La lluvia no se apiada de Amor y Paz y frena su procesión en el Puente Romano

Los cofrades se encaminan por elPuente Romano minutos antes de que empezara a llover./MARÍA SERNA
Los cofrades se encaminan por elPuente Romano minutos antes de que empezara a llover. / MARÍA SERNA

La hermandad se arriesgó a salir pese a que las previsiones meteorológicas eran adversas

Ricardo Rábade
RICARDO RÁBADESalamanca

Los desafiantes nubarrones que surcaban los cielos hacían presagiar todo lo peor. En las mentes de todos los cofrades resucitaron las tristes y deprimentes estampas del Jueves Santo de 2018, cuando las adversidades climatológicas pulverizaron las ilusiones y las esperanzas de todo un año de quehacer religioso de los devotos miembros de la Hermandad delCristo delAmor y de la Paz.

El anuncio que se hizo en el interior de la iglesia delArrabal de que la procesión sí se iba a celebrar, una vez realizadas las últimas consultas sobre los pronósticos meteorológicos, desató momentos de profunda emoción y conmovedores abrazos entre los cofrades. Los responsables de la hermandad optaron por acortar el recorrido y la duración en cerca de hora y media. En esos momentos previos a la salida de los pasos del templo religioso, la idea que se barajó era eliminar la Rúa del itinerario, con el fin de ganar tiempo y escapar de las más que previsibles precipitaciones. Fundamentalmente se quería llegar hasta laCatedral y regresar al Arrabal lo más pronto posible.

Antes de cruzar el umbral de la puerta, los cofrades escucharon las palabras del sacerdote, quien les instó a que realizaran la procesión en silencio y prometieran su plena adhesión al amor y a la paz. El sacerdote también citó al Papa Francisco para poner de relieve las advertencias que ha proclamado el Sumo Pontífice sobre los funestos mensajes con los que se prodigan los falsos profetas.

El primer paso en abandonar el templo religioso delArrabal fue el impresionante Cristo delAmor y de la Paz, una talla de autor anónimo que data del siglo XVII. Le precedieron una sucesión de disciplinados cofrades arrastrando pesadas cruces, mientras los hermanos más pequeños portaban chascas y tablas. Minutos después se asomaba por la puerta de la iglesia María Nuestra Madre, una talla obra de Hipólito Pérez Calvo que data del año 1987.

Sin embargo, la lluvia no se apiadó de la Hermandad delCristo del Amor y de la Paz, dado que hacia las 22:00 horas comenzó a caer tímidamente sobre el asfalto urbano.Las miles de personas que presenciaban el recorrido de los cofrades desplegaron sus paraguas para protegerse de la inoportuna lluvia.

Retorno precipitado

Las secuelas de los chubascos sobre el desarrollo de la procesión fueron demoledoras, dado que desbarataron todos los planes de una procesión de menor duración y corto recorrido que habían ideado los cofrades como fórmula alternativa para afrontar elJueves Santo.Dado que las precipitaciones no cesaban, las imágenes delCristo delAmor y de la Paz y María Nuestra Madre fueron cubiertas con plásticos para protegerlas de las inclemencias del tiempo. La lluvia persistía y la Hermandad delCristo del Amor y de la Paz no tuvo más remedio que dar media vuelta cuando ni siquiera había culminado el recorrido por el Puente Romano, teniendo que retornar rápidamente hacia el punto de partida de la procesión: la iglesia delArrabal.

De esta forma, la procesión quedó reducida a la mínima esencia y no se pudo celebrar la esperadaOración por la Paz en la plaza de Anaya, donde estaba prevista la intervención del obispo de la Diócesis de Salamanca, Carlos López, y donde también se iba a llevar a cabo la tradicional suelta de palomas, escena imprescindible de cada Jueves Santo.

La vertiente musical de la procesión la protagonizaron los componentes de la Banda de Cornetas yTambores delCristo delAmor y de la Paz, así como la Banda Municipal de la ciudad de Plasencia.

LaHermandad delCristo delAmor celebró su primera procesión el Jueves Santo del año 1971. Además, ostenta la condición de ser la primera hermandad de la Semana Santa de España que incorporó como miembros de pleno derecho a las mujeres, hecho que aconteció justo un año después, es decir, en 1972.