La viuda del brigada asesinado por ETA hace diez años: «Ni perdono ni olvido, pero no guardo rencor»

Lourdes Rodao junto a su hijo, Iván Conde, este viernes, en la Academia de Artillería. /A. de Torre
Lourdes Rodao junto a su hijo, Iván Conde, este viernes, en la Academia de Artillería. / A. de Torre

La Academia de Artillería recuerda a Luis Conde de la Cruz en un acto de homenaje a los caídos por España

Carlos Álvaro
CARLOS ÁLVAROSegovia

«Ni perdono ni olvido, pero no guardo rencor. Y así se lo digo a los escolares a los que les cuento mi historia gracias a un proyecto del Ministerio del Interior. No guardo rencor a pesar del daño que me hicieron. Y que se levante una niña y te pregunte si te puede abrazar, te llena. Han sido años duros, pero, en todo este tiempo, lo que más me ha ayudado es ayudar».

Invadida por la emoción, Lourdes Rodao, viuda del brigada Luis Conde de la Cruz, asesinado por ETA en Santoña el 22 de septiembre de 2008, ha asistido este viernes al homenaje que la Academia de Artillería ha rendido a los caídos por España y en especial, con motivo del décimo aniversario de su muerte, a Conde de la Cruz. Rodao ha recordado a su marido como un hombre comprometido con la paz: «De él guardo muchos recuerdos porque estuvimos juntos veintiséis años. Pero lo recuerdo como un firme defensor de la paz. La preocupaba la cuestión de ETA, curiosamente, y su principal obsesión era la formación y el futuro de nuestro hijo, Iván, que también es militar. Estoy haciendo cosas que a él le gustaría que hiciera, por ejemplo, las charlas que doy en los colegios. Se trata de contar a niños de entre 14 y 15 años lo que he sentido después, las cosas que he hecho, y me encanta. Está siendo muy importante».

La viuda de Conde de la Cruz desvela que no han sido años fáciles para ella: «Estuve cinco años con depresión, pero la vida sigue y hay que hacer cosas, hay que ayudar. Los dos primeros años son los peores. Luego, el tiempo te va acostumbrando porque no tienes más remedio que seguir adelante».

Lusi Conde de la Cruz tenía 46 años cuando un bomba que ETA colocó en la residencia militar de Santoña (Cantabria) le segó la vida. Su esposa estaba con él en ese fatídico momento, pues se encontraban en la localidad cántabra disfrutando de unos días de descanso.

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