicólogo que «todos tenemos una banda sonora que nos evoca determinadas cosas y nos genera determinados estados de ánimo». Recurre a un ejemplo propio. «Si estoy melancólico escucho a Ismael Serrano porque me gusta y me refuerza ese sentimiento de melancolía, pero si voy a salir de fiesta pongo un disco de Extromoduro, por ejemplo, que me genera euforia».

Hay canciones que invariablemente hacen llorar. Muchas, por ejemplo, 'Noches de Bohemia'. ¿Por qué?

Hay determinados ritmos y melodías que provocan nostalgia y nos llevan a la instrospección. Un ejemplo, efectivamente es ése de 'Noches de Bohemia'. Además de ritmo, la voz del cantante es desgarradora y la letra, aunque conscientemente no la escuches, el cerebro sí la procesa, y esa canción habla de una historia de amor en la que una persona está muy dolida. Por otro lado, utiliza elementos que pertenecen a la memoria común, como la luna y por eso resulta tan evocadora.