Zamora se echa a las calles para celebrar sus días grandes y acompañar a la Vera Cruz

El Prendimiento, a su paso por la calle de San Andrés de Zamora, durante la procesión de la Vera Cruz. /
El Prendimiento, a su paso por la calle de San Andrés de Zamora, durante la procesión de la Vera Cruz.

Los 2.500 hermanos de la cofradía más antigua de la ciudad arroparon a los once pasos en un desfile de seis horas

ALICIA PÉREZ

Zamora vive sus días grandes. En un Jueves Santo con la ciudad repleta de visitantes, fue la Virgen de la Esperanza la encargada de abrir una jornada con tres procesiones, entre ellas la de la cofradía más antigua de Zamora, la de la Santa Vera Cruz, Disciplina y Penitencia, del siglo XV. De morado Nazareno y bajo un sol radiante, 2.500 hermanos acompañaron a los once pasos en su camino por el casco antiguo, en un desfile que representa las escenas más significativas de la Pasión de Cristo y que duró seis horas.

A las 16:45 horas partía la procesión del Museo de Semana Santa para después dirigirse hacia la Catedral. La Banda de Cornetas y Tambores Ciudad de Zamora abría el desfile. Tras ellos, el Barandales, que anuncia el inicio de las procesiones con el sonido de sus esquilas, daba paso a la primera imagen, La Santa Cruz, de Julio Gómez Sismo. Le seguían El Lavatorio de los Pies, del zamorano Higinio Vázquez; La Santa Cena, de Fernando Mayoral; La Oración del Huerto, de Juan Sánchez Guerra, y El Prendimiento de Jesús, de Miguel Torija.

En el ecuador de la comitiva desfilaron La Flagelación, de Juan Sánchez Guerra; Coronación de Espinas, de Higinio Vázquez; Ecce Homo, de Gil de Ronza, y La Sentencia, de Ramón Núñez-Fernández; y en el cierre de la procesión, Jesús Nazareno, de autor desconocido, y tras sus pasos, la Virgen Dolorosa, de Ricardo-Segundo García Pérez. Todos ellos acompañados por dos hileras de cofrades y los sones de marchas procesionales como 'Mater Mea' o 'Getsemaní', interpretadas por ocho bandas tanto de Zamora como de diversos puntos del país. Entre ellas, la Banda Maestro Nacor Blanco de Zamora, La Lira de Toro, la Banda de Olmedo (Valladolid), la de Villamayor de Salamanca y la de Pozuelo de Alarcón, llegada desde Madrid.

Pasadas las 19 horas, la procesión hacía su entrada en la Plaza de la Catedral. Empezaba a oscurecer tras una tarde soleada que llenó las calles a lo largo de todo el recorrido. Los cargadores y cofrades entraron en el atrio de la Catedral para dejar los pasos durante la media hora de estación que se realiza tradicionalmente en los alrededores de la Seo zamorana. Es la merienda tradicional, en la que familiares y amigos comparten viandas y acompañan a los miembros de la cofradía para reponer fuerzas antes de la vuelta al punto de partida. Después se reanudó el desfile, que llegaba seis horas después de su partida al Museo de Semana Santa.

Mientras los cofrades de la Vera Cruz guardaban los pasos, los 1.300 hermanos vestidos con túnica blanca de la Penitente Hermandad de Jesús Yacente se preparaban para salir de la iglesia de Santa María la Nueva en una procesión que recorre el casco antiguo con el Cristo tallado por Francisco Fermín en el siglo XVII. En la noche zamorana, el silencio solo fue roto por los tambores, las cruces de madera y por uno de los actos más admirados de la Semana Santa, el solemne canto del Miserere.

 

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