El campus María Zambrano aprovechará la rebaja de las tasas para captar alumnos en Madrid

Bloques de madera a ambos lados del interior a partir de los cuales se pueden observar las distintas alturas del nuevo edificio del campus María Zambrano de Segovia. /Antonio de Torre
Bloques de madera a ambos lados del interior a partir de los cuales se pueden observar las distintas alturas del nuevo edificio del campus María Zambrano de Segovia. / Antonio de Torre

La UVA ha fijado el 15 de marzo como la fecha para que la empresa entregue las obras de la segunda fase del complejo María Zambrano

César Blanco Elipe
CÉSAR BLANCO ELIPESegovia

Puede de parecer osado; pero el campus de la Universidad de Valladolid (UVA) en Segovia cuenta en su haber el estar curtido en mil y una batallas. La construcción de su edificio, la nave estandarte de la institución, es una de las lides en las que sigue enfrascado a pesar de las penurias y obstáculos. Con ese bagaje peleón y una andadura forjada por los sacrificios y esfuerzos realizados a lo largo de más de veinte años, la comunidad del María Zambrano pasa al contraataque. Pionero y vanguardista gracias a algunas avanzadillas académicas e investigadoras, sobre todo en su punta de lanza que es la Facultad de Ciencias Sociales, Jurídicas y de la Comunicación, el campus de la UVA quiere ser un imán para las provincias vecinas de la comunidad autónoma, pero sobre todo para los jóvenes madrileños.

La finalización de la segunda fase del complejo universitario, un contexto más favorable para el aprendizaje, el equilibrio entre juventud y experiencia en el profesorado, la propia oferta de estudios o la consabida cercanía geográfica y un emplazamiento geográfico privilegiado y potenciado por las comunicaciones terrestres y ferroviarias no serán la única bondades sobre las que arma su ambición. Cuenta también con otra baza en la que el vicerrector segoviano, Agustín García Matilla, deposita una buena dosis de confianza.

Se trata de la bajada del 20% en el precio de las tasas universitarias –anunciada recientemente por la Junta en las entidades públicas para el curso que viene–. El coste de un curso entero oscilará en el ejercicio 2019-2020 entre 1.260,6 euros en la Escuela de Ingeniería Informática y los 776,4 en los grados de Derecho, Publicidad y Relaciones Públicas o Turismo. Este reclamo redondea las virtudes que enumera con orgullo el vicerrector y anima al campus María Zambrano a impulsar la captación de alumnos fundamentalmente en los 'caladeros' de la Comunidad madrileña y de Castilla y León, pero también en otras provincias de España.

Frente a renombres saturados

«Estamos lanzados a mostrar esas virtudes y a poner en valor el que seamos una comunidad académica cercana y muy dedicada a nuestro alumnado», avanza el vicerrector. «La oferta de títulos del campus es una oferta de calidad, con grupos reducidos, con desdobles en aquellas titulaciones con mayor número de estudiantes que permiten una dedicación del profesorado mucho más personalizada que en universidades que a lo mejor tienen más nombre pero que se hallan muy masificadas», presume el catedrático.

Las inminentes y ampliadas instalaciones de las que dispondrá el campus María Zambrano cuando culmine por fin la segunda fase de su construcción invitan a creer en que existe ese margen de crecimiento por el que apuesta de manera decidida García Matilla, quien califica el nuevo complejo universitario como «el más moderno de España».

El pastel de la enseñanza superior que brinda la sede segoviana no tiene una sola guinda, sino varias. El propio responsable añade a la lista de ventajas estratégicas con respecto a otros centros la disponibilidad de «un profesorado competente y cercano, y una oferta de actividades que actualizan permanentemente sus conocimientos y les dan oportunidades de activa participación en el desarrollo de su propia formación». Para el responsable del campus, «son señas de identidad muy significativas».

A día de hoy, la Universidad de Valladolid en Segovia cuenta con 2.273 estudiantes matriculados en los diferentes cursos de la enseñanza formal reglada que dota de contenido y sentido a la oferta de estudios superiores que se imparten en los tres centros del María Zambrano: las Facultades de Educación y de Ciencias Sociales, Jurídicas y de la Comunicación, además de la Escuela de Ingeniería Informática. Hay que añadir la actividad que genera la institución a través de la Universidad de la Experiencia, en la que participan 346 alumnos. Asimismo, en lo que respecta a la enseñanza de postgrado, en los másters hay 31 matriculados. Así pues, el campus lo habitan más de 2.600 estudiantes, sin contar profesorado y trabajadores del Personal de Servicios y de Administración.

La mudanza de los docentes

García Matilla verá pronto ganada una de esas batallas que ha librado la UVA en Segovia y que ha tenido cuatro 'generales' antes que él. Todo empezó con el añorado Santiago Hidalgo; continuaron su empeño Jesús Nieto, José Vicente Álvarez y Juan José Garcillán, que precedieron al actual vicerrector para despejar el camino de espinas de levantar el edificio que unificara y potenciara el papel de la UVA en el marco académico y social de la ciudad. Tras cerca de tres años de trabajos para construir la segunda fase, hay un nuevo calendario que, esta vez sí, los responsables confían en que se cumpla después de los sucesivos retrasos.

Si no era la falta de financiación, era la sobredimensión de un proyecto faraónico en unos tiempos que imponían apretarse el cinturón; y si no, el hallazgo de un vestigio arqueológico o si no las dificultades planteadas a las excavaciones por un terreno hostil. Esa cronología, que en la UVA esperan que sea la definitiva, empieza a correr el 15 de marzo. Ese día, la institución quiere que la empresa constructora entregue las obras de ampliación terminadas.

Luego –como apunta Agustín García Matilla– habrá que revisar las instalaciones y ver el mantenimiento del edificio, así como la parte del equipamiento y las conexiones informáticas. La siguiente parada en el calendario programado es el verano. Los profesores aprovecharán las vacaciones para mudarse a los nuevos despachos. Y ya en otoño, con el nuevo curso académico, la anhelada inauguración, desgrana el vicerrector, quien advierte de que, a pesar de todo, «el ciclo no quedará cerrado».

Sin canchas ni residencia

El pasado mes de diciembre, el rector de la UVA, Antonio Largo, avisaba del problema de sufragar el elevado coste del equipamiento. Una vez más, el dinero se cruza en el desarrollo del campus. O mejor dicho, la falta de una partida presupuestaria para financiar los cerca de dos millones de euros en los que el responsable universitario valoró en vísperas de la Navidad el coste de vestir el interior del edificio, los despachos para los docentes, los laboratorios, el salón de grados o el auditorio con capacidad para 380 butacas del que hará uso la sociedad segoviana y no solo la familia universitaria.

Antonio Largo también anticipó hace algo más de dos meses que la inversión necesaria se iba a ejecutar «con las prioridades adecuadas», las cuales cifró en aproximadamente 1,5 millones de euros. A día de hoy, el vicerrector piensa que incluso se puede rebajar algo ese coste y restringir el gasto para dejarlo en torno a los 800.000 euros.

García Matilla espera dejar atrás pronto las vicisitudes. «Han pasado esos más de veinte años y ya vemos cerca la finalización de un campus que debería verse completado con las instalaciones deportivas que se requieren», apostilla el beligerante vicerrector segoviano. La ubicación inicialmente prevista para ese espacio dedicado a la práctica deportiva es el terreno que quedará libre en la parte trasera del edificio una vez esté culminada la segunda fase y se retiren las casetas de obra, escombros y el material de construcción. Es una vieja reivindicación que «está parada» a la espera de avances en las negociaciones con el Ayuntamiento de la ciudad. Lo mismo que ocurre con la demanda de abrir una residencia de estudiantes.