La despoblación borra 22 concejales de los ayuntamientos en cuatro años y 66 desde 2011

Urna con papeletas depositadas durante la votación en una anterior jornada electoral en la capital segoviana. /Antonio de Torre
Urna con papeletas depositadas durante la votación en una anterior jornada electoral en la capital segoviana. / Antonio de Torre

Quince municipios de Segovia reducirán la representación política en sus corporaciones tras las elecciones del 26 de mayo

César Blanco Elipe
CÉSAR BLANCO ELIPESegovia

El medio rural se vacía y los ayuntamientos pierden representatividad. Es el efecto dominó. Las fichas caen impulsadas por el éxodo de los pueblos y una mortalidad superior a la natalidad. La provincia no consigue apretar el torniquete y frenar la sangría demográfica. Una de las piezas que se tambalea hasta rendirse es la de la composición de las corporaciones locales. La cita electoral del 26 de mayo para designar a los alcaldes y concejales que gestionarán los consistorios durante el siguiente mandato asoma en el horizonte de comicios con menos representantes municipales a elegir. En concreto, y entre las pocas entidades que suman y las bastante más que restan, en el conjunto territorial de la provincia habrá veintidós ediles menos el próximo cuatrienio en comparación con los escaños que salieron de las últimas elecciones municipales de 2015.

Quince localidades ven cómo la despoblación le ha hincado el diente a sus corporaciones arrancándoles un par de sus concejales. El mal se ceba con los débiles, es decir, con pueblos pequeños en los que la pérdida de habitantes les ha hecho bajar un escalón en el criterio de asignaciones. Muchas de esas quince entidades locales se quedan en la configuración mínima de tres ediles, incluido el alcalde. Eso quiere decir que, por un mayor o menor margen, su censo de referencia para la convocatoria electoral ha bajado de los cien habitantes empadronados, lo que les recorta la representación municipal que hasta ahora era de cinco miembros.

Pinarnegrillo, al límite

En esta situación se encuentran Añe, Grajera, Donhierro, Valle de Tabladillo, Cedillo de la Torre, Fuentepiñel, Maderuelo, Santiuste de Pedraza y Pinarnegrillo. Éste último se ha quedado a una sola persona empadronada de mantener los cinco concejales, ya que a 1 de enero de 2018 tenía cien residentes. Insuficientes, en cualquier caso.

«Cambia el panorama porque ahora estamos más en el foco»

Para el regidor de Trescasas, Borja Lavandera, el hecho de incorporar más vecinos al padrón y de, por ende, rebasar el listón de los mil para sumar dos concejales más a la corporación saliente de las elecciones de mayo supone «un cambio de panorama». Es consiente de que la localidad, en el alfoz de la capital, es uno de los polos residenciales que atrae a familias jóvenes. «Ahora estamos más en el foco de atención», asume el alcalde. Tener un ayuntamiento con más concejales entraña más ventajas que desventajas, concluye. «Que haya más gente implicada en bueno para el futuro de Trescasas». Por otra parte, el padrón creciente «va a permitir también que recibamos más ingresos del Estado y poder entrar en líneas de subvención para municipios de más de mil habitantes», cita Lavandera.

La alcaldesa de Grajera, Alba del Barrio, da algunas de las claves que dictarán la gestión municipal con menos ediles. Y el tamaño de las corporaciones importa, a su juicio, aunque no sea determinante. «Cuanto más gente seamos, mejor; siempre es mejor un equipo más grande porque lo que no se le ocurre a uno se le puede ocurrir a otro», hace ver la regidora para mostrar que la suma de fuerzas beneficia al pueblo.

La lista de localidades a las que la despoblación que ven cómo va a mermar su corporación, pasando de siete a cinco integrantes son: San Martín y Mudrián, Veganzones, Valseca y Fuentesaúco de Fuentidueña. La reducción de estas corporaciones municipales es el resultado del descenso de sus padrones por debajo de los 251 vecinos. La nómina de consistorios cuyas poblaciones tendrán menos escaños que elegir en los comicios del 26 de mayo la completa Turégano, donde la tijera demográfica ha cortado el censo por debajo de los mil habitantes, lo que le confiere siete concejales en vez de los nueve que hay en la actualidad. Y en la misma situación está Santa María la Real de Nieva, que se queda a dos empadronados de salvar los nueve ediles del mandato que ahora acaba, ya que al inicio de 2018 contaba con 999 residentes.

«Los ingresos del Estado compensarán lo que no venga de la Diputación»

«Para un pueblo pequeño es beneficioso contar con más gente para colaborar con el Ayuntamiento; pero sin embargo, es difícil encontrar nombres para formar las candidaturas a las elecciones». Son las dos caras de la misma moneda, la del incremento demográfico que ha experimentado Urueñas, que en el próximo mandato corporativo tendrá dos ediles más. Su alcalde, Javier Carpio, está convencido que «lo que ingresemos del Estado a mayores compensará el descenso de las ayudas directas de la Diputación». El regidor de Urueñas explica la razón del aumento de población. «Se han empadronado voluntariamente los ancianos que viven en la residencia y que cumplen con el requisito de llevar seis meses». Ese centro sin ánimo de lucro del que el Ayuntamiento posee el 51%

Como en toda regla, hay excepciones. La norma dictada por el vaciado que sufre el medio rural de la provincia se topa con cuatro salvedades de aumento de población que, además, van acompañadas por un incremento de la representación política en sus corporaciones. El caso más llamativo de este cuarteto es el de Palazuelos de Eresma, donde el abanico multicolor que ocupa ahora los escaños puede verse todavía más enrevesado con dos concejales más, que son los que suma gracias a haber superado con holgura los 5.000 vecinos empadronados . A fecha de 1 de enero de 2018, que es la que toma como referencia el Instituto Nacional de Estadística (INE) a partir de la convocatoria electoral, la localidad tenía 5.308 residentes. De esta manera, se une selecto y exiguo club de los ayuntamientos con trece ediles en sus cámaras. En él, además del de la capital, figuran los consistorios de Cuéllar, El Espinar y Real Sitio de San Ildefonso.

Ventajas fiscales

El alcalde de Palazuelos de Eresma, Jesús Nieto, piensa que la afluencia de nuevos residentes está en buena parte propiciada por una fiscalidad más suave que en la capital o en el cercano municipio del Real Sitio. El regidor cita, como ejemplos, un Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) «bastante más bajo», o uno de vehículos «hasta un 50% inferior al de la capital».

Otro municipio del alfoz, Trescasas, también tendrá dos concejales más en el próximo cuatrienio. Las personas que acudan a votar en mayo elegirán a nueve representantes, dos más que los que integran la actual corporación que preside Borja Lavandera. Al igual que otros municipios que han resistido y vencido a la despoblación, el alcalde no ignora una de las pocas cruces de la moneda, al menos en lo que respecta a los meses previos a las urnas. Ganar vecinos y, por tanto, aumentar la representación en el Ayuntamiento «complica a todos los partidos la confección de las candidaturas porque tienes que convencer a más gente», explica el regidor. El padrón de Trescasas ha rebasado el umbral de los mil habitantes.

«Gobernar un pueblo más grande te hace ver la despoblación más lejos»

Grajera es una de las quince localidades que verá mermada la composición de su corporación local. La actual alcaldesa, Alba del Barrio, lamenta que el dato de referencia usado por el INE haya propiciado el recorte de concejales. «En los últimos cuatro años hemos tenido altibajos, con épocas de 242 habitantes y otras de 257; incluso hemos tenido años con un padrón más bajo». A fecha de 1 de enero de 2018, Grajera contaba con 223 vecinos, por debajo de la barrera de los 250 que marca la resta de ediles. «Vamos a sufrir una disminución de los ingresos del Estado», apunta Del Barrio. «Son más ventajas que desventajas las que tiene gobernar un pueblo más grande porque te hace ver la despoblación más lejos». «Grajera es un pueblo vivo y activo, con una edad media de edad de 40 años», añade.

Esa reflexión sobre las dificultades para llenar de nombres la aspiración electoral también la hace el regidor de Urueñas, otra de las excepciones. Javier Carpio admite que los grupos que quieran concurrir a las elecciones «se las verán y desearán para sacar cinco nombres» que quieran apuntarse a la lista. En su caso, todavía peor que en Trescasas, ya que el granero es más pequeño. La localidad, gracias a los 107 habitantes registrados por el INE, sube un peldaño en el escalafón y pasará de tres a cinco ediles. Encinillas cierra la diminuta lista de las poblaciones cuyo crecimiento demográfico repercute en la configuración política municipal que saldrá de las urnas en mayo. En este caso, el aumento ha elevado el padrón por encima del listón de los 250 vecinos, por lo que el electorado elegirá siete concejales y no cinco, que son los que han trabajado por la localidad en los últimos cuatro años.

Así pues, los segovianos y las personas censadas en la provincia con derecho a voto elegirán un total de 1.122 concejales en los 209 municipios y las 17 entidades locales menores. La mella de la despoblación se hace mayor cuando el espejo de comparación refleja las elecciones municipales de 2011. En estos ocho años, en dos mandatos corporativos, los intentos de atajar la dispersión y el aislamiento crecientes de los residentes en el medio rural han sido infructuosos e ineficaces. Desde aquella cita de 2011, los ayuntamientos han perdido 66 concejales.

Además, en los comicios autonómicos que también citarán a los ciudadanos con las urnas el 26 de mayo, los electores designarán a un procurador menos. El adelgazamiento del padrón conjunto de la provincia hace que en la próxima legislatura de las Cortes de Castilla y León se sienten en los escaños del parlamento regional seis representantes de Segovia en vez de los siete que hasta ahora han defendido los intereses con más o menos éxito los intereses de Segovia en la comunidad. La clave es que ese padrón total ha bajado en los últimos años de los 158.000 habitantes, lo que en el reparto por circunscripciones se traduce en la resta de un procurador autonómico. Este menor peso de Segovia en el parlamento regional es otra ficha del dominó que cae empujada por la despoblación.

4.451 electores perdidos

En este tablero del juego electoral se observa otra repercusión más de la pérdida de vida que padece el medio rural. Se trata de la proliferación de los llamados concejos abiertos. Esta fórmula se articula en localidades donde la cifra del padrón no alcanza los cien residentes. En la provincia habría hasta 76 pueblos susceptibles de adoptar este régimen de gobierno local consistente en la elección de un alcalde y en una asamblea vecinal compuesta por los electores de la entidad, que no son necesariamente todos los vecinos.

Según publicaba esta semana el Boletín Oficial de la Provincia, la sangría demográfica que ha empequeñecido muchos padrones ha derivado en que seis núcleos hayan optado por esta opción de cara a las elecciones municipales. Son Navares de las Cuevas, Navares de Ayuso, Tolocirio, Arahuetes, Alconada de Maderuelo y Cilleruelo de San Mamés, con 53, 25, 50, 32, 27 y 35 habitantes, respectivamente.

Pero antes de votar a los representantes autonómicos y municipales, el 28 de abril aguardan las urnas de las que saldrá el próximo gobierno de España. El electorado de la provincia llamado a esta cita lo conforman 119.610 personas. La despoblación, una vez más, hunde las cifras. Son 4.451 votantes potenciales menos que hace once años. Las piezas caen una tras otra, elecciones tras elecciones. Desde 2008, los comicios generales celebrados en 2011, 2015 y 2016 han reflejado la sangría de población y, por lo tanto, de electores. Si se toman como referencia las últimas elecciones de hace tres años, hay 1.213 segovianos menos llamados a votar.