Beira, el SOS de una ciudad fantasma

Jesús Torres, con un grupo de niños en una clase. /El Norte
Jesús Torres, con un grupo de niños en una clase. / El Norte

El sacerdote segoviano Jesús Torres recauda fondos para las víctimas del ciclón Idai en Mozambique

LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

El término mozambiqueño 'kupfunana' –ayudarse unos a otros– se escucha estos días por Segovia. «Nosotros necesitamos que ellos nos enseñen a vivir la vida de otra manera y les vamos ayudando como podemos». Así lo resume Jesús Torres, un sacerdote que estuvo viviendo 27 años en el país africano y que busca cualquier ayuda para paliar las consecuencias de ciclón Idai, que podría haber causado decenas de miles de muertos. El párroco sabría recorrer a ciegas por la noche Beira, la segunda ciudad más importante de Mozambique, que ha sido destruida en un 90%, unas estimaciones que le confirman de primera mano. «Ha sido catastrófico. A efectos prácticos, ha sido borrada del mapa. En estos momentos es una ciudad fantasma».En su memoria quedan dos postales que ilustran la pérdida. Una vitalista, el barrio de Munhava. Unos 100.000 habitantes viviendo en cinco kilómetros cuadrados, con casas de lata y chozas. «Es la fotografía humana de la supervivencia. Y cuando alguien se va te dice, como Munhava, nada. Llena de miseria, pero llena de vida». Otra turística, la playa extraordinaria de Estoril y el barrio aledaño de Palmeiras, volado por los aires.

El cura segoviano, de 73 años, consiguió hablar el jueves con el obispo de Beira. El diagnóstico es una zona inmensa inundada con un grave riesgo de epidemias. La situación, sin luz y agua, es caótica. La población, que sigue aislada una semana después, aún necesita ser rescatada. «Es la pura emergencia. Cuando me llamó, le daba pánico pensar en la reconstrucción». El centro, con edificios de ladrillo, se mantiene pero todos los tejados han sido arrasados y no son zonas habitables. Los barrios, con cabañas más rudimentarias, han sido liquidados por el ciclón, que llegó el jueves pasado. La población está recuperando los cadáveres de sus allegados, pero no puede enterrarlos en una superficie anegada. «Están buscando lugares secos para almacenarlos. Hay una zona completamente inundada por un río que desemboca en Beira». El jueves salió de Maputo, la capital, un barco con alimentos que puede tardar dos o tres días. El aeropuerto, que estuvo varios días cerrado, ya ha reabierto. Hay una sola carretera que une Beira con el resto del país y está cortada. «La ciudad está aislada por tierra, solo se puede acceder por mar y aire».

Aunque Torre trabaja ahora en Segovia –Aguilafuente, Aldeareal o Sauquillo de Cabezas–, colabora con varios proyectos en el país africano, que visita anualmente. Este cura segoviano trabajaba en El Espinar o La Albuera cuando en 1985 hizo las maletas al sureste africano. Se dedicó fundamentalmente a la enseñanza y dirigió un seminario. Aquel continente siempre le llamó la atención y allí tenía amigos, a los que pudo unirse. «Era mi sitio. África es diferente, una experiencia genial. Es otro mundo, otra filosofía, otra manera de entender la vida. Hace falta haber estado allí para entender todo esto»

Estuvo 22 años en Beira, con una población de unos 435.000 habitantes. Se encontró un país en la crudeza de una guerra civil por los rescoldos de la independencia de 1975 frente a Portugal, la potencia colonial. Entonces era el tercer país más pobre del mundo, ahora se mueve entre los diez con más dificultades. «Es un país muy bonito y la gente es muy pacífica, acogedora y dialogante. Su progreso es muy difícil porque está lleno de corrupción. Los países europeos compran a los dirigentes y el pueblo está en la miseria más absoluta. Pero esta catástrofe tampoco será capaz de quitarles su alegría por la vida».

El 80% de su superficie es agrícola, pero el Gobierno no potencia ese desarrollo, así que el grueso de la población vive con una economía de subsistencia. El país era un gran productor de algodón o té y hay indicios de petróleo o gas en el norte. «Nos dicen que no les preguntemos cómo viven porque aquello es todo economía sumergida. Cada uno hace lo que puede, compra en mercadillos o sobrevive con cultivos rudimentarios. Las cifras macroeconómicas dicen que el país mejora, pero la gente con la que convivo sigue en la misma miseria», explica el sacerdote, que visitó hace tan solo un mes la zona. «Me encantó, estaba todo muy bien y había mucha sintonía y dinamismo».

Jesús, todo un embajador de Mozambique, ha ido añadiendo fieles a su causa y cuenta con un millar de personas conectadas a través de Facebook o mensajes de Whastapp sus proyectos para rehabilitar escuelas, la sanidad o el mundo rural. Están recogiendo donaciones económicas –en especie es más complicado por el coste del transporte a Mozambique– y han recaudado más de 10.000 euros en dos días. «Esa conciencia común es importante. África también es nuestra».

Las cuentas para donaciones son: ES4220387622593000021443 (Bankia, Cantimpalos, a nombre del sacerdote Jesús Torres Bravo); ES8720387670233000150559 (Bankia, El Espinar, al mismo nombre); ES2500492674502614341153 (Instituto Español de Misiones Extranjeras, Banco Santander) y ES2221002206490100150657 (Instituto Español de Misiones Extranjeras, La Caixa).