De los Altos de la Piedad a la Catedral

De los Altos de la Piedad a la Catedral

La Cofradía de los Exalumnos Maristas realiza el Juramento de Silencio a la luz de las antorchas antes de subir los pasos al templo mayor

MIGUEL ÁNGEL LÓPEZ

Las hogueras y antorchas compitieron con la luz del sol en el ocaso cuando las dos imágenes subieron a los Altos de la Piedad. La Cofradía de la Asociación de Exalumnos Maristas llevó a las ocho y media los pasos de Jesús con la Cruz a Cuestas y de María Santísima de las Angustias hasta el pequeño otero donde Enrique IV situó la ermita dedicada a la Virgen de la Piedad, que hoy representa una diminuta construcción junto a las cruces de granito que son las estaciones finales del vía crucis que en tiempos comenzaba en Sancti Spíritu.

La presencia en el lugar del Cristo (obra del catalán José Quixal traída a Segovia en 1907 por el obispo Miranda i Bistuer) y de la Virgen de las Angustias (de la escuela de Juan de Juni del siglo XVI) confiere una espiritualidad especial cada año al Juramento de Silencio de la Cofradía, realizado como ayer ya entrada la noche, y depara además imágenes singulares propiciadas por el contraste de las luminarias de fuego y, al fondo, en el casco histórico, la Catedral iluminada por los potentes focos de la luz ornamental.

Fue de nuevo este juramento una ocasión para la reunión de los antiguos alumnos del colegio Marista integrados en la Cofradía de Ademar y de los actuales que desfilan con los capuchones grana y negro unidos en un cordel de farolillos, de los más jóvenes vestidos de blancos cruzados, de la banda de cornetas y tambores formada también por alumnos y exalumnos y de los profesores y familiares que participan en las procesiones, las de Jueves y Viernes Santo. Y la de ayer fue otra vez emocionante. El traslado desde los Altos de la Piedad a la Catedral siguió el recorrido único, exclusivo de esta cofradía, que desciende hasta Sancti Spíritu para subir por el Arco del Socorro y la Ronda de Juan II hasta el Alcázar. De allí subieron por Daoíz hasta el convento de la Siervas de María, donde los cofrades realizaron la Ofrenda Penitencial, para continuar hasta la iglesia de San Miguel y la Catedral, donde la entrada la realizaron a las doce de la noche.

 

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