Cuatro colegios de la provincia cuentan con menos de siete alumnos

Los cuatro alumnos del colegio de Pedraza, durante clase de Educación Física./Antonio Tanarro
Los cuatro alumnos del colegio de Pedraza, durante clase de Educación Física. / Antonio Tanarro

Las aulas de Pedraza y de Cerezo de Abajo, con cuatro escolares, son las más pequeñas

CLAUDIA CARRASCALSegovia

Solo son necesarios cuatro pupitres, no tienen que hacer filas para entrar en clase o para salir al recreo, tampoco toca la campana y, además de Matemáticas, Lengua o Ciencias Naturales, aprenden empatía y colaboración. Es el modelo que prima en las escuelas rurales de la provincia y en concreto en el aula de Pedraza, dependiente del Centro de Educación Obligatoria (CEO) La Sierra, ubicado Prádena. En la provincia solo hay dos colegios con cuatro alumnos: el de Pedraza, que pertenece al CEO La Sierra, y el de Cerezo de Abajo, del CRA de Riaza; a este mismo centro rural agrupado pertenece el colegio de la localidad de Villarejo, que tiene solo seis alumnos, y en el de Vegas de Matute, del CRA El Encinar de la Losa, hay este curso cinco colegiales.

Rayan, Abi, María Eugenia y Rania son los cuatro únicos alumnos con del colegio de Pedraza. La despoblación de la zona y el carácter eminentemente turístico de la villa que, sin embargo, ofrece escasas oportunidades laborales, han provocado la fuga de la mayor parte de la población joven. Una situación repetida los últimos años en el medio rural de la provincia, de la comunidad y, en general, de todo el país.

En Pedraza hace poco más de seis años había más de una veintena de alumnos y dos aulas, una de Infantil y otra de Primaria. Ahora los cuatro aprenden juntos, con independencia de su edad, aunque Conchi, su tutora, tiene cierta ventaja, ya que tres son de cuarto de Primaria; tan solo Rania, la más pequeña, está en segundo de Infantil.

Este es el año que menos alumnos tiene el centro. En el curso 2016-2017 y en 2017-2018 eran cinco. Tres han concluido los estudios de Primaria en los dos últimos años y han pasado al instituto, una oferta académica de la que solo disponen municipios próximos con mayor población y más alumnos, como Prádena, Cantalejo o La Granja.

Los libros de texto que emplean son los mismos que en cualquier otro centro. También la programación académica que marca los contenidos esenciales en cada curso y por la que se guían sus profesores, una tutora y cuatro especialistas para Educación Física, Inglés, Religión y Música. Y los escolares pueden presumir de tener una dedicatoria personalizada para ellos de Samantha Vallejo-Nájera, la jurado de 'Master Chef' tan ligada al pueblo.

Aprender en el entorno

El escaso número de alumnos permite desarrollar una enseñanza mucho más personalizada, acorde a las necesidades de cada niño y se centra en potenciar sus fortalezas y trabajar sus debilidades. Además, hace que los horarios sean más flexibles y que los temas se expliquen de una forma mucho más dinámica y menos rigurosa que en un colegio tradicional, con entre 20 y 30 alumnos en clase

Una de las principales ventajas de este modelo es que el aula no es el único espacio en el que aprenden. Si toca estudiar la flora y la fauna aprovechan el entorno natural de Pedraza para ver, tocar y analizar las hojas y las raíces de las plantas o para observar el vuelo de las aves. El día que toca aprender las peculiaridades de los diferentes oficios, nada mejor que visitar la panadería, el bar del pueblo, la carnicería o la tienda de artesanías para entrevistar a quienes llevan años ejerciendo. Los recursos patrimoniales y la historia también resultan más fáciles de aprender con una visita al castillo de la villa, que data del siglo XIII y cuya torre fue construida en el XV, un enclave monumental que, además, alberga el museo del pintor Ignacio Zuloaga.

A través de un paseo por la emblemática Plaza Mayor de Pedraza es posible estudiar la arquitectura antigua, así como los arcos y las columnas que la decoran y que también forman parte de esta materia. Conocimientos que pueden adquirir tan solo observando su entorno y escuchando las explicaciones, pero sin necesidad de salir del pueblo, ni siquiera de atravesar la peculiar muralla, de una sola puerta de acceso.

Los deberes tampoco son lo más importante. De hecho, solo tienen que hacer alguna actividad puntual cuando su profesora considera indispensable reforzar contenidos para evitar que se olviden de ellos. Por eso, por norma los ejercicios se hacen en clase, ya que, a su juicio, «las cinco horas diarias son suficientes para trabajar todo lo necesario».

Inteligencia emocional

Para Conchi esta era una experiencia desconocida hasta hace seis años, cuando comenzó a impartir clase en esta atípica aula. Asegura que es una vivencia muy enriquecedora, que le está aportando mucho a nivel personal y profesional, sin embargo, reconoce que, en muchas ocasiones, tener pocos alumnos supone una carga de trabajo adicional y requiere una capacidad de inventiva constante. Para obtener el máximo beneficio es necesario tener la mente abierta y absorber todo lo que aporta un centro de estas características.

Advierte, por otra parte, de que existen muchos prejuicios erróneos sobre la educación en el medio rural. Uno de ellos, es la falsa creencia de que la calidad es inferior a la de los colegios urbanos. Los docentes tienen la misma formación y la programación didáctica es exactamente igual, pero con el beneficio de que las clases son más personalizadas y que «todos aprenden de todos, ya que son como una familia».

Ejemplo de innovación

La jefa de estudios y docente de Pedagogía Terapéutica (PT), Belén Berrocal, confirma la calidad y la eficacia de este modelo de grupos mixtos y reducidos. A su juicio, la innovación de la enseñanza tradicional pasa, precisamente, por implantar este sistema en las aulas, ya que se ha comprobado que el trabajo internivelar tiene muy buenos resultados. En su opinión, «la educación no solo tiene cubrir los conocimientos, también las facetas más emocionales y sociales».

Todos los alumnos de estos centros pasan al instituto sin problemas y la experiencia demuestra que muchos han sido estudiantes brillantes también en la universidad, además, se diferencian de otros jóvenes porque este tipo de enseñanza les hace adquirir roles, ser más responsables de su aprendizaje y de su tiempo, pero también ser más flexibles, señala.

Tampoco es cierto que el material educativo disponible sea escaso y que las tecnologías brillen por su ausencia, más bien al contrario. En esta aula cuentan con decenas de cuentos y libros de lectura, juegos para diferentes edades, más de una veintena de balones, aros, cuerdas, muñecos y varios puzles. Además, en muchas ocasiones, el material se multiplica porque el cierre de algunas aulas en los municipios más pequeños provoca que todos los recursos se trasladen a los centros cercanos.

En este caso, también está equipada con pizarra electrónica, un proyector y varios ordenadores que, aunque no son de última generación es un número suficiente como para que todos los alumnos de la cla

La metodología es sencilla la docente escoge una temática y plantea diferentes ejercicios para los alumnos en función del curso. No obstante, lo más enriquecedor es el constante debate que se genera. «Todos intervienen, hablan y se cuestionan todo. Siempre están cavilando», explica. Esto también provoca que los mayores adquieran la capacidad de comprender y de explicar con sus palabras los temas y ejercicios para que los entiendan los más pequeños, mientras que estos aprenden de forma más rápida contenidos superiores a los que les corresponden.

Para ellos es una experiencia más divertida y efectiva que aprender en un aula con más de una veintena de compañeros y les sirve para desarrollar habilidades no solo académicas, sino también personales como la cooperación y la empatía. Además, la cercanía entre profesores, familias y alumnos permite trabajar los estados de ánimo y los sentimientos. En un ambiente así «todo es transparente». Tanto que la inteligencia emocional es una asignatura más.

 

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