Los senderos de arte de la Sierra de Francia conquistan a los caminantes

La ruta ‘Asentadero-Bosque de los Espejos’ está considerada una de las 10 mejores de España./
La ruta ‘Asentadero-Bosque de los Espejos’ está considerada una de las 10 mejores de España.

REDACCIÓN / WORDsalamanca

En plena Sierra de Francia discurre una de las rutas con más encanto que uno se puede encontrar en España según el blog Viajeros 3.0, que hace escasamente unos días nombraba al sendero Asentadero-Bosque de los Espejos como una de las mejores para disfrutar de la naturaleza y el paisaje sin grandes esfuerzos físicos. En concreto, la recomendación viene alentada no solamente por lo espectacular del bosque que la rodea, sino por las sorpresas que puede uno encontrarse a lo largo de los 9,2 kilómetros por los que discurre el camino.

Y es que, lo que diferencia a esta ruta de muchas otras no es solamente el paraje que la envuelve, son las esculturas con las que puede uno toparse, siete en total. Se trata, según la técnico de la Fundación del Patrimonio Natural de Castilla y León Las Batuecas-Sierra de Francia, de una invitación a mirar de otro modo, leer desde el arte el paisaje, sentirse mirado, atravesar el espejo o adivinar reflejos imposibles. Todo un reto que incita a concebir la naturaleza y a disfrutar de ella desde otra perspectiva.

El proyecto es relativamente nuevo y se enmarca dentro de los llamados Caminos de Arte en la Naturaleza, una propuesta de turismo activo puesta en marcha por la Diputación de Salamanca en el año 2010 con un gran éxito de visitantes. «Por el momento es la segunda que más paseantes recibe pero la afluencia está subiendo», declara la técnico.

Se trata de un camino circular que discurre entre los municipios de San Martín del Castañar, Sequeros y Las Casas del Conde y aunque se puede iniciar desde cualquiera de estos puntos se recomienda comenzar por el primero de los municipios. El tiempo estimado son tres horas. No obstante, el recorrido invita a pararse y a contemplar con detalle las esculturas envueltas con la naturaleza.

Artistas

La primera obra que da un alto en el camino es la Estructura Torre del Intercambio, de Jesús Palmero. Se trata, como su propio nombre indica, de una torre de planta cuadrada que refleja la luz que llega y sobre los estantes que sobresalen de la obra algunos caminantes depositan objetos que encuentran en el bosque. Alejada un poco del camino se vislumbra Del reflejo de las Palabras, unos árboles de los que nacen letras. Para ver la siguiente hay que esperar hasta llegar a Sequeros, municipio por el que se pasa de refilón.

Allí se encuentra La Casa del Árbol, un monumento que fue durante años un vertedero y que Luque López ha conseguido recuperar. En el siguiente tramo aparece la intervención artística que más adeptos tiene y que es fruto también del anterior artista: A Puntadas, una roca cosida con una desproporcionada aguja y que lanza un mensaje a todo aquel que discurre por el camino: hay que cuidar la naturaleza.

A continuación están Mochuelos, de Pablo Amargo y Efímeras Magenta, de José Antonio Juárez. Unas obras que disponen a lechuzas situadas entre rocas y peñascos e insectos de manufactura humana, respectivamente. El circuito lo cierra una puerta abierta al campo denominada Al otro lado. El simbolismo y la interpretación están a lo largo de todo el sendero.

Asentadero de los curas

El camino, no obstante, no es nuevo y las piezas que discurren por la naturaleza fueron dispuestas sobre un empedrado que los propios pobladores de los municipios construyeron para poder ir de un sitio a otro cuando no había ningún medio de transporte al uso. Era un camino llamado el Asentadero de los Curas, que debe su nombre a una gran roca entorno a la que los monjes de la zona se encontraban a media tarde para conversar sobre lo divino y lo humano.

Aún quedan restos de aquella época y varios artistas de la zona quisieron recuperarlo y otorgarle ese aire místico que ya tenía el lugar con esculturas. Y aunque debido al paso del tiempo y la acción humana muchas han ido desapareciendo, aún se pueden vislumbrar los restos de la magia de aquellos tiempos. Las ruinas de una vidriera recuerdan el lugar en el que se encontraba la ermita de Santa Lucia y que también guardan un grabado de un artista del lugar. Una ciudad tallada en una roca y una pluma situada entre los frondosos árboles del camino son otras de las piezas que aún se conservan.

Y todo esto rodeado de un bosque que da la bienvenida nada más poner un paso en él, con robles, castaños, olivos, madroños o narcisos asomando por doquier. Todo dispuesto, como en un cuento, para contar una historia, la historia de la naturaleza y del paso del tiempo.

 

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